Valor nacional

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Roberto Pichardo Ramirez

Vestir la camiseta representativa de un país puede resultar una actividad permisible. Por ejemplo, por el hecho de que es considerado “un acto de honor”, algo opcional, ni el posible convocado ni el club en que milita tienen la obligación de atender el llamado a la selección nacional.

Por eso, Rayados no permitió que Jonathan González acudiera al Mundial sub20 de Polonia, pues deseaban contar con la plantilla completa durante la liguilla. En contraste, León sí le permitió a José Juan Macías acudir a la justa mundialista aunque ello significara perderse la final de la Liga Mx. En retrospectiva, esa decisión no favoreció a ninguna de las dos partes.

Las críticas hacia el esquema del seleccionado mayor son diversas, pero también muy puntuales. Principalmente, suele aludirse al exceso de compromisos mediáticos y comerciales de los jugadores, lo cual los distrae de sus responsabilidades deportivas. Además, se recrimina la devaluación del concepto de representación internacional: poco importa competir en nombre de México cuando ya eres exitoso individualmente.

Este par de argumentos no podrían aplicarse a los jóvenes de categorías inferiores. En el caso de quienes conformaron la selección que salió desairada de Europa Oriental, se ve replicado un fenómeno que se ha manifestado constantemente en los últimos años. El semillero de nuevos talentos se ve permanentemente corrompido por manejos turbios y procesos interrumpidos o mal planificados. Dicho de otro modo: los futbolistas de 20 años ya deberían haber madurado lo suficiente como para competir en instancias internacionales.

Volvamos a lo mediático. El caso de Diego Lainez invita a una nueva reflexión sobre la importancia de mantener las expectativas en un encause moderado, no tanto para el deportista, sino para lo que se espera de él. Consolidar a un solo hombre como figura mesiánica puede consolidar ídolos, pero también hacerlos caer. Y en México no somos un público nada fácil: seguimos lapidando al goleador histórico del Tri por su falta de técnica.

Los valores que deberían rodear a un colectivo representativo se han desvirtuado en varios niveles y desde diferentes estratos. Entre directivos que anteponen lo comercial a lo deportivo, jugadores poco comprometidos, prensa sensacionalista y afición insaciable, se ha perdido la ilusión de vestir los colores patrios ante los ojos del mundo. Veremos cómo reivindican los “mayores” a sus sucesores.

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