Lol Canul

Hacer una revisión de los problemas ambientales en los últimos meses arroja noticias poco alentadoras: aparición de sargazo en playas, deforestación, lluvia ácida, mala calidad del aire, extinción de especies de flora y fauna, saturación de rellenos sanitarios, entre otros. Esos mismos han mostrado afectar hábitos de la vida humana.

Ante el panorama, es cierto que es necesaria la atención a la preocupación medioambiental y la atención a la salud donde los cambios en estilos de vida apunten a reducir los riesgos existentes y a promover comportamientos de cuidado. Pero se debe mantener una postura crítica que no nos desvíe del tema, ni lo desvincule de su profunda raíz social y económica.

El fin de semana pasado se llevó a cabo un evento de nombre Vegológico, descrito en su página como “bazar vegano ecológico, marcas conscientes y con causa, comida deliciosa, asesoría en imagen física”, que me dejó una crítica en cuanto a los mensajes leídos detrás de su dinámica. El lugar elegido fue un complejo residencial de departamentos cuyo eslogan en su página oficial se lee “Oasis de altura”. La ubicación está sobre una vía cuya planeación deja olvidadas las necesidades peatonales. La entrada no tenía ningún costo, el número de stands fue reducido, sin embargo, sí ofrecía variedad de productos.

Aplaudo la organización, que busca impulsar la venta con una lógica de veganismo y sensibilidad con la ecología, en parte es una de las iniciativas necesarias para conocer una oferta amplia de productos de ese tipo; pese a ello, es justo señalar que la mayoría de marcas expositoras pachuqueñas tienen muy poco tiempo de estar en el mercado, cuando en la ciudad existen tiendas y colectivos con estos mismos principios que llevan varios años promoviendo una cultura de producción y consumo ético, sustentable y vegano.

Las personas detrás de los stands tenían características en común: muy jóvenes, tez clara, ropa de marca; muy similares al grupo de asistentes, entre los que destacaron líderes políticos que no perdieron oportunidad de sacarse una fotografía en la fuente del lugar. Mi lectura tiende entonces a un escondido clasismo que busca aprovechar la resonancia de los problemas ambientales y de salud para convertirse en un mercado de moda.

El objetivo del evento Vegológico no aparece expuesto en sus redes sociales, lo que permite suposiciones del mismo. Si buscase promover una consciencia sobre tendencias en ecología y veganismo pudo haberse realizado en espacios públicos, a los que las personas de todo estrato tienen acceso, además de que cuentan con movilidad peatonal y transporte público –que, por cierto, parte de la ecología nos debe plantear soluciones a la calidad del aire y el uso de transporte privado–. Otro aspecto cuestionable es el costo de los productos traídos de lugares como la Ciudad de México a costos más altos que los que se encuentran con los vendedores locales.

Debo señalar que ser consciente de la ecología no implica comprar productos que se hagan llamar a sí mismos ecofriendly, sino un cambio de hábitos que tienen efecto en la huella medioambiental, como las prácticas de consumo y de manejo de residuos. Si alguien busca volver una moda la justificada tendencia por el consumo consciente y ético, al menos debería retomar las iniciativas locales de productos y servicios, además de incluir principios de interseccionalidad, evitando fomentar el mensaje de que solo cierto sector de la población –de cierta clase, de cierto color, con ciertos privilegios– tiene acceso o puede costear ese mercado.

El desafío más grande es la construcción de una sociedad sensible y activa en torno a una vida sustentable, de la que participe gobierno, empresas y consumidores, pues todos estos actores se ven afectados por los problemas de la contaminación ambiental; las consecuencias de las formas de producción y consumo afectan a todas las personas, volviendo triviales las diferencias. Cada esfuerzo que se haga debe pensar, entonces, a la humanidad sin distinciones.

Twitter @lolcanul

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