Josué Ledesma
Psicólogo, docente y escritor. Colabora en Malavida Promotora Cultural, ha publicado Cenicero (Malavida Editorial, 2017), sus colaboraciones literarias pueden ser encontradas en El club  de los Broken Hearts (2017), Propuestas culturales (2016), Los bastardos de la uva (2011) y la antología de poesía Señales para quien está de paso (Malavida Editorial, 2017). Estudia la especialidad en docencia (UAEH, 2017).

 

Los sismos del 7 y 19 de septiembre no solo sacudieron la tierra, también cimbraron nuestra psique, nuestros corazones, nuestra percepción de la realidad. Punto de quiebre, de inflexión, que nos obligó a releernos. Sí, aunque no lo creamos, siempre podemos reinventarnos. Cuántas veces hemos estado en los escombros y sin embargo regresamos al ahora; cómo le hacemos y resurgimos. Sí, como la máxima de la yerba mala. Aferrados y con la fuerza de los recién llegados. Sí, un par de sismos duelen, golpean, pero no exterminan. De eso trata este Maldito Vicio, escrito por Josué Ledesma.

 

Fuimos a Juchitán a sembrar esperanza y júbilo. La jornada comenzó con frío sentido en corazones dispuestos a bordo de gigantes de acero que nos llevaron hasta Oaxaca como parte de la jornada artística y para la repartición de víveres Va por ti Juchitán organizada por Foro Escénico 330 en colaboración con Ciartes YSi, Malavida Promotora Cultural, Construyendo Esperanzas A.C. y Brigada 13.
​Encontrar el desplome de edificios enteros, la presencia de campamentos a ras del bache y la grieta, fue sólo la superficie de la unión del pueblo, de la ciudadanía en extensión manifestando el amor, entereza y garra que se vive; se respiran sobras empolvadas de habitación, sala, patrimonio, se escucha el sonido de la fiesta de cumpleaños entre las piedras, transpira por la herida una sonrisa de muchos rostros y se siente en el abrazo de lágrimas que escurren sonrientes sobre rostros arrugados por el tiempo. Juchitán es la ciudadanía, medito.
​La primera parte de la jornada se llevó a cabo en una colonia conocida como La Quinta porque basta decir su nombre para saber que hay más como ella. Un asentamiento golpeado por la naturaleza en condiciones de marginación y pobreza, donde los vecinos arman pleito si sus derechos no son respetados o reconocidos por autoridades que dicen valen para nada y están allí porque sirven para lo mismo. El gobierno municipal adoptó la estrategia Empleo temporal para dosificar más menos dos mil pesos mensuales a cantidad de familias afectadas por los sismos de septiembre pasado así como por sus réplicas. Nos decía Fidel, el delegado de la brigada artística y brazo que nos recibió abierto y amistoso, que la gente se forma para recibir un boleto que después se canjea quien sabe cuándo por una despensa y la retribución económica a causa del cese de actividades laborales. Mientras cuenta el amigo Fidel, vemos personas pepenando el escombro para de allí hacer una cerca o una pared de madera o encontrarse una lámpara para aluzar la noche.
​En La Quinta nos recibieron sentados y con aplausos, porque así se saluda en esas tierras. Comenzamos entonces y leí Esa palabra no existe en lengua verdadera para dejar bien claro que íbamos a no rendirnos porque somos hermanos; hubo canto a Juchitán y cada pisada de Los venados nos devolvía la sonrisa a todos los allí presentes. Los compas Jonathan, Nayeli (Foro Escénico 330) y uno más, oriundo de Oaxaca, montaron en escena la obra de teatro callejero más alegre y profundo que hayan visto estos ojos en buen tiempo. Ana (Ciartes YSi) incitó a los niños a dejar ir lo que les sobraba, incluso cuando los pequeños pensaban que les faltaba todo. Se fueron en cuentas regresivas el exceso de temblor y el miedo y la tristeza, cambiaron todo eso por dulces y buen rato de alegría.
