Para encontrar una respuesta a la grave crisis de inseguridad, violencia, impunidad y demás lastres que arrastran a este país al precipicio, habrá que echar un vistazo a las estadísticas del Semáforo Delictivo. De acuerdo con la organización de carácter nacional, Hidalgo incrementó en dos años el doble de denuncias por violencia familiar, al pasar de 2 mil 278 en 2015 a 4 mil 353 casos al cierre de 2017. Un dato revelador que obliga a hacer un alto en el camino y analizar hacia dónde caminan las familias hidalguenses. En este ejercicio es preciso anteponer la frase que nos enseñaron los abuelos: la educación se mama en casa, y es cierto. Tan solo en enero pasado ocurrieron 346 casos, 49 más que en el mismo periodo de 2017 cuando se perpetraron 297 querellas. Un problema generalizado que sin embargo coloca a Hidalgo en el top cinco de las entidades donde agudiza ese problema. De acuerdo con datos de la Secretaría de Salud, hasta el año pasado el estado solo estaba por debajo de Guanajuato, Guerrero, Chihuahua y Querétaro, con más agresiones perpetradas principalmente por el cónyuge. Se trata, por supuesto, de un tema de idiosincrasia, un asunto cultural que requiere de la participación de todos los sectores. No podemos dejar de preguntarnos ¿y el DIF? Este organismo asistencial encargado de promover la participación de niños, jóvenes y adultos en el desarrollo de acciones que les brinde herramientas para prevenir la violencia al interior de las familias. Indudablemente no existe tal figura, la instancia oficial se ha convertido en una caricatura colmada de buenos propósitos. A nivel nacional y en algunos estados, las presidencias son parapetos de contención del voto. En focos rojos sobre violencia familiar está Pachuca con 227 casos, que representan 22 por ciento del total; sigue Tulancingo con 92 y Mineral de la Reforma con 86, denuncias equivalentes a 8 por ciento. Como se observa, hay mucha tarea por hacer. Más allá de los congresos de la familia que ya son una tradición en Hidalgo, la respuesta está en el seno de los diferentes núcleos y no en las acciones estériles de los gobiernos. De filón. El Congreso local tipificó la transmisión de contenido sexual por cualquier medio o dispositivo, sin el consentimiento de alguna de las partes; un primer gran paso para prevenir otros delitos, como la trata de personas.

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