– Yo le digo a mi pequeña que, si cometiera algún error (Dios no lo quiera), si saliera con su “domingo siete”, pues la vamos a apoyar. Porque no somos chapados a la antigua, entendemos que los jóvenes pueden cometer esos errores. Al final, pues se casan, los muchachos pueden casarse… Además, la familia de su novio la quiere mucho, son de España, son gente que pasa muchos meses allá y viven muy bien.

– ¿No sería mejor que platicaras con ella para que no “saliera con su domingo siete”? Es decir, no tiene por qué casarse, ni tener hijo, ni nada de eso, si no quiere.

– Mira, por más que les prohíbas, ellos encuentran la forma.

– Por eso, ¿no sería mejor que la educaras?
– Está muy educada, mi pequeña es una señorita de bien, de buena familia. Ha ido de vacaciones con el novio, bueno con el novio y toda su familia. Ella siempre me llama antes de dormir y hasta hablamos por video llamada, vemos su cuarto y está sola. Se despide cada noche, nos manda besos. En la mañana saludamos a su suegra, porque al final, le estamos confiando a esa señora y a esa familia, lo que más queremos, a nuestra pequeña, nuestro bien más querido.

– ¿Cuántos años tiene tu hija?

– Es chiquita, 30.

– ¿No crees que ya debería hacer su vida?

– Pues la está haciendo, se prepara. Ahora está ayudándole a su madre en el salón de belleza. Mi pequeña no corta el pelo ni nada de eso, ella está ahí para saludar a las clientas y que se sientan tranquilas, felices y seguras con una muchacha joven y bonita y muy arreglada. Porque, como le dice su mamá, si ella no se ve bonita, es como las señoras gordas que quieren vender productos para adelgazar, así no se puede, así no les crees. La mejor forma de vender es con el ejemplo.

– Hum.

– Claro, tú no entiendes eso, te casaste con una marimacha, que ni siquiera se pinta los labios. No te entiendo, hermano, de verdad, no te entiendo.

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