Poco nos duró el placer de no hacer nada, de aburrirnos, de, simplemente, estar ahí. Las instituciones y las empresas se reinventaron y en unos cuantos días llenaron nuestro tiempo libre, como siempre. En mi casa, la mesa en donde comemos se volvió nuestra mesa de trabajo para, por momentos, volver a ser comedor en la tarde y, posteriormente, convertirse en salón de primaria para mi hija y de universidad para mí.

El tiempo de trabajo y el tiempo de ocio se confunden porque los pasamos en el mismo espacio, en nuestro hogar. Los expertos recomiendan hacer rutinas diarias y diversas para no estar todo el tiempo trabajando o todo el tiempo sin hacer nada “productivo”. Debemos buscar un equilibrio.

En una asignatura que imparto para la licenciatura en artes visuales, irónicamente, en este periodo de cuarentena estamos analizando las relaciones entre arte y desplazamiento, es decir, aquellas obras en las que el autor al caminar o viajar hace la obra. También observamos obras en las que un objeto o el público se desplazan de un punto hacia otro como parte de la experiencia estética. Revisamos obras post estudio, las cuales son piezas de arte elaboradas fuera del taller del artista.

La mayoría de los días caminamos en círculos repetitivos, un recorrido que va, casi sin excepción, de nuestra casa al trabajo y viceversa. Sin embargo, caminar sin sentido, hacia ningún lugar, caminar porque sí es una actividad placentera. Baudelaire, Walter Benjamin y Guy Debord lo disfrutaban y eso dio pie a algunas de sus grandes obras y legado.

Entre mis caminatas favoritas de la historia del arte siempre tengo presente a André Bretón. En 1924, al lado de Max Morise y Roger Vitrac eligió al azar ir a pie de un poblado a otro en Francia. Uno de los objetivos era llevar el cuerpo a una situación extrema de cansancio y desorientación con la intención de abandonarse al inconsciente, es decir, la “exploración hasta los límites entre la vida consciente y la vida soñada” (Careri, 2009, pp. 80-81).

Cabe destacar que en este viaje era más importante el trayecto que el destino, y si hacemos una analogía con nuestra existencia, al menos desde un enfoque Heideggeriano, lo importante en la vida es el trayecto, no el fin, que en este caso sería nuestra propia muerte. La vida es un viaje.

¿Cómo viajar entonces, en tiempos de pandemia? Antes que nada, hay que señalar que nuestra relación y experiencia con el espacio ha cambiado recientemente gracias a los dispositivos geolocalizadores, los cuales cargamos todo el tiempo en nuestros teléfonos celulares. Hoy en día no es fácil perderse si tenemos conectividad a internet, ya que podemos seguir las indicaciones que nos dicta una aplicación como Google Maps. El dispositivo nos da información, al mismo tiempo que nosotros se la damos de nuestros recorridos diarios y de nuestra vida íntima.

Juan Martín Prada (2012) llama arte locativo al tipo de obras en donde los artistas utilizan ese tipo de tecnologías. Google Street View destaca por la posibilidad de ofrecernos un recorrido virtual que va desde una vista aérea satelital hasta la observación detallada de las calles y casas de prácticamente cualquier ciudad o población. Claro que esto no es posible en tiempo real, pero si usted quisiera ver los callejones de Venecia en este momento, podría hacerlo y vagar virtualmente por esa bella ciudad si así lo desea. Si lo que le gusta a usted, más que ver el paisaje, es ver lo que hacen las demás personas, también lo puede hacer con esa herramienta, tal y como lo hizo John Rafman en su proyecto Los nueve ojos de Google Street View en donde pacientemente navegó por la aplicación hasta encontrar escenas o imágenes tomadas por una máquina al azar, las cuales parecerían ser composiciones elaboradas por algún virtuoso fotógrafo documental. En la serie de imágenes seleccionadas por Rafman podemos ver a ciervos corriendo en la carretera, a animales salvajes transitando en calles desiertas y hasta a señoras peleando a golpes en el espacio público.

Si está aburrido y no decide qué ver en Netflix, vaya a dar una vuelta en Google Street View, y si tiene suerte tal vez encuentre alguna escena chusca, como el artista Michael Wolf, cuyo grupo de imágenes encontradas en internet da título al proyecto “Una serie de eventos desafortunados”, en donde se observa a personas fotografiadas en la calle justo en el momento de caer al piso.

Referencias Careri, F. (2009). Walkscapes. El andar como práctica estética. Barcelona: Gustavo Gili.

Prada, J. (2012). Prácticas artísticas e internet en la época de las redes sociales. Madrid: Akal.

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