​Caminamos con el corazón en la garganta, el camino era un escenario de abandono, superficial repito. Al ir por las calles rumbo a La Séptima, nos desbordamos en celebración, un señor cumplía años y su familia nos fue a ver pasar. Detuvimos la caminata para bailar con ellos, niños y señoras que encontraron pareja de pista en los desconocidos que hasta ahora sólo iban haciendo ruido en el afuera. Me despedí con un abrazo de esa señora, le dejé hojas con poemas para el esposo. El corazón regresó a su sitio, más bombeante y caluroso.
​Repetimos la presentación en La Séptima cantando entre viento y lonas que parecían papalotes queriendo volar más allá, al grito de ¡arriba Juchitán!, una compañía de danza local abrió la presentación que fue acompañada de un niño voluntario que dio vida a una botarga de Cantinflas para moverse a los ritmos oaxaqueños. Los amigos de Inefable, agrupación de hip hop de La Quinta y La Séptima, rindieron tributo a la gente que murió entre el escombro y la incertidumbre. También nos recibieron y caminaron toda la jornada con nosotros.
​Conocimos a un maestro que recién fue a despedir la escuela. Nos contaron que ese día, todos fueron uniformados a darle el adiós a ese edificio hecho para el cultivo de personas. El maestro lloró frente a nosotros, nos explicó que su familia estaba toda reunida en la casa de su cuñado porque lo habían perdido todo, todos. Sólo le pude ofrecer mi abrazo, el corazón se me regresó a la garganta.
​Terminamos la jornada en Ixaltepec que está a veinte minutos de Juchitán. El panorama era el mismo. A bordo de la camioneta de redilas íbamos el grupo de artistas cuidando la cabeza de las ramas de árbol, platicando de los volovanes y las tlayudas. Un compa de la compañía de danza me contó que la gente mejor vive ahora afuera de su casa pero que no la abandonan; otros, disfrazados de autoridad, estuvieron entrando a las casas para realizar inspecciones pero saqueaban cuanto podían. La gente, más organizada, resguarda sus techos y montan guardia todo el día, unos se van a conseguir víveres, comida o a formarse en las filas del gobierno en tanto que otros se quedan en casa a acompañar el suelo.
​En Ixaltepec nació un gigante púrpura de entre el patio de una casa quebrada que en caravana de música e infancia invitaba a los vecinos que restaban para asistir a la presentación. Se impartieron talleres de pintura con el compa Tomás y se hicieron dinámicas con Ana. De nuevo Esa palabra no existe en lengua verdadera y poemas para rendir honor a la fuerza de las familias:

La gente,
bien bonita
sonriendo abrazos
son colores
la gente,
mutilando el tiempo
murmurando soles
sembrando, cosechando
corazones.

​Acabada la jornada nos dirigimos al Colibrí, un centro de acopio en donde nos dieron posada. La Brigada trece nos esperaba con un camión lleno de víveres y ropa que nuestro cansancio tuvo miedo y se fue a la esquina. Empezamos a armar despensas que se repartieron en la madrugada haciendo parada en diferentes sitios.
​Mientras unos cenaban tlayudas –nunca volveremos a comer unas tan ricas otros le seguían haciendo cadenas humanas para subir las despensas al camión.
​Concluyó la tarea, algunos alcanzamos más de una tlayuda. Me di un baño de agua fresca, vi caer la tierra de mi piel.

Director del mal: Jorge A. Romero
Colaboradores viciosos: Mayte Romo, Luis Frías, Ilallalí Hernández, Alma Santillán, Enid Carrillo, Erasmo Valdés, Óscar Baños, Rafael Tiburcio, Tania Magallanes, Daniel Fragoso, Julia Castillo, Isabel Fraga, Antonio Madrid, Víctor Valera, Sonia Rueda, y otros que, si bien no están, podrían caer en el vicio algún día.

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