+ Por mi raza hablará la anarquía
+ De la Fuente tuvo que entrar al quite

Esto también es la UNAM:

Nueve de cada 10 jóvenes que solicitan ingreso son rechazados. De 65 mil 890 aspirantes, solamente 6 mil 300 fueron aceptados. “La realidad es cruel. No hay lugares en la máxima casa de estudios” (“La otra opinión”, 17-julio-2018). Valiente consuelo: ¿De qué le sirve al país cuando la UNAM cacarea que está entre las universidades más prestigiadas de AL, si en los hogares de miles de mexicanos hay desesperanza y frustración por el rechazo, año con año, para con sus hijos? La UNAM ha sido incapaz e insensible para ampliar su matrícula anual, a pesar de sus presupuestos millonarios. “Por mi raza hablará la incapacidad”.

En las islas de Ciudad Universitaria se vende droga a la vista de todos. Mota, coca, tachas. A las manos de los estudiantes sin que nadie moleste al malandro. En el campus universitario –peleándose, literal, la plaza–, hay ajustes de cuentas entre narcomenudistas: El Güero desenfunda y mata a dos rivales entre las Facultades de Ingeniería y Contaduría.

Eso ocurrió en febrero pasado. Bajo una malentendida e irresponsable “autonomía universitaria”, se ha permitido que la UNAM sea controlada, en algunas zonas, por el narco. “No podemos violentar la autonomía universitaria”, advierte el jefe de la Policía capitalina Raymundo Collins. “Por mi raza hablará la grapa”.

En la UNAM hay territorios autónomos. Cotos sin ley dominados por “porros, paramilitares u organización ligada con el Ejército Popular Revolucionario”, como ocurre con el auditorio Justo Sierra –rebautizado como Ché Guevara– de la Facultad de Filosofía y Letras. (“MVS noticias”, Rocío Méndez Robles, 4 marzo 2014). “Desde el año 2000, el auditorio Justo Sierra de la UNAM ha estado bajo el dominio de manifestantes, en lo que constituye una de las más largas ocupaciones de un edificio universitario en la historia: se ha extendido por casi 17 años y no da muestras de terminar”, advierte Kirk Semple en extenso reportaje para The New York Times en junio de 2017. Hasta la fecha, el secuestro del auditorio continúa bajo la misma regla: la única autoridad reconocida es el caos. Ningún rector ha movido un dedo para recuperarlo. “Por mi raza hablará la anarquía”.

En la UNAM aparecen jóvenes muertos, y nadie desde rectoría hace algo por prevenirlo. Allí pende, emblemático, macabro, el cuerpo de Lesvy Berlín Rivera Osorio en una cabina telefónica en el corazón de Ciudad Universitaria. Dicen que se suicidó. Imposible. “Las heridas que Lesvy se llevó a la tumba no fueron consideradas como una prueba relevante en los hechos. Tampoco un video de las cámaras de seguridad de la UNAM –al que tuvo acceso ese diario– en el que se observaba a Jorge Luis González golpeando a Lesvy pocos minutos antes de la hora de su muerte y a pocos metros de la escena del crimen. Ni siquiera las lagunas periciales que indicaban la poca probabilidad de que alguien pudiera suicidarse en una cabina telefónica de poco más de un metro de altura. Todas esas contradicciones perforaron más la brecha entre la familia y la fiscalía, evidenciada el viernes con un paso más en la cruzada legal de una madre que busca, además de justicia, honrar la muerte de su hija”, escribió la reportera Elena Reina para el diario El País en octubre de 2017. “Por mi raza hablará el feminicidio”.

A los juegos de futbol de los Pumas de la UNAM –no importa el día ni la hora–, es imposible que a las gradas ingresen seguidores o familias con la playera del equipo rival, sin ser agredidos o insultados. La porra denominada Rebel y algunas más arropadas por la autoridad universitaria, están constituidas por fanáticos universitarios violentos y desquiciados que pueden atacar a golpes a cualquier persona, sin que nadie les moleste.

Agreden con total placidez. Convierten al estadio Olímpico en un monumento a la impunidad y a la violencia. En rectoría lo saben, y prefieren cerrar los ojos. “Cómo no te voy a quereeer, cómo no te voy a quereeer, si mi corazón violento es y mi piel sangrada, siempre te querré…”.

Eso también es la UNAM.

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Las incompetencias del rector Enrique Graue.

Rebasado, arrinconado, escucha voces universitarias que piden su renuncia a partir del ataque de porros contra estudiantes del CCH Azcapotzalco frente a rectoría de manera abierta, brutal. “No hay que desviar la atención en el conflicto de la UNAM. Falta seguridad a alumnos: madre y académicos”. (“Aristegui noticias” 6-septiembre-2018). Graue fue acusado de represor y de solapar asesinatos y acosos en contra de estudiantes universitarios. (Iris Velázquez, Reforma, 7-septiembre- 2018).

Aquí, dos perlas de Graue que reflejan su falta de autoridad dentro de la UNAM:
“No tuvimos la información suficiente y en forma oportuna y, en consecuencia, no pudimos prevenirlo…”, reconoció en entrevista para Proceso con Homero Campa, en respuestas por escrito, escondiendo la cara para responder frente a frente en la ocasión, al referirse a la violencia del pasado día 3 en CU.

“Hemos venido trabajando en ello, obviamente esto ha sido insuficiente, parte de las recomendaciones tienen que salir de la comisión especial de seguridad del consejo universitario, tenemos que reestructurar el área por completo de la mano de trabajadores, estudiantes y profesores”, aseguró a su salida de la casa de transición donde se reunió con el presidente electo Andrés Manuel López Obrador. (Alberto Morales, El Universal, 10-septiembre-2018). Graue tiene dos años y 10 meses como rector. ¿Hasta ahora se da cuenta de que se necesita mayor seguridad en la UNAM? Una pena.

Mientras Graue estaba sentado en la comodidad de su oficina, porros agredían a estudiantes frente a rectoría.

“Por mi raza hablará la irresponsabilidad”.

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Por el innegable vacío de autoridad en rectoría de la UNAM –ante el naufragio en seguridad, desde su oficina de prensa salió la línea distractora a algunas plumas y voces para que atizaran la versión de que había “mano negra” en el ataque a estudiantes, cuando, en realidad, lo realmente grave es la fragilidad institucional de la UNAM–, tuvo que entrar al quite públicamente el exrector Juan Ramón de la Fuente, quien, solo tres días después de la agresión y ante la pasgüatez de Graue, dio la cara para condenar al porrismo y calificarlo como inadmisible y antiuniversidad, enviando el mensaje de que la UNAM no estaba desamparada.

Sin duda, la UNAM tiene decenas de cosas rescatables y positivas.

Pero, hoy por hoy, es una universidad enferma y dominada por la anarquía, la irresponsabilidad, la violencia, el narcomenudeo y la indolencia de sus autoridades.

“Por mi raza hablará la anarquía”.

Twitter @_martinmoreno
Facebook / Martín Moreno

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