Ernest Hemingway (1899-1961) le volvían loco el boxeo, la caza, la pesca y las corridas de toros. Participó en tres guerras distintas, de las que regresó como un héroe. Exploró el continente africano, donde participó en numerosos safaris. Dos veces en estos viajes tuvo accidentes aéreos. Y trató a las mujeres con la crueldad y violencia conocidas en la época, llegó a bofetearlas y como buen “macho brutal” las sometió. Se creó, en definitiva, un personaje a medida, con el que encarnó un paradigma de virilidad durante el siglo pasado. También en su obra dejó atrás el gusto por el lirismo, las metáforas y la adjetivación del modernismo literario. Prefirió adoptar un estilo más varonil, fundamentado en frases breves y contundentes como puñetazos. Esa fue su imagen pública hasta el final de sus días. La privada, sin embargo, era algo distinta. Lo dijo Zelda, la inestable pero lúcida esposa de Scott Fitzgerald, autor de El gran Gatsby: “Nadie puede ser tan varón”. Sin embargo, Hemingway trató de ser el gran varón.

Ernest Hemingway nació en Oak Park, Illinois, Estados Unidos (EU), el 21 de julio de 1899. Su padre, médico de profesión, era aficionado a la caza y la pesca, desde muy joven le inculcó a su hijo el gusto por esas disciplinas. Ernest era de espíritu rebelde, por lo que rápidamente se sintió identificado con este ejercicio. Era un amante de la libertad y desde muy joven lo hizo patente: nunca se adaptó a la disciplina escolar, pero siempre se mostró inclinado a la lectura. Molesto por un intento de su padre de limitar sus ideas, huyó de su casa a los 15 años, aunque regresó poco después para poder concluir sus estudios. En la escuela era conocido por sus compañeros como un excelente conversador, boxeador y futbolista dotado. Sus maestros lo reconocían como un muchacho proclive a los problemas, motivo por el cual, apenas tuvo oportunidad, abandonó los estudios para entrar como reportero al Kansas City Star.

Al iniciar la primera Guerra Mundial y antes de que Estados Unidos se integrara a la misma, Ernest se embarcó a Francia, donde se alistó como voluntario en el servicio de ambulancias. Fue herido en Italia al rescatar a un soldado en pleno frente, motivo por el que recibió las condecoraciones más importantes del gobierno italiano. Al regresar a EU su situación de testigo presencial del combate le ganó una posición privilegiada en el Toronto-Star, donde su nombre comenzó a ser reconocido en el círculo periodístico. Por ese entonces contrajo matrimonio con Hadley Richardson, quien lo acompañó a Europa cuando fue nombrado corresponsal.

En el viejo continente, Hemingway asombró a sus editores con la increíble calidad de sus trabajos; destaca una entrevista con el Duce, Benito Mussolini, razón por la que la empresa periodística Hearst lo envió como corresponsal de guerra a Grecia y Turquía. Después se estableció en París, donde entró en contacto con el grupo de intelectuales de la época. Ernest, aunque ya había sentido la inclinación por escribir en términos no periodísticos, encontró en este grupo el empuje definitivo para lanzarse a esa aventura. Su primer trabajo fueron algunos versos publicados en 1923 en la revista Poetry.

Ese mismo año, Hemingway encontró en la narrativa su auténtica vocación y publicó varias historias cortas en la revista Transition. Al año siguiente aparecieron sus dos primeros libros: En nuestro tiempo y Diez relatos. En 1926 publicó También el Sol sale, que le dio notoriedad, abriéndole las puertas para las que serían sus verdaderas obras maestras.

En estos primeros relatos su crudeza era aún más notoria, retratando con todo realismo episodios de su vida en Michigan y durante la guerra. Era ya notorio su estilo sencillo y directo, prescindiendo de cultismos o detalles exagerados.

En 1927, Ernest se divorció de Hadley Richardson –un año después contrajo matrimonio con Pauline Pfeiffer, redactora de modas de la revista Vogue– y regresó a EU, ya con la reputación de uno de los grandes escritores de la época y en 1928 publicó la primera de sus grandes obras: Adiós a las armas.

Tras esa publicación hubo un periodo de cuatro años de preparación que culminó con Muerte en la tarde, un cambio radical en su estilo: abandonó la narrativa imaginaria y comenzó a hablar en primera persona, se tornó mucho más analítico y reflexivo, pero sin perder el estilo directo que lo caracterizara desde siempre. Es lo que él mismo bautizó como hard boiled –a medio camino entre el reportaje y la novela– y que se convirtió en una auténtica escuela de la época.

Al estallar la guerra civil española, Hemingway fue corresponsal y al mismo tiempo que realizaba su trabajo periodístico se involucró enormemente en el conflicto. Durante este conoce a Martha Gellhorn, de quien se enamoró a tal grado que, para 1940, se divorció de Pauline para casarse con ella. A Martha dedicó Por quién doblan las campanas, una de las mejores obras del autor.

Posteriormente se retiró a Cuba, en donde vivió con Martha durante varios años y donde pasó la mayor parte del tiempo practicando pesca. Allí escribió varias historias, entre ellas la que se considera su obra maestra: El viejo y el mar. Solo abandonaba su hogar –“la Quinta Vigía”– para cumplir con sus trabajos de corresponsal del Collier’s y, en 1946, para divorciarse de Martha y casarse con Mary Welsh, una reportera del Times.

En 1953 se retiró a Sun Valley, Idaho, donde viviría los últimos años de su vida. En ese año, recibió el Premio Pulitzer por su trabajo periodístico y al año siguiente se hizo acreedor al Nobel de Literatura. Para enero de 1961 su precaria salud lo obligó a internarse en una clínica, donde su situación empeoró a tal grado que, como todo viril macho no aceptó su situación degenerativa y el 2 de julio de ese año se suicidó de un tiro en la cabeza.

Actualmente, como nunca antes en la historia de la humanidad, se cree que el machismo es un lastre que degenera a la sociedad y que ha sido la herencia de generaciones pasadas a la nuestra. Sin embargo, la misandria que se ha forjado en los últimos años cae justamente en un envilecimiento del propio ser humano que se convierte en un verdugo recalcitrante de su prójimo; lejos de encauzarlo, incluso entenderlo. Pero, el misandrismo es el resultado de la opresión del hombre contra la mujer, por lo menos así se cree en las esferas feministas recalcitrantes y justamente se crea una animadversión dirigida al hombre. Las feministas piensan que el agredir y estar en contra del hombre es la panacea al machismo. ¿Tú lo crees? Yo tampoco.

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Edad: Sin - cuenta. Estatura: Uno sesenta y pico. Sexo: A veces, intenso pero seguro. Profesión: Historiador, divulgador, escritor e investigador que se encontró con la historia o la historia se encontró con él. Egresado de la facultad de filosofía y letras de la UNAM, estudió historia eslava en la Universidad de San Petersburgo, Rusia. Autor del cuento "Juárez sin bronce" ganador a nivel nacional en el bicentenario del natalicio del prócer. A pesar de no ser políglota como Carlos V sabe ruso, francés, inglés y español.