En el texto anterior hablé sobre la gran idea que David Lynch tiene sobre la creación de la “universidad invencible”. Finalmente esa idea se puede interpretar como aquella colectividad unificada por un objetivo en común (el conocimiento) que jamás permita que nada malo surja de ella, ni nada malo pueda llegar a ella.
En alguna entrevista el creador de Mulhollandrive, dijo: “En medio de la incertidumbre del mundo actual cada niño debe tener en clase un periodo para internarse en sí mismo y experimentar el campo de silencio y dicha, y la enorme reserva de inteligencia que se encuentra en la profundidad de cada uno de nosotros. Esta es la forma de salvar la generación que viene.”
Leyendo este párrafo podríamos interpretar que estamos ante una humanidad en decadencia, y recordemos que siempre ha sido así. Pero también podríamos recordar que en el pasado hubo generaciones movidas por “las ideas” transformadoras del mundo.
Alguna vez dijo Goethe: “La mente humana no se verá confinada a límite alguno”.
Ese movimiento de guerreros pacíficos, cultos, con una mente abierta y poderosa, que “prometía trascender”, se traicionó así mismo porque les llegó la resignación de la adultez y la inminente realidad llamada “responsabilidad social”.
Como dice David Lynch: “Con el tiempo las cosas cambian y las claves se pierden”.
Así que los idealistas de la década de 1960 fracasaron.
Es evidente que vivimos en una sociedad tensa, estresada, ansiosa, triste, enojada y deprimida que busca satisfacción en relaciones externas y enajenadas a la naturaleza humana (la tv, el Internet, redes sociales, entre otras). Las ideas sobre la evolución tecnológica han rebasado la evolución de la conciencia humana porque se han vuelto una herramienta de degradación, que por huir de la soledad nos sumergimos inconscientemente a ella y la sufrimos. Por lo que una vez más se tiene que regresar a un estado interior que permita la relación íntima del individuo, un regreso a la sana soledad. Aprender a soportarse uno mismo, reconciliarse con uno mismo, vivir con uno mismo. Conocerse así mismo para entonces comprender el mundo. Solo así, la idea de una comunidad que genera conocimiento puede trascender.
La herramienta con la cual trabaja esa “universidad invencible” es la práctica de la “meditación trascendental”. Explica que los científicos, al tratar de encontrar respuestas sobre la definición de la materia (para esto nombró a las moléculas, a los átomos, a los protones y así unidades más pequeñas), finalmente descubrió la materia unificada. Un campo que el científico no puede habitar “es la nada”, la “no materia”; sin embargo, “esta no materia” es el principio de toda la materia. Este campo de estudio el cientificismo ortodoxo no lo puede explicar, sin embargo sí lo puede explicar otro tipo de práctica de conocimiento, ese ligado con la respiración, ese ligado con la consciencia pura, ese se emite por medio del mantra: que es la unión del “pensamiento-vibración-sonido”, menciona Lynch. Esta práctica lleva la mente del hombre hacia el interior de sí mismo a un fenómeno “natural” en contacto con niveles de profunda felicidad, trascendiendo la materia misma para encontrar la infinita consciencia.
Para qué hablar de meditación en la fundación de una universidad, la propuesta de este cineasta es que el ser humano experimente un estado espiritual fuerte, con una energía dinámica que le permita realizar sus actividades con un infinito disfrute. Este cambio de pensamiento en el individuo es la llave de la creatividad misma. “Un ser humano feliz es más productivo para sí y para los demás”. Un ser humano feliz es un ser consciente.
Este estado humano, según Lynch, tiene cualidades específicas: creatividad infinita, inteligencia, energía, amor, poder y dicha. Esto es lo que llama “paz dinámica”.
Una universidad por la tanto debe cultivar el conocimiento sobre el individuo y en ello será en un futuro el estado de evolución verdadero.
En una conferencia un alumno le pregunta a David Lynch: “¿Cómo fue que los monos se convirtieron en seres humanos?”
David responde: “Bueno, tengo entendido que se graduaron”.
