La creciente incorporación de la mujer al mercado laboral, el incremento de los hogares con jefatura femenina y el cuestionamiento de la autoridad patriarcal son los principales procesos que han modificado las relaciones al interior de las familias. Sin embargo, resultados de investigaciones han dado cuenta de la inequidad en la inserción laboral de hombres y mujeres, como feminización de las ocupaciones, segregación y discriminación salarial.
La distribución de las actividades económicas y domésticas entre hombres y mujeres experimentó cambios importantes en la última década. Pese a que ha aumentado la participación de los hombres en el trabajo doméstico y la incorporación de las mujeres en el trabajo extradoméstico, muchos hombres todavía desempeñan el rol exclusivo de proveedores mientras que un importante segmento de las mujeres centra sus actividades al mantenimiento de la infraestructura familiar, realizando las tareas domésticas.
Hombres y mujeres se desenvuelven y participan en la vida social y familiar de diversas maneras, su proceder se encuentra determinado por un conjunto de normas socioculturales que, implícita y explícitamente, están establecidas. En la vida cotidiana se muestra la lejanía de los beneficios del desarrollo socioeconómico y político dirigido hacia la mujer, ocasionando situaciones de mayor exclusión e inequidad con relación al género masculino.
Las encuestas sobre el uso del tiempo se presentan como un instrumento sumamente válido para cuantificar la magnitud del trabajo doméstico no remunerado. Generan datos que permiten comprender su estructura a partir de las diferentes “condiciones” experimentadas por las mujeres. La infravaloración del trabajo doméstico de reproducción es un tema importante que debe abordarse a través de iniciativas y políticas públicas que aboguen por la igualdad de género (Araya, 2003). Son una herramienta fundamental en los estudios de género porque visibilizan las grandes diferencias existentes entre hombres y mujeres a través de información sobre el uso que hacen de su tiempo (Inegi, 2014).
Con base en los resultados de la Encuesta Nacional sobre el Uso del Tiempo (Inegi, 2009), se observaron diferencias entre la población de zonas urbanas y zonas rurales, así como entre el tiempo que destinan hombres y mujeres a cada una de las 11 actividades revisadas. Por ejemplo, son mujeres de residencia rural quienes destinan mayores horas a las siguientes actividades: servicios domésticos no remunerados para el propio hogar, servicios no remunerados de cuidado y apoyo para miembros del propio hogar y aquellas actividades que tienen que ver con el cuidado personal. Como señala Damián (2005), en las áreas rurales la precariedad del trabajo doméstico es mayor, afectando la disponibilidad de tiempo sobre todo de las mujeres, debido a la enorme carencia de equipamiento ahorrador de trabajo doméstico. Son ellas las que desempeñan la mayor parte de este tipo de trabajo y, por tanto, del tiempo que en él invierten.
Los hombres de residencia urbana dedican mayor tiempo a las actividades relativas al uso de los medios de comunicación, acciones relacionadas a traslados para realizar actividades de estudio; de convivencia social, sea familiar, entre amigos, otras personas y la comunidad; asistencia a eventos culturales, de entretenimiento deportivos y competitivos; participación en actividades artísticas, juegos y aficiones y practican deportes y ejercicio físico.
Los datos de la encuesta muestran la mayor e importante participación de las mujeres en el trabajo no remunerado y la falta de oportunidades para desarrollar actividades fuera del ámbito doméstico que le retribuyan económicamente o les den un reconocimiento social, incluso les restan tiempo para la diversión y el descanso, en detrimento de su calidad de vida (Inegi, 2014).

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