En días pasados, la sanidad de la ciudad de Pachuca dejó mucho que desear: existían pirámides de basura en cada esquina de la urbe, lo cual se traducía en un foco de infección que podía detonar graves problemas a los citadinos. 50 ejidatarios de El Huixmí bloquearon el acceso al relleno sanitario donde el ayuntamiento depositaba los desechos sólidos urbanos que generan los habitantes de la ciudad. Los quejosos exigen al ayuntamiento un incremento en la renta y el pago correspondiente a enero. A la brevedad posible se debe solucionar esa falta de sanidad, sentarse a buscar una negociación es menester de la alcaldía pachuqueña que debe actuar sin menoscabo y ¡ya!

Ahora más que nunca necesitamos a un personaje que comprenda las necesidades de la ciudad, como en su tiempo se ocupó de ello el Virrey Revillagigedo. Que afanosamente trató de sanear las necesidades de la Nueva España iniciando por la ciudad principal del virreinato más próspero de la corona española. El paisaje callejero del México virreinal no era precisamente de lo mejor. Si bien es cierto que tuvo una bella arquitectura, por otro lado mostraba una gran insalubridad, que incomodaba a mucha gente, pero que a pesar de ello la seguía provocando de múltiples maneras, con basura, desperdicios de comida, residuos de animales, materia fecal, aguas estancadas, zonas pantanosas, etcétera. En muchas ocasiones un mismo sitio tenía varios usos que le impedían mantenerse limpio. Por ejemplo, las plazas que durante el día servían para el paseo y distracción de los transeúntes, en la noche y hasta las seis de la mañana se utilizaban para ordeñar vacas; eso con el fin de que los consumidores tuvieran a su alcance la venta de la leche. Para los encargados de la salud pública del México virreinal importaba no solo la limpieza de la ciudad, sus calles, plazas y canales, sino también la del aire. Si las calles estaban sucias, contaminaban la atmósfera. Toda materia orgánica en descomposición, como basura, materia fecal, cadáveres humanos y animales y aguas estancadas, daba origen a los “miasmas” o partículas nocivas que se encontraban en el aire, las cuales podían producir enfermedades entre los individuos, de aquí que para prevenirlas fuera necesario vigilar el saneamiento ambiental. El ambiente físico y social influía directamente en el surgimiento de las enfermedades. Se creía que esas se transmitían por medio del aire, del agua o del contacto personal. Esa manera de pensar la compartían todas las instituciones que vigilaban la salud de la población, como el tribunal del protomedicato, el ayuntamiento, a través de una junta de policía, la iglesia y los virreyes.

En particular, los problemas de insalubridad de la ciudad de México eran los siguientes: la gente acostumbraba tirar la basura a la calle, al igual que la materia fecal. El mercado de la Plaza Mayor generaba muchos desperdicios que permanecían frente a la catedral y al palacio virreinal, hasta que el segundo conde de Revillagigedo lo trasladó a otro sitio, a la Plaza del Volador, conociéndose como el mercado del Volador. En la plaza también se encontraba una serie de puestos de comida preparada y unas letrinas, por lo que las moscas, perros y roedores iban y venían entre tantos puestos y desperdicios. Otro problema para el desaseo urbano fueron las acequias o canales de agua que atravesaban la ciudad. Por dichos canales se veía a los vendedores traer su mercancía en canoas, también servían para dar paseos, pero a la vez se utilizaba como depósito de desperdicios y en muchos de ellos el agua no circulaba, su anegamiento causaba mal olor y un pésimo aspecto. Los caños también fueron objeto de preocupación, eran indispensables para desalojar los desechos de la ciudad, pero lo problemático estaba en que fueron construidos a nivel de la calle, en la superficie y abiertos, por lo que durante las épocas en que no llovía, exhalaban un olor insoportable; solo el agua de lluvia removía tanta inmundicia. Las medidas para combatir la insalubridad fueron muchas, como la expedición de reales cédulas y reglamentos y la publicación de bandos u ordenanzas, lo que refleja la aplicación de un programa de salud pública bien organizado. El virrey que más contribuyó a eliminar la insalubridad y a favorecer la urbanización fue Juan Vicente de Güemes Pacheco de Padilla y Horcasitas segundo conde de Revillagigedo.

Entre los remedios que se pusieron en práctica, cabe mencionar que desde el momento de la conquista el ayuntamiento mandó que los ciudadanos barrieran sus calles, no tiraran basura, ni animales muertos, como perros o gatos, ni agua sucia, ni cosas que olieran mal, eso debía trasladarse a las afueras de la zona urbana. Dicha disposición se repite a lo largo de los tres siglos del virreinato y se insiste en que la gente amontone su basura en determinados sitios, para que de ahí la recogiera la carreta de la basura, dos días fijos a la semana.

Por favor alcaldesa Yolanda Tellería haga algo y gánese un lugar de respeto en la historia local como alguien que hizo lo necesario y correcto por su municipio. Que se resuelva cuanto antes el servicio de limpias de la ciudad o de lo contrario habrá otros males que asolarán sin piedad a la ciudadanía. ¿Tú lo crees?… Yo también.

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