Antes que disminuir la desigualdad social y los niveles de pobreza, así como de fortalecer el mercado interno como de considerar al desarrollo tecnológico de las Mipymes, el presidente Peña Nieto se ha dedicado a difundir un discurso optimista de México, si esto fuera para levantar la moral de los mexicanos, el reconocimiento a su discurso sería evidente; sin embargo, su discurso está orientado a ocultar una realidad por demás dolorosa.
El pasado 29 de marzo frente a fuerzas militares congregadas para darles un reconocimiento expresó: “Quienes digan que hay crisis en México seguramente la tienen en sus mentes, porque no es lo que está pasando”, sumado a lo que declaró José Antonio Meade, secretario de Hacienda, “previsiones económicas realistas y prudentes” en relación a los precriterios de política económica, base para elaborar el paquete económico 2018.
Ambas expresiones denotan una visión sesgada de la realidad tanto interna como externa, basada en un crecimiento mediocre de 2 por ciento promedio del PIB, para el presente año y para 2018, no se logrará alcanzar el crecimiento de 5 por ciento que Peña Nieto prometió en su campaña.
Para ambos años se estima que el PIB si acaso llegaría a 1.5 por ciento, crecer no necesariamente significa disminuir la marginalidad, las cifras por sí mismas no hablan, su interpretación objetiva es lo que permite identificar la realidad, por lo que la mayoría de la población, siente y ve disminuida su capacidad de adquirir lo necesario para vivir, por lo que constantemente tiene que recurrir a financiamientos para completar sus gastos, esa sí es la explicación del gran éxito de las microfinancieras cuyas altas tasas de sus créditos las ubican como la usura autorizada.
Según el mapa de crecimiento de la revista El Economista, las regiones con mayor crecimiento económico son Asia con 5 por ciento, Australia 3, Oriente Medio y Norte de África 2.8, Europa del Este 1.9; Latinoamérica, donde se localiza México, 1.7 y Europa Oriental 1.1 por ciento. Las condiciones-bienestar de cada región económica están determinadas por su capacidad de aprender, de desarrollo tecnológico, innovación y competitividad social.
Según la consultora estratégica Boston Consulting Group, en el ranking de las empresas más innovadoras a nivel mundial, los líderes son Apple, Google, Tesla y Microsoft, empresas que tienen como factores determinantes la investigación y el desarrollo tecnológico y la innovación como el flujo permanente de conocimientos y de su competitividad; una nación es altamente competitiva si sus empresas lo son, pero no se trata de traerse a esas empresas a nuestra economía, sino desarrollar las capacidades tecnológicas y organizacionales de nuestras Mipymes, son ellas las que tienen que transformarse en empresas, donde el desarrollo y aplicación de la tecnología sea el común denominador, su transformación hacia empresas de base tecnológica.
Pero esto implica que exista una política intensa y efectiva de transferencia tecnológica y de conocimientos, flujo en dos sentidos, de conocimientos científicos y tecnológicos hacia el desarrollo de nuevas prácticas productivas, las cuales a su vez sean base de retroalimentación de los conocimientos teóricos. Proceso interactivo sinérgico empresa-academia, que ya es impostergable. Las universidades lo necesitan y las empresas lo requieren. Es una forma estratégica para superar los rezagos en productividad que padece México desde algunas décadas.
La crisis de 2008-2009 puso en evidencia dos grandes fallas del capitalismo como sistema, la primera es que el colapso financiero no se ha recuperado, y la segunda, la más grave es que la profesión económica, supuestamente encargada de entender, explicarla y dictar las recomendaciones necesarias para lograr restablecer la senda de crecimiento y desarrollo, no tuvieron la capacidad de entender lo que sucedió y lo que está ocurriendo, vivimos un sistema político-económico disfuncional, para dar respuesta a las necesidades de una sociedad que padece una alta desigualdad y discriminación, además de ser víctima de políticas dictatoriales como de una marcada tendencia a la corporatocracia, es decir, formar ínsulas y mercados de grades lujos inaccesible para las mayorías.
No se trata de una falta de planeación, sino de la indiferencia a ver el conocimiento como el factor de producción imprescindible e irrevocable, vivimos la economía del conocimiento, donde el paradigma de la eficiencia de los mercados y su capacidad de autocorrección ya ha sido superada.
La crisis no está en las mentes de los críticos, sino en la falta de una visión objetiva de la investigación y del desarrollo tecnológico en la política económica. Esa es la razón de una visión sesgada, ¿no lo cree usted?

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