En medio de la espiral de violencia que vive nuestro país, y de la cual no se salva nuestra entidad, son bienvenidas personas como Óscar Arias Sánchez, Premio Nobel de la Paz 1987, quien ayer visitó nuestro estado y nuestra Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo para ser distinguido con un doctorado honoris causa. El dos veces presidente de la República de Costa Rica (1986-1990 y 2006-2010) expresó, luego de ser condecorado por nuestra máxima casa de estudios, que no importan los retos que tenemos enfrente, aún se puede levantar la voz y denunciar, por ejemplo, los atropellos a la democracia y a los derechos humanos que hoy sufren los ciudadanos de Nicaragua y Venezuela, quienes padecen regímenes antidemocráticos y opresivos. Pero el mismo razonamiento de Arias puede adaptarse a la violencia generalizada que hoy azota prácticamente a todo nuestro país y frente a la cual los gobiernos simplemente no encuentran una respuesta para contrarrestarla. Quizá la respuesta a la pacificación no sea tan difícil, tal vez solo hay que comenzar el camino con un pacto, con una palabra, con el respeto y amor por el prójimo. Porque como dijo ayer el premio nobel en el añoso edificio de Abasolo: “Tengo la esperanza de que logremos ser pueblos valientes, pacíficos, respetuosos de las garantías individuales y libres una vez más. Tengo la esperanza de que hagamos cierto el anhelo del poeta precolombino que amaba más al hombre, su hermano, que a toda la creación y la eternidad”. De filón. Y en ese mismo sentido, es una buena noticia que haya comenzado la edición 31 de la Feria Universitaria del Libro, un oasis en medio de la pesadumbre que ahoga a nuestro país y entidad, donde campean los asesinatos, linchamientos y la descomposición social. Tomemos un momento para leer, para reflexionar y empezar un mejor camino.

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