Justicia para Santiago Maldonado y todas las víctimas del terrorismo de Estado en nuestra América.
A lo lejos parece una membrana obscura, traslúcida que viste parte de la arquitectura de la ciudad porteña de Valparaíso, Chile. A ratos se mueve, se desdibuja y se vuelve a dibujar generando una textura visual en la parte baja de los edificios que a partir del metro y medio se comienza a difuminar según se incrementa la altura. Se trata de “tags”, que más allá de las rayas, es la firma que el grafitero común plasma en cualquier espacio visible al público y desde el cual hace manifiesto su individualismo más voraz, su manera de manifestarse y su “protesta” social. Los críticos del capitalismo lo han llegado a catalogar como obra de arte porque le encontraron la manera, como todo lo que toca el capitalismo, de venderlo, destruir su sentido y mediatizarlo desde el poder hegemónico.
En estos muros colectivos sin colectividad o trabajo colectivizado alguno, también conviven extraordinarias piezas de arte urbano, ejecutadas con técnicas de aerosol desarrolladas magistralmente pero mayoritariamente huecas en sus contenidos, como ilustraciones monumentales sin sentido, fuera de contexto en el espacio público y tremendamente bellas para decorar edificios. Pero, también el muralismo chileno abrió el espacio en esta ciudad, que se antoja multicultural, para debatir y cuestionar la realidad para transmitir la voz de los sin voz, para restregarle al sistema que en Chile, como en toda América, se volverán abrir las grandes alamedas para que pasen mujeres y hombres libres construyendo mundos mejores como alguna vez señaló el presidente Allende antes de ser asesinado.
Ahora se vuelve abrir un espacio que, desde el Colectivo Brigada Ramona Parra (BRP) en coordinación con otros colectivos, instituciones y con una alcaldía que atinadamente construye desde, con y para los ciudadanos, se llamó Encuentro Latinoamericano de Muralismo como continuidad del primer Encuentro Internacional de Muralismo de la ciudad chilena de Osorno.
Así, la enseñanza y la experiencia de la BRP compartida durante la jornada de muralismo, se volvió fundamental para quienes hemos ido dejando nuestra historia en los muros y andamios. Desde el filete negro en las figuras, la alegoría y el simbolismo libertario y justiciero del digno pueblo chileno, la estética de la BRP se construyó por necesidad en los crueles años de la dictadura, bajo la amenaza de detención y la persecución militar y policiaca que obligó a los artistas y ciudadanos a sintetizar en sencillas imágenes henchidas de simbolismo todo un discurso de libertad para poderlo pintar a velocidad y en la clandestinidad. Y desde esta estética los artistas chilenos le enseñaron al mundo que el papel del artista militante junto a su pueblo es necesario en todo proceso revolucionario y libertario.
Y contra toda lógica, o más bien dentro de toda la lógica del capitalismo, en medio de la jornada de muralismo llegó al puerto un abominable pato de hule monumental para flotar en los mares de la frivolidad producto del arte del neoliberalismo y cuyo autor se esconde tras el aparato teórico del “ready-made” de Marcel Duchamp para justificar la tomadura de pelo que con un mensaje “pacífico y armónico”, se fue desinflando literalmente, en una coyuntura en la que el pueblo mapuche está siendo violentamente despojado de sus territorios.
En este marco, el Encuentro Latinoamericano de Muralismo, también en homenaje a Violeta Parra en los 100 años de su natalicio, dejó un testimonio real de lo que es el arte público latinoamericano, con su función social y lo que por naturaleza genera el muralismo: unidad. Sin disfraces mediocres de “paz y armonía”; sin aparatos teóricos o mediáticos escondidos en el capitalismo salvaje; sin decoraciones bellas y frívolas; sin “neos”, ni motes, ni como extensión del neoliberalismo. Sino más bien, como manifestación de mujeres y hombres libres.

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