Ruth Ortiz

La semana pasada se examinó el vínculo comercial entre los dos gigantes de la economía mundial (Estados Unidos y China); en esta ocasión, el análisis es en torno al tema monetario y financiero, que para nada es ajeno al comercio exterior. En fechas recientes, la economía asiática ha hecho frente a la norteamericana, desafiando la hegemonía global del dólar estadunidense al comerciar materias primas con su moneda (sustancialmente petróleo).

En su momento, el dólar fue un factor que estimuló la supremacía de la economía estadunidense; actualmente, las estrategias de China encausadas a robustecer el yuan y limitar la subordinación monetaria respecto de Estados Unidos (EU) son clave de su posicionamiento global. Recientemente la política monetaria de China ha ganado autonomía en relación a la norteamericana, tanto que la dinámica de la tasa de interés de la economía china es independiente de la que maneja la reserva federal (Fed) y, en el primer trimestre de 2018, la Bolsa Internacional de Energía de Shanghái introdujo el “petroyuan” al mercado financiero, producto que radica en futuros contratos de petróleo en yuanes.

El reto de posicionar el yuan en el ámbito global inició formalmente en 2013 con la permisión por parte del Banco Popular de China (PBC, por sus siglas en inglés) para el establecimiento de bancos liquidadores en Asia, Europa y Oceanía; si bien aún la mayoría de las transacciones de los capitales de nacionalidad china se liquidan en dólares, en enero de 2018 el yuan logró su nivel más alto desde diciembre de 2015, en gran parte gracias a que un mes antes el Fondo Monetario Internacional (FMI) consideró al yuan como moneda de libre uso y la incluyó en la canasta de monedas que fijan el valor de los Derechos Especiales de Giro (DEG).

La aceptación del yuan como reserva internacional oficial se consolidó a principios de 2018, impulsada por los siguientes sucesos: su incorporación en la valoración de DEG, el uso del yuan en el comercio internacional de China y la emisión de “petroyuanes” convertibles a oro. La demanda de petróleo que realiza el país asiático crece a tasas superiores al resto del mundo, en 2017 se ubicó como el principal importador y consumidor de petróleo a nivel mundial, y para su comercialización, China ha dejado de demandar dólares debido a la existencia del “petroyuan”.

Como una de las medidas para respaldar el yuan y el “petroyuan”, el gobierno chino ha establecido un programa de adquisición masiva de oro; esta tendencia ha sido adoptada por Rusia, Kazajstán, Turquía y Bielorrusia principalmente, cuyas tenencias en bonos de deuda del tesoro de Estados Unidos las han trasladado a adquisiciones en oro, bajo el fundamento de desdolarizar sus economías, fortalecer sus monedas e impulsar proyectos multinacionales, entre ellos, la Nueva Ruta de Seda Económica.

La dinámica de la tasa de interés difiere en demasía para China y Estados Unidos mientras la Fed es autónoma, el PBC no lo es en relación al gobierno chino; en el primer caso, la política monetaria se determina dentro del esquema de metas de inflación, el objetivo básico es conservar la inflación en determinado nivel y la tasa de interés es el instrumento por excelencia; contrario a ello, el PBC trabaja con objetivos múltiples, la inflación ocupa un segundo término, lo importante es contener los riesgos derivados del elevado endeudamiento de las empresas chinas, acotar la especulación del mercado financiero y consolidar el ritmo del crecimiento económico.

El tema financiero va ceñido al monetario, la deuda externa de EU es cercana a los 21 mil 500 billones de dólares y crece precipitadamente; China es su principal acreedor, tiene en su poder poco más de una cuarta parte de las letras del tesoro, la segunda posición como tenedor de bonos del tesoro la ocupa Japón. Cabe mencionar que desde 2013, China busca aminorar su tenencia de bonos americanos, lo que impacta directamente en la hegemonía monetaria de Estados Unidos. En términos per cápita, la deuda de EU es 34 veces la de China.

Las desventajas que en este momento enfrenta Estados Unidos, en cuestión de apalancamiento y comercio, no son elementos suficientes para otorgar a China el estatus de economía hegemónica a nivel mundial, pero si las tendencias se mantienen, no es trivial plantear la posibilidad de que ocurra para el mediano plazo; ante tal situación, México, dada su fuerte integración y dependencia en torno a la economía norteamericana, se ve obligado a replantear su política nacional e internacional.

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