Como definición inmediata del concepto universidad podemos decir que es “una institución destinada a la enseñanza superior (aquella que proporciona conocimientos especializados de cada rama del saber) que está constituida por varias facultades y concede los grados académicos correspondientes.” Pero desde su sentido etimológico podemos interpretar que en su esencia evoca al Universo, la colectividad, que podríamos intuir que tiene como súper objetivo la búsqueda de conocimiento total.
Para subrayar esa idea y tal vez profundizar en “la idea”, usaré como referente un documental llamado Meditación creatividad paz, producto de una gira que realizó el famoso cineasta hollywoodense David Lynch por 16 países entre el 2007 y 2009, con la intención de fundar en cada uno de esos países “la universidad invencible”.
“Aquellos que no saben, no lo saben, aquellos que lo saben, lo disfrutan”, Maharishi.
La idea de crear centros de enseñanza de alto nivel alrededor del mundo se ha vuelto una necesidad tan elemental que ha perdido sentido desde los objetivos primigenios del propio concepto. Sin embargo, en el individuo la búsqueda del conocimiento es inalienable a su desarrollo humano, pero también el concepto de desarrollo humano se ha demeritado hasta perder sentido en cada una de las palabras que componen esta frase.
Habría que preguntarnos en un sentido estricto: ¿cuál es la verdadera función de una universidad en estos tiempos, además de otorgar grados? Cada alumno que integra una comunidad universitaria, ¿en verdad está seguro de estar en el lugar correcto? ¿Ha elegido con consciencia la rama de conocimiento que ejercerá toda su vida? ¿Cuál es el verdadero conocimiento que una institución de educación debe proporcionar? ¿Qué “verdad”, suponiendo que la busque, quiere alcanzar el individuo?
Según Plotonio, “la región de la verdad no es para ser investigada como algo ajeno a nosotros. Está en nuestro interior”. Si leemos con consciencia esta cita, podemos interpretar que la fuente de conocimiento y de sabiduría está en cada individuo. ¿Acaso sería una labor de cualquier universidad proveer caminos de autoconocimiento humano? Si el conocimiento se alcanza con base en la experiencia de cada individuo, por qué no replantar la forma de relación institucional universitaria.
Aquí la propuesta de David Lynch, que para explicar el concepto de “universidad invencible” habla sobre la importancia de la meditación en el individuo como una herramienta de autoconocimiento y expone como principio de la creatividad el valor de cultivar de la felicidad, todo esto con el supra objetivo de alcanzar el estado unificado de conciencia llamado paz dinámica. Esta idea, que para la costumbre cientificista que arrastramos desde el siglo antepasado, puede contradecir los conocimientos y técnicas de Maharishi Mahesh Yogi, que dispuso en 1955 la práctica de meditación trascendental, de la cual David Lynch actualmente es un gran exponente con su fundación.
En entrevistas David dice: “Parece una idea descabellada y tal vez hasta risible. Qué sentido tiene enseñarle a un individuo a respirar con consciencia si tiene que aprender algoritmos. Lo paradójico es que a las nuevas generaciones universitarias hay que volverles a enseñar a leer, porque no son capaces de interpretar algún párrafo de un libro, sin mencionar que hay quienes jamás han leído uno.
Así como David Lynch ha sido importante para la historia del cine del siglo XX y XXI con sus grandes ideas que dieron como resultado Eraserhead, Mulhollandrive, Blue Velvet y muchas más, hoy trabaja sobre la idea más loca del mundo: facilitar los conocimientos que integran “la universidad invencible”; porque como dice: “ No somos nada sin una idea”.
Cuando habla de ser invencible no se refiere a la formación de un ejército. Parafraseándolo, pretende crear una fortaleza espiritual tan grande en cada individuo que integre una comunidad, para que nada malo pueda emerger de esa población y que nada externo pueda perjudicar a esa comunidad.
En la siguiente edición hablaré de la explicación de Lynch sobre la meditación trascendental como la herramienta primordial con la cual ha fundado esa universidad invencible.
¿Qué tiene que ver esto con el teatro? una vez Nicolás Núñez me dijo que “el mundo es un gran teatro”, así que esta convención material es una ilusión tan verdadera como el hecho teatral. Pero en la búsqueda de encontrar el verdadero conocimiento aspiro a la sabiduría. Así como dijo Fernando Pessoa: “Sabio es aquel que disfruta del espectáculo del mundo”.

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