En pocos meses el país vivirá el relevo presidencial; la administración de Enrique Peña Nieto deberá rendir cuentas de lo que prometió y fundamentalmente, lo que no cumplió. Las principales metas de esta administración fueron establecidas en el Plan Nacional de Desarrollo, de los compromisos ahí anunciados: México en paz, México próspero, México incluyente, México con educación de calidad y México con responsabilidad global; qué pasó con ellos, qué se cumplió, dónde estaba el país al arranque de esta administración y ahora dónde se encuentra. Empecemos por el principio, México en paz, octubre de 2017 fue el mes más violento desde 1998, (con mayor número de muertos por cada 100 mil habitantes). Al proyectar los datos se puede concluir que en esta administración la violencia criminal sumó el mayor número de muertos que las ocurridas desde 2000. La gobernabilidad quedó totalmente desbordada, el propósito de devolver la paz al país fue un absoluto fracaso.
México próspero, la prosperidad para lograrse debe apoyarse en dos ejes básicos: la estabilidad macroeconómica y el incremento sustancial en los niveles de ingreso y reducción de la pobreza. La primera parte de esa ecuación se cumplió, la estabilidad macró un objetivo fundamental, difícil de alcanzar, se logró; sin embargo, la pobreza se mantiene en los niveles porcentuales de 1982, una condición grave que en alguna medida explica la violencia criminal que vive la nación. El enorme reto que enfrenta México desde la década de 1980 es la superación de la pobreza. Hoy vivimos en un país fracturado, dividido a la mitad, con una clase media que puede seguir creciendo, pero también con un núcleo de pobreza que sobrevive, que reclama y pone en riesgo la estabilidad, la gobernabilidad y que nos amenaza con volver al México bronco.
En el México incluyente se ha avanzado a noveles no previstos pues, sin considerar la inclusión económica que se ha esbozado brevemente, los ciudadanos y el gobierno han hecho de la tolerancia, el respeto a las diferencias y a las minorías su causa, en este renglón gradualmente avanzamos hacia una sociedad que desmitifica clichés y desprejuiciada con creciente apertura, estos son los signos y los síntomas de un gobierno –sociedad madura en la que respetan y se respetan
México con calidad de educación, es esta, quizá, la variable que articula el desarrollo de un país, un claro ejemplo que confirma esa afirmación es la experiencia vivida por México-Corea, en 1982, el ingreso per cápita de nuestro país superaba al coreano en casi tres veces, para el 2000 se invierte la relación, dando como consecuencia que la nación asiática alcanzara casi el doble del ingreso mexicano, la razón: la educación; mientras que el corte educativo en México es apenas de 8.7 años, en Corea es de 17. Ese comportamiento permite afirmar que la educación es al desarrollo lo que la inflación es a la estabilidad macroeconómica. Sin embargo, aún es temprano para medir los resultados de la reforma educativa, que aunque corta, insuficiente y a pesar de ser una reforma más administrativa que académica, representa un primer paso hacia una transformación educativa, por lo que cancelarla sería un error muy grave.
México con responsabilidad global, era una propuesta que se nutría, en primer término del intercambio comercial, vía TLC con Estados Unidos, sin embargo, la historia, por todos conocida, ha puesto a México en una condición de fragilidad, al exhibir a la diplomacia de nuestro país como inhábil, medrosa, desconocedora, pero lo peor, temerosa y obsecuente con la administración de Donald Trump.
Este breve balance muestra los claroscuros de una agenda que ha logrado avances en algunas áreas, pero que sigue manteniendo importantes déficits sociales. El reto de los próximos años será hacer de la agenda social el centro de las acciones y decisiones de una política pública que siente las bases de una reforma educativa de fondo y de un desarrollo social que permita ir superando la pobreza.

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