Debido al riesgo de contagiarse del Covid-19 en un consultorio o en un hospital miles de procedimientos médicos, desde consultas a operaciones, han sido pospuestos. Pero hay situaciones cuya urgencia no puede ser pospuesta y que muestra la fragilidad, la desesperación y la desigualdad para recibir atención médica. Sobre esto, me permito compartir la siguiente situación que pude reconstruir gracias al testimonio de una persona muy cercana, que lamentablemente está batallando para conseguir atención médica neurológica para su padre quien en días pasados sufrió un accidente cerebral.

Don Hilario es un campesino que vive en Chalahuiyapa, comunidad indígena conurbada con Huejutla, centro urbano de la Huasteca hidalguense; su edad es de 70 años. La noche del 14 de julio se encontraba acompañando a uno de sus hijos, quien atiende un puesto de tacos. Después de unas horas decidió regresar a su casa, a donde entró para dirigirse a su cuarto. Desde la cocina su esposa oyó un golpe seco y corriendo se dirigió al cuarto donde encontró a Hilario tirado al lado de la cama. A toda prisa fue por su hijo al puesto de tacos, regresando ambos a la casa para encontrarlo convulsionándose; cuando el temblor cesó, lograron recostarlo en la cama y nuevamente sufrió otra convulsión. Mandaron a buscar a un médico de la comunidad, pero nadie se encontraba en ese momento.

Al no saber qué hacer, llamaron por teléfono a su otro hijo, maestro de primaria que vive en el municipio de Atlapexco, quien luego de ser informado llamó a varios médicos particulares para que fueran a atenderlo o lo recibieran en consulta. La mayoría de ellos se negaron a una consulta de emergencia, ya que por la pandemia solo atienden por cita. Luego de varias llamadas por fin un médico de nombre Oswaldo aceptó recibirlos, quien luego de revisarlo hizo la gestión para ingresarlo a una clínica particular donde estuvo internado dos días, tiempo en el que siguió sufriendo de convulsiones hasta que fue estabilizado. En ese lugar les dijeron que se requería un neurólogo, pero debido a que en Huejutla este tipo de médicos son escasos, resultaba complicado obtener una cita antes de 15 días, tiempo que tardaría en ir hasta allá el doctor Daniel, un médico que desde la Ciudad de México viaja a Huejutla para dar consulta.

En esas estaban cuando don Hilario comenzó a toser intensamente, procediendo ahora a realizarle un estudio del tórax que le detectó una infección. Se tuvo que consultar a una médica especialista en vías respiratorias, quien por videollamada pidió llevar al enfermo con un médico internista, por lo que lo tuvieron que trasladarlo a otra clínica donde tampoco los querían recibir, diciéndoles que les darían cita hasta en ocho días (ya habían pasado tres). Pero como la familia ya tenía a don Hilario en un auto a las puertas de la clínica, el médico accedió atenderlo hasta que terminara con las consultas de ese día. Alrededor de hora y media después el médico determinó a Hilario como grave y pidió que lo mejor era llevarlo al Hospital Regional o al IMSS. Esto fue el preámbulo de la llegada de la familia Hernández al hospital IMSS Prospera de Huejutla, espacio que ha sido reconvertido a hospital Covid.

“Como familia no queríamos llegar ahí, pero si no había especialistas no nos quedaba de otra”. Ya en el hospital y ante los síntomas respiratorios de don Hilario, los médicos lo ingresaron a la sala de shock, solicitando firmar las responsivas legales para meter un catéter por donde ingresar un medicamento en modo directo. Les hicieron saber que el paciente era sospechoso de Covid-19, por lo que iban a proceder a estabilizarlo y luego lo enviarían a otro hospital debido a que los espacios en Huejutla para atender esta enfermedad ya estaban saturados.

