Nuevamente son las y los jóvenes de este país quienes están poniendo en la esfera pública un tema que se sabe, pero que se calla: la violencia de género, con ello el acoso sexual, violaciones y a veces, la muerte. Dicho tema que ya lo hemos tocado en este espacio y que hemos dejado ver que no tiene una tendencia a desaparecer y de manera contraria va en aumento en nuestro país. En ese contexto es claro que nuestros jóvenes están diciendo ¡basta! Pero lo que está sucediendo en la UNAM, es un eco de la lucha de varias universidades estatales, por ejemplo, el año pasado los alumnos de la UACJ se manifestaron (tres días), posteriormente la Universidad de Guanajuato (del 4 al 9 de diciembre), luego el ITAM (15 de diciembre), esos estudiantes incluyeron en sus pliegos petitorios el tema de la violencia de género.

En esta lucha, me llama la atención cómo los rectores y sus asesores la están procesando, por ejemplo, Mónica González, abogada general de la UNAM, en una entrevista en Radio Fórmula apuntó que aunque el reclamo era legítimo, sin embargo, los movimientos nunca son “puros” y que “los aprovechan personas con otros intereses”. En ese contexto, me pregunto ¿por qué desviar el tema? Es como si se quisiera cambiar el rumbo de la discusión a ¿cuáles son “los otros intereses”?, para no atender el fondo del paro: violencia de género, principalmente el acoso, pero también hay casos de violaciones y lamentablemente hasta de desapariciones y muertes.

Mencionar que hay alguien detrás de los alumnos para generar ese tipo de demandas me parece que pretende deslegitimar la participación de los mismos. De hecho me cuestiono, qué político o qué movimiento no necesita asesores, creo que estos son necesarios para lograr el éxito. Entonces, si hay detrás de estos movimientos personas ajenas ¿esta debería ser la discusión?, yo creo que no. De manera contraria, las preguntas que se deberían hacer son: ¿existe violencia de género en esta universidad? ¿Quién la genera? ¿Cuál es la complejidad del problema?
Los paros que se están haciendo en el país, dejan ver que el tema seguirá teniendo eco en otras universidades, pues se lucha en primer lugar, porque se reconozca que existe, y posteriormente, que lo que se ha hecho hasta ahora, en caso que ya se tengan acciones previas, no ha funcionado. Sin embargo, los rectores están queriendo dar la vuelta a la problematización para no enfrentarla en su complejidad ¿por qué está pasando esto?
Tengo principalmente tres hipótesis, en primer lugar, quien dirige al país, en este caso en las universidades son mayoritariamente hombres, que al igual que a la mayoría de las y los mexicanos los educaron en una cultura patriarcal donde el hombre tiene mayores privilegios, por ende pensar en el otro (hombre) como acosador les cuesta trabajo, no lo entienden, lo ven hasta como exageración, por lo que no debe ser un tema al cual se deba darle mucha importancia. Otra de las hipótesis, es que los rectores conocen que el tema de la violencia de género está fuera de control, hay muchas demandas y que las estudiantes efectivamente tienen que lidiar con el acoso no solo en la calle, sino también cuando llegan a sus respectivas universidades, de sus compañeros y peor aún, de sus maestros, que son quienes deberían enseñar los valores necesarios para lograr una comunidad con respeto y tolerancia. Ante esa situación, los rectores prefieren negar el fenómeno, pues es complejo: ¿cómo saber si efectivamente fue el acosador? ¿Cuáles serán los protocolos a seguir? ¿Cuáles serán los castigos?, pero además, ¿cuánto dinero del presupuesto se tendrá que gastar aquí?, ese último tema es importante, pues muchas de las universidades de este país tienen problemas financieros. Finalmente, la tercera hipótesis es la conjugación de las dos anteriores.

Con esta realidad, la cual no se puede ni esconder ni callar, las universidades o en este caso quien las dirige pueden tomar cualquiera de las siguientes tres decisiones: negarlo hasta que ya no sea posible, enfrentarlo sin hacer grandes cambios o, hacer cambios estructurales que combatan de manera seria el problema. Para esta última decisión, hay un tema que las feministas de este país han dejado claro, la violencia de género no va a parar mientras no haya una comprensión del origen de la misma, una reeducación del respeto al otro género como iguales y sanciones claras sin privilegios para quienes la ejerzan; esta última acción es la más difícil, pero es muy importante, para la cual se debe pensar un diseño institucional, hay quienes dicen que “debe” existir un comité externo, otra postura es que se dé asesoría legal para llevar el caso ante el ministerio público, el cual “se presupone” tiene personas capacitadas en violencia de género, se investigue y se genere una carpeta que pueda ayudar a la víctima a llevar su caso ante un juez y ante la universidad, para que se sancione en ambas vías.

Como se puede observar, el acabar o combatir la violencia de género es un tema de todos, por tanto, los rectores en lugar de tratar de deslegitimar a los estudiantes, deberían de buscar aliados en el gobierno, en el ministerio público, en la sociedad, pues es una problemática que está presente en la mayoría de los espacios públicos y privados del país, no se puede ocultar ya.

La lucha por la igualdad y el respeto entre los géneros está aún por construirse y, por lo que estamos viendo, será un arduo trabajo. Así que espero que los rectores de las universidades se sensibilicen, no solo en el discurso, que se sumen a la preocupación de las y los estudiantes, que vean las posibilidades institucionales y de recursos para evitar la violencia de género, que busquen aliados, que dialoguen con las y los jóvenes. Este es el reto y esperemos que no sea una lucha larga, donde no se tenga que gritar más para ser escuchada.

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