Desde el inicio de Internet como un medio de comunicación universal, inmediato, interactivo, bidireccional y multimedia, se ha generado un proceso de comunicación con una alta posibilidad de retroalimentación. Por ello, las distintas comunidades virtuales desde su creación han considerado diferentes formas de comportamiento dentro de estos espacios digitales para favorecer las relaciones que en ellos se desarrollan.

Estos comportamientos se conocen como netiqueta, es decir, normas y reglas de comportamiento que se relacionan a las formas de etiqueta que se seguirían en un evento social, pero esta vez de manera virtual.

Cada espacio digital ha buscado conformar una arquitectura del medio que permita netiquetas positivas, para mantener un orden favorable en el ciberespacio. Por ejemplo, cuando Facebook inició solo tenía la opción de “me gusta”, de tal forma que no se nos daba la opción de “no me gusta”, lo que prevalece hasta hoy en día; lo que sí, es que ahora nos permiten otras reacciones a un comentario como “me encanta”, “me divierte”, “me asombra”, “me enoja” o “me entristece”, estos últimos aunque pueden tener una carga negativa, es ambiguo, por lo que se sigue buscando un comportamiento agradable.
Sobre estas reacciones, es curioso que más que el “me enoja” o el “me entristece”, ha sido el “me divierte” el que más discusiones ha acarreado. Al parecer, la gente se ha sentido ofendida de que sus “amigos” de estos espacios virtuales los tomen a burla o chiste.

Pero más allá de la arquitectura que crea el medio, o de las opciones de reacciones que te dé una plataforma virtual, es difícil poder controlar qué escribirán los usuarios del ciberespacio. Si bien en algunas comunidades virtuales existe la posibilidad de que un administrador pueda ocultar, eliminar o solicitar algún cambio en las publicaciones, hay muchos espacios donde este control está lejos de existir.

Entonces, ¿cómo podemos saber si vale la pena o no involucrarse en una discusión a través de este medio virtual? Lo que nosotros, de manera individual, podemos observar es hacia dónde van los comentarios, son similares a nuestras ideas o se contraponen fuertemente. Esto es un pulso que nos puede dar idea de si nos conviene enfrascarnos en cierto tipo de publicaciones o será mejor dejarlo pasar, además de poder ver en qué tono se están dando los comentarios.

Otro elemento a considerar para decidir si comentamos dentro de la publicación polémica o escribimos nuestro punto de vista dentro de una discusión en redes sociales sería qué tanto conocemos a los involucrados. El conocimiento previo del usuario nos permite adelantar cuál será su respuesta al comentario que hagamos y en qué sentido puede ir el diálogo.

Por último, consideremos la pertinencia de entrar a una discusión en un medio virtual que como ya se mencionaba al principio se maneja en la temporalidad de la inmediatez, por lo tanto, es muy común que un tema que hoy está en boca de todos mañana ya nadie hable de él. Algunos autores han denominado a esto el zapping actitudinal, es decir, qué tanto comparto o publico algo porque es como pienso, o porque espero un cierto tipo de retroalimentación que dé más atención a mis publicaciones.

Tal vez nos hayamos encontrado con usuarios que hoy publican a favor de cierto movimiento, y al otro día comparten una nota que contradice esa publicación. En muchos momentos de nuestra vida cotidiana, fuera del ciberespacio, nos conducimos diferente, generamos varias facetas que nos permiten relacionarnos con personas distintas; así pasa igual en los espacios virtuales, pero se potencia, ya que estos espacios no nos limitan a un solo tipo de relación interpersonal, además que permiten un grado de anonimato que para muchas personas es un momento perfecto para crear un personaje que difícilmente serían en sus relaciones cara a cara.

Las netiquetas y las arquitecturas positivas siempre estarán presentes en todas las plataformas virtuales, pero no siempre es posible controlar las acciones, actitudes y comportamientos de todos los usuarios de las mismas, así que solo nos queda a cada uno de nosotros evaluar con cuidado si vale o no la pena ser parte de una discusión por estos medios digitales.

En esta ocasión, les recomiendo el primer episodio de la tercera temporada de “Black mirror”, serie producida por la plataforma de streaming Netflix, titulado “En picada”, realidades distópicas que no están muy lejos de ser nuestra actualidad.

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