En los libros de texto que leí en la primaria y secundaria, los negros casi brillaban por su ausencia: En las páginas de dichos libros la presencia de los negros solo ocupaba unos cuantos renglones, donde –sin mayor explicación– se afirmaba que fueron traídos de África por los españoles durante los tiempos de la colonia y que se vendieron como esclavos a los peninsulares que ya vivían en Nueva España.

En efecto existe la idea generalizada de que la población afroamericana no contribuyó de manera relevante a la formación de nuestra nación, lo cual, además de delatar el enfoque racista de la historiografía oficial, constituye un mito que no soporta el menor análisis histórico y demográfico.

La historia de la población negra de México comienza a la par de la misma conquista. Se sabe que a su llegada a México, Hernán Cortés venía acompañado de por lo menos un negro, de nombre Juan Cortés. “Pánfilo de Narváez también traía negros; dos de ellos son conocidos: uno era bufón, el otro desembarcó con viruelas y las introdujo a la región”, mientras que “Pedro de Alvarado al intentar su apasionante aventura en el Perú; armó una expedición que, más que de españoles e indígenas, se componía de 200 negros”.

Muy pocos años después de la conquista ya podía afirmarse que la población negra era superior en número a la europea, y así fue hasta finales del siglo XVIII, esto es, muy pocos años antes del grito de Independencia, cuando se prohibió el envío de esclavos negros a Nueva España. José del Val calcula que por cada español que entró a México durante la colonia, ingresaron 10 negros procedentes de África.

Queda fuera de toda duda, entonces, la importancia demográfica de la población negra de México en los primeros años de la colonia. Pero si esto es así, ¿Por qué no se pondera su relevancia de la misma manera que se hace con la llamada raíz española?, ¿Por qué no tienen historia los grupos de negros que poblaron el país? “Durante el periodo temprano de la trata de esclavos, México fue uno de los mejores mercados existentes en el nuevo mundo”. Por esto mismo la población negra estaba muy lejos de existir como una minoría. Y es que, como señala Ilona Katzeb en su libro La pintura de castas, ser negro, en tiempos de la colonia: “Apuntaba a la esclavitud y procedencia atávica de los miembros de este grupo. De hecho, desde hacía mucho tiempo se consideraba a los negros como pueblo maldito, descendientes directos de Cam, segundo hijo de Noé. Según el Génesis (10.

9), Cam profanó la honra de su padre al verle desnudo mientras yacía borracho y salió a contárselo a sus hermanos, Sem y Jafet. Cuando Noé despertó y se percató de lo que había cometido su hijo, maldijo al hijo de Cam, Canaán, a la esclavitud perpetua. En los siglos XVII y XVIII este pasaje bíblico fundamentó una teoría bastante popular que intentaba explicar el origen del color negro. Debido a la conexión arquetípica entre la esclavitud y los negros, la teoría postulaba que el castigo impuesto por el patriarca Noé a Cam fue el cambio del color blanco y de sus descendientes a negro”.

Prejuicios de ese tipo, aunados a la voracidad material y al salvajismo fanático de la nación conquistadora, redujeron a la población negra a la más abyecta esclavitud: miles de africanos pronto fueron adquiridos por los peninsulares y por los clérigos para que trabajaran en los más diversos oficios: algunos fueron destinados a las minas, otros a las haciendas y unos más a la servidumbre. Tan grande era la cantidad de negros, que varias veces desembocó en rebeliones: “En Pachuca, Guanajuato, Huastepec, Alvarado, Coatzacoalcos, Misantla, Jalapa, Huatulco, Tlaixcoyan, Tlacotalpan, Zongolica, Rinconada, Huatusco, Orizaba, Río Blanco, Anton Lizardo, Medellín y Cuernavaca las autoridades virreinales se encontraban ya (1570) en lucha con los negros rebeldes a la esclavitud. La importancia de estos núcleos puede medirse por el hecho de que para combatir a uno de ellos, el del negro Yanga, fue necesario emplear 100 soldados españoles, 200 criollos, mestizos y mulatos y 150 indios armados de flechas, es decir 450 hombres de guerra”.

La historia de la negritud novohispana, también será la lucha por la libertad. Una larga lucha en la que, incluso hasta hoy, sigue siendo de discriminación, muerte y sangre. ¿Tú lo crees?… Yo también.

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