A las 23 horas del 17 de julio, don Hilario fue trasladado en ambulancia a Meztitlán, la familia los siguió en su auto, a donde llegaron a las 3 horas. En ese municipio el Hospital Regional ha sido reconvertido a hospital Covid a cargo de médicos militares, quienes han sido trasladados hasta esa población para atender a enfermos del coronavirus de las zonas serranas de Hidalgo. Los médicos continuaron el procedimiento iniciado en Huejutla y luego de una prueba rápida descartaron que Hilario estuviera infectado del coronavirus; sin embargo, les informaron que no sería dado de alta hasta que llegaran las otras pruebas realizadas en Huejutla. Los médicos también hicieron la gestión para que Hilario fuera trasladado al hospital general de Pachuca y le realizaran los estudios para determinar la causa de las convulsiones, ciudad a la que fue enviado, por protocolo de pandemia, sin la compañía de sus familiares.

En esta capital le hicieron un estudio que no fue determinante; le informaron a la familia que posiblemente una vena del cerebro se había reventado o se había tapado y les informaron que no lo podían tener más tiempo en el hospital ya que corría el peligro de infectarse del Covid-19. Por esta razón fue regresado a Metztitlán, donde luego de cuatro días fue dado de alta. “Los médicos militares nos dijeron: es todo lo que podemos hacer por ahora, lo del tema neuronal van a tener que tratarlo en otro lado”.

Don Hilario regresó a su casa con un tratamiento a base de antibióticos que lamentablemente no fue suficiente para evitar que el 27 de julio nuevamente sufriera otra convulsión. Actualmente una rehabilitadora física lo atiende en su casa y la familia no puede hacer más que esperar hasta el 8 de agosto, fecha en que vendrá el neurólogo de la Ciudad de México y de quien esperan pueda realizar otro encefalograma para un diagnóstico más certero. Pero por si alguna causa el médico no va, la opción será buscar la atención especializada en Tampico, Pachuca o la Ciudad de México. Mientras esto pasa, Hilario está postrado en la cama, con la mitad de su cuerpo paralizado y sufre de alucinaciones.

Pero a pesar de todo, don Hilario tiene suerte por varios motivos: el primero es que sus hijos lo han atendido y han tenido recursos económicos para pagar los médicos y los traslados, aunque estos menguan rápidamente. El segundo es que su comunidad se encuentra a unos minutos de Huejutla, por lo que recibir atención médica habría sido más difícil si hubiera vivido en alguna localidad de Yahualica o Xochiatipan, municipios desde donde el traslado puede durar hasta dos horas, no hay señal de celular y es caro y difícil conseguir transporte. A esas horas y en esas condiciones un traslado a Huejutla desde esos municipios puede costar más de mil pesos. El tercer motivo son los esfuerzos de médicos civiles y militares, así como de los paramédicos que lo trasladaron a Metztitlan, para estabilizarlo. El cuarto motivo es que pudo conseguir un espacio de atención médica pública en Huejutla, ciudad que aunque tiene tres hospitales públicos, desde antes de la pandemia no se daban abasto para atender a los casi 300 mil habitantes de la Huasteca y municipios aledaños de Veracruz y San Luis Potosí.

Sin embargo, la suerte no borra la desigualdad de los habitantes de la Huasteca, particularmente de los indígenas, quienes ante la necesidad de atención médica especializada en infinidad de ocasiones no tienen más remedio que esperar en agonía lenta o rápida. Los menos, como Hilario, tienen familiares que hacen todo lo posible para salvarlos, aunque eso implique ir a ciudades distantes de sus lugares de origen donde tienen que padecer las penurias del traslado, alimentación, hospedaje y en algunos casos de la discriminación.

Estimados lectores, mañana que se conmemora el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, la historia de don Hilario permite ver las difíciles condiciones de la realidad que tienen que padecer la población de los territorios campesinos e indígenas de México para recibir atención médica de urgencia y especializada; las que desde antes de la pandemia ya eran muy complicadas. En el contexto de esta conmemoración es importante hacer una reflexión particular sobre las terribles dificultades para cuidar de la salud en el sector más desprotegido de la sociedad mexicana. Todo esto sucede en un momento en que nuestro país ya supera la terrible cifra de los 50 mil decesos por Covid-19, de los que Hidalgo ha contribuido con más de mil 100 fallecimientos.

No hay más que seguirse protegiendo porque esto va para largo, como puede inferirse luego de que en días pasados el doctor Tedros Adanhom, director de la Organización Mundial de la Salud, expresara que “probablemente nunca haya una solución al Covid-19”. Hasta la próxima y por favor cuídense mucho.

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