Hasta el rusófobo Financial Times (FT) y Wall Street Journal no tuvieron más remedio que admitir que la vacuna rusa Sputnik V provee una inmunidad creíble, segura y eficaz –con una producción sustancial de anticuerpos para combatir al ominoso Covid-19– como demuestra la prestigiosa revista médica británica (sic) The Lancet.

Es real el “momento Sputnik” de la vacuna rusa pese al entendible escepticismo interesadamente farmacéutico de las empresas anglosajonas del Big Pharma que quedaron sembradas en el camino.

China, que ostenta también dos vacunas pioneras, ha entablado una cooperación con Rusia para probar mutua y clínicamente sus vacunas.

También Rusia y China están experimentando otras vacunas contra el Covid-19 con sus investigadores militares (sic).

Quienes más saben de “armas biológicas” en el mundo son EU y Rusia, por lo que no pasa por alto que ahora Moscú y Beijing se enfoquen al rubro militar cuando se desconoce si EU opera en el mismo sentido.

Ahora en EU quienes han criticado acerbamente a la vacuna rusa que se brincó la fase tres, se encaminan a imitar al Sputnik V para tener lista una vacuna tres días antes de la crucial elección presidencial en EU.

Pese a todos los bemoles, la vacuna británica de AstraZeneca se encuentra compitiendo el primer lugar con las vacunas chinas (sobre todo de CanSino).

El problema se ha vuelto exquisitamente geopolítico cuando la polémica OMS hoy se encuentra bajo la férula anglosajona del GAVI y de toda la fauna farmacéutica de Bill Gates y Michael Bloomberg que controlan las investigaciones y las mentes de sus epidemiólogos.

El otrora prestigioso Food and Drug Administration (FDA; por sus siglas en inglés) y Centers for Disease Control and Prevention (CDC, por sus siglas en inglés), dejaron entrever que están dispuestos a acelerar la “vacuna electorera” y tenerla lista tres días antes de la elección presidencial, por lo que enviaron una guía a cada Estado para prepararse a la distribución de la vacuna desde el primero de noviembre, en particular, para los grupos de “alta prioridad”.

El doctor Stephen Hahn, comisionado de la FDA, en una entrevista para Financial Times, comentó que su aceleración para saltarse la fase tres no estaba encaminada a ayudar la reelección de Trump.

Por cierto, Trump había acusado previamente a miembros de su archi-enemigo “Estado profundo (deep state)” de estar trabajando dentro del FDA para complicar los esfuerzos de pruebas clínicas de las vacunas contra el Covid-19 con el fin de “retrasar los resultados hasta después de la elección presidencial del 3 de noviembre”.

De forma inmediata, al día siguiente de la filípica de Trump, el FDA otorgó un “uso de autorización emergente” para el tratamiento (sic) contra el Covid-19 que usa plasma sanguíneo de los pacientes recuperados”.

FT –junto al The Economist de la banca Rothschild controladora de George Soros– nunca ha ocultado su aversión a Trump y advirtió que la decisión del doctor Hahn, director del FDA, de dar el visto bueno a la vacuna “probablemente sea una de las más importantes y sensibles en la historia de la salud pública de EU”.

El doctor Hahn comentó que no va a afectar su decisión la “convergencia de la pandemia con la temporada (sic) política”.

A propósito, el controvertido gobernador de Nueva York Andrew Cuomo, del Partido Demócrata, quien ha chocado con Trump por el manejo de la pandemia, criticó la “conveniencia” de tener a la mano un “medicamento milagroso (sic) para el día de la elección”, sin especificar si se trataba de la polémica “vacuna electorera” que se sacó de la manga el FDA.

Como era de esperarse, el presidente Trump comentó que no estaba buscando que la vacuna contra el Covid-19 se apruebe el primero de noviembre con propósitos para su reelección, sino porque deseaba “salvar a la gente”.

Una “vacuna electorera” a tres días de los sufragios beneficiará más a Trump que a Biden.

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