En particular me referiré a los religiosos católicos; hombres que forman la alta jerarquía eclesiástica en nuestro país. Más específicamente al cardenal Norberto Rivera Carrera, o como le gusta que le llamen: arzobispo primado de México, precandidato a ocupar el trono de El Vaticano hace algunos años, cuando renunció el anterior papa Benedicto XVI, y presunto culpable de proteger, encubrir y solapar a un buen número de sacerdotes pederastas en nuestro país.
Hace algunas semanas Hugo Valdemar, vocero del Episcopado mexicano, se atrevió a declarar ante un reportero de la revista Proceso, el profundo malestar que les había provocado a todos esos personajes a los que me referí en el párrafo anterior, por el hecho de que Peña Nieto hubiese lanzado la iniciativa para aprobar el matrimonio de personas del mismo sexo y que además pudiesen tener el derecho de adoptar a menores.
En algunas declaraciones aisladas varios de estos personajes llegaron a afirmar que por ello habían iniciado una campaña contra el gobierno federal, cuyo primer resultado concreto fue la debacle electoral que sufrió el PRI en las elecciones del 5 de junio. Modestos los señores, se dijeron capaces de convencer a la mayoría de las personas de no votar por los candidatos del gobierno.
En los días presentes han continuado con la campaña, amenazando con realizar marchas multitudinarias que demanden echar atrás esos intentos de respeto a los derechos de homosexuales, mujeres y hombres, hasta lograr que las cosas continúen igual o tal vez peor que antes.
¿Cuáles son sus argumentos? Dios nos creó como hombres o mujeres para que al formar parejas con propósitos reproductivos, se unieran un solo hombre con una única mujer. Llegaron al extremo de dar cátedra de educación sexual, describiendo la imposibilidad de tener relaciones sexuales anales, pues ese conducto fue diseñado solo para expeler y jamás para recibir nada en sentido contrario. Brillante cátedra sin duda.
Tal vez sería conveniente preguntar a estos redentores de la humanidad descarriada y pervertida si la existencia de la homosexualidad es reciente, es voluntaria, existe celo entre los seres humanos, es un error de diseño de ese Dios perfecto y bondadoso en el que creen o ¿producto de qué es?, ¿de la modernidad?, ¿de la falta de valores?, ¿del triunfo del Diablo?
La muerte de Juan Gabriel les ha perturbado su campaña. ¿Cuándo se había visto en México un tributo popular y masivo, prácticamente unánime, a un personaje con las características típicas, descritas por el lenguaje machista, de lo que es un homosexual? Los resúmenes televisivos, de los diarios, de los programas de radio, en las redes sociales, han estado destacando las difíciles y continuas luchas que Juan Gabriel tuvo que enfrentar para llegar a ser un ídolo popular, que merece todo el respeto a su trabajo, a su enorme aportación cultural, a su muy grande filantropía, a su innumerable lista de amigas y amigos entrañables según su propio testimonio y del de los aludidos.
¿Es Juan Gabriel alguien que se merezca todo este reconocimiento y el montón de homenajes que continuarán por muchos años? Desde luego que sí.
Pero también se lo merecen miles o hasta millones de personas homosexuales que se ganan con su trabajo, con su honradez, con su afecto y amor por todos o muchos de quienes les rodean. Todos conocemos o hemos tenido trato con personas que abierta o calladamente viven con esa circunstancia genética, social y cultural que en un país como el nuestro muchas veces los condena al sufrimiento, la vejación, la burla, la agresión verbal y física o hasta el asesinato con la complicidad de la autoridad tanto política como eclesiástica.
Una sociedad inteligente e informada no puede caer presa de prejuicios y dogmas propios ya no del siglo pasado, sino del siglo XIX. La ciencia nos permite tener un criterio mucho mejor informado de lo que realmente ha ocurrido durante muchas décadas con este tipo de discriminaciones absurdas de un derecho que no puede ser conculcado por el simple hecho de ser una minoría. Está plenamente demostrado que una pareja heterosexual u homosexual cuya relación está basada en el respeto, el cariño y los valores fundamentales de convivencia de seres humanos, pueden educar con base en la verdad a niñas, niños y jóvenes perfectamente estables y maduros sin conflictos existenciales como los que argumentan los religiosos que aparecerían. Muchos grandes personajes de la humanidad, hombres y mujeres han sabido superar a una sociedad hostil y han dejado legados muy importantes, superando el hostigamiento y agresiones motivados por su preferencia sexual diferente al de la mayoría. Es tiempo de que los tiempos cambien en este sentido.
¿No merecen las personas homosexuales el que los demás aprendamos a respetar sus derechos?

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Integrante de la generación estudiantil 1968-1972 en el IPN. Formado en la izquierda crítica del trotskismo. Defensor de la interpretación científica del mundo, profesor de matemáticas y admirador del arte creado por la naturaleza.