Como definición inmediata
del concepto universidad podemos decir que es “una institución destinada a la enseñanza superior (aquella que proporciona conocimientos especializados de cada rama del saber), que está constituida por varias facultades y concede los grados académicos correspondientes.” Pero desde su sentido etimológico podemos interpretar que en su esencia evoca al universo, la colectividad, que podríamos intuir que tiene como supraobjetivo la búsqueda de conocimiento total.
Para subrayar esta idea y tal vez profundizar en “la idea”, usaré como referente un documental llamado Meditación, creatividad, paz, producto de una gira que realizó el famoso cineasta hollywoodense David Lynch por 16 países entre 2007 y 2009, con la intención de fundar en cada uno de esos países “la universidad invencible”.

“Aquellos que no saben, no lo saben,
aquellos que lo saben,
lo disfrutan”
Maharishi

La idea de crear centros de enseñanza de alto nivel alrededor del mundo se ha vuelto una necesidad tan elemental que ha perdido sentido desde los objetivos primigenios del propio concepto. Sin embargo, en el individuo la búsqueda del conocimiento es inalienable a su desarrollo humano, pero también el concepto de desarrollo humano se ha demeritado hasta perder sentido en cada una de las palabras que componen esta frase.
Habría que preguntarnos en un sentido estricto: ¿cuál es la verdadera función de una universidad en estos tiempos, además de otorgar grados? Cada alumno que integra una comunidad universitaria, ¿en verdad está seguro de estar en el lugar correcto? ¿Ha elegido a consciencia la rama de conocimiento que ejercerá toda su vida? ¿Cuál es el verdadero conocimiento que una institución de educación debe proporcionar? ¿Qué “verdad”, suponiendo que la busque, quiere alcanzar el individuo?
Según Plotino, “la región de la verdad no es para ser investigada como algo ajeno a nosotros. Está en nuestro interior”. Si leemos a conciencia esta cita, podemos interpretar que la fuente de conocimiento y de sabiduría se encuentra en cada individuo. ¿Acaso sería una labor de cualquier universidad proveer caminos de autoconocimiento humano? Si el conocimiento se alcanza con base en la experiencia de cada individuo, por qué no replantear la forma de relación institucional universitaria.
Aquí la propuesta de David Lynch, que para explicar el concepto de “universidad invencible” habla sobre la importancia de la meditación en el individuo como una herramienta de autoconocimiento y expone como principio de la creatividad el valor de cultivar la felicidad, todo esto con el supraobjetivo de alcanzar el estado unificado de conciencia llamado paz dinámica. Esta idea, que para la costumbre cientificista que arrastramos desde el siglo antepasado, puede contradecir los conocimientos y técnicas de Maharishi Mahesh, yogi que dispuso en 1955 la práctica de meditación trascendental, de la cual David Lynch actualmente es un gran exponente con su fundación.
En entrevistas David dice: “En medio de la incertidumbre del mundo actual cada niño debe tener en clase un periodo para internarse en sí mismo y experimentar el campo de silencio y dicha, y la enorme reserva de inteligencia que se encuentra en la profundidad de cada uno de nosotros. Esta es la forma de salvar la generación que viene”.
Parece una idea descabellada y tal vez hasta risible. Qué sentido tiene enseñarle a un individuo a respirar a consciencia si tiene que aprender algoritmos. Lo paradójico es que a las nuevas generaciones universitarias hay que volver a enseñarles a leer, porque no son capaces de interpretar algún párrafo de un libro, sin mencionar que hay quienes jamás han leído un libro.
Así como David Lynch ha sido importante para la historia del cine del siglo XX y XXI con sus grandes ideas que dieron como resultado Eraserhead, Mulholland Drive, Blue Velvet, y muchas más, hoy trabaja sobre la idea más loca del mundo: facilitar los conocimientos que integra “la universidad invencible”, porque como dice: “No somos nada sin una idea”.
Cuando habla de ser invencible no se refiere a la formación de un ejército. Parafraseándolo, pretende crear una fortaleza espiritual tan grande en cada individuo que integra una comunidad, para que nada malo pueda emerger de esa población y nada externo pueda perjudicar a esa comunidad.
En la siguiente edición hablaré de la explicación de Lynch sobre la meditación trascendental como la herramienta primordial con la cual ha fundado esa universidad invencible.
¿Qué tiene que ver esto con el teatro? Una vez Nicolás Núñez me dijo que “el mundo es un gran teatro”, así que esta convención material es una ilusión tan verdadera como el hecho teatral. Pero en la búsqueda de encontrar el verdadero conocimiento aspiro a la sabiduría. Así como dijo Fernando Pessoa: “Sabio es aquel que disfruta del espectáculo del mundo”.

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