No es que el crimen busque internarse en territorio hidalguense como reconoció el secretario de Gobierno Simón Vargas Aguilar, sino que desde 2006 la delincuencia organizada ya opera en 15 municipios de la entidad. El despliegue de fuerzas federales, compaginado con el programa recientemente lanzado para la entidad, es a todas luces una estrategia reactiva para tratar de sosegar el monstruo de mil cabezas que encontró en Hidalgo tierra fértil. La Procuraduría General de la República detectó operaciones del crimen organizado en 15 municipios en los últimos 10 años, con secuestros, producción de cocaína, trata de personas, robo de arte sacro, coacción de autoridades y sustracción de hidrocarburo. El periodista Víctor Valera realiza una entrega acerca de los hechos delictivos que marcaron la presencia del crimen desde hace más de una década, información oficial que contradice los discursos alegres que negaron el arraigo de la delincuencia. Varios grupos han intentado radicar en tierras hidalguenses. En abril de 2015 agentes de la Policía federal aprehendieron en Atotonilco el Grande a Nicolás Trujillo Urieta, identificado como uno de los líderes regionales de los Caballeros templarios en Michoacán y Guerrero, acusado de su probable responsabilidad en decenas de secuestros. En diciembre de 2013, labores de inteligencia de la PF llevaron a la captura de 16 Templarios, quienes realizaban secuestros, extorsión, homicidios y robos a transportistas y distribución de droga en Michoacán, Estado de México, Guanajuato y los municipios hidalguenses de Tepeji, Mixquiahuala, Tulancingo, Progreso, Ixmiquilpan y Tula. Por otro lado, entre 2007 y 2012, según datos de la Secretaría de Seguridad Pública estatal fueron asesinados por lo menos 13 policías estatales y 15 municipales. El entonces titular de esa dependencia Damián Canales Mena señaló como responsable de los ataques a los Zetas, “en un intento por intimidar a la autoridad”. De acuerdo con el exmando policiaco, entre el primero de abril de 2011 a julio de 2012, fueron detenidos 352 presuntos zetas, relacionados con homicidios, secuestros y extorsiones, principalmente en Tulancingo, Ciudad Sahagún y Pachuca. Si bien en los últimos años los ataques fueron mínimos, el último de impacto el 22 de enero de 2011, un coche bomba en Tula, causó la muerte del comandante Víctor Peña e hirió a tres policías, el ronroneo del crimen está al asecho de cualquier descuido de la autoridad. De filón. La principal estrategia de los tratantes de personas es el enamoramiento de sus víctimas, preocupantemente Pachuca destaca entre las ciudades consideradas de “paso en las redes de trata de personas”, según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.

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