Demetrio Rodríguez, estudiante de la Universidad de Guadalajara, analizó la reacción de células tumorosas de cáncer de mama ante la aplicación de toxinas de veneno de alacrán

PABLO MIRANDA RAMÍREZ / AGENCIA CONACYT

Guadalajara.– Depredadores a nivel del piso, de ocho patas, tenazas y aguijón. Los alacranes son arácnidos, al igual que las arañas, garrapatas y ácaros, y utilizan el veneno de su cola como método de ataque y defensa. Ese cóctel tóxico es rico en sustancias con múltiples funciones y contiene proteínas que pueden ser usadas para cambiar el comportamiento de células tumorales.

Como parte de un proyecto gestado desde hace 10 años, Demetrio Rodríguez Fajardo, estudiante de octavo semestre de la licenciatura en medicina del Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS) de la Universidad de Guadalajara, analizó la reacción de células tumorosas de cáncer de mama ante la aplicación de toxinas de veneno de alacrán.

“Lo que hicimos fue buscar venenos de alacranes presentes en el occidente de México, conocer sus características, entender las proteínas que los componen y probar los efectos de estas en líneas celulares tumorales humanas para valorar su influencia en el crecimiento o proliferación celular tumoral, así como otros parámetros”, indicó el estudiante tapatío.

Rodríguez Fajardo explicó que ese trabajo abordó un estudio in vitro en células tumorosas de cáncer de mama, particularmente en aquellas con mutaciones en los genes BRCA1 y BRCA2, que están implicados en el combate al crecimiento incontrolado de células en el cuerpo.

Una vez identificadas las proteínas de los venenos de alacranes de Colima (centruroides limpidus tecomanus) y de Durango (centruroides suffusus), se aplicaron a los modelos in vitro. Demetrio Rodríguez dijo que analizó un tipo de proteína que tiene la capacidad de bloquear a otras implicadas en los mecanismos de reparación celular.

De esa manera, la sustancia del veneno impide que las células cancerígenas sigan duplicándose: “Hay una proteína que como efecto inhibe a una familia de proteínas que participa en los mecanismos de reparación celular; al bloquearse lo que hace es que la célula cancerígena no pueda replicarse porque no tiene suministros para proliferar”.

Para conocer los efectos de las proteínas del veneno, Demetrio Rodríguez las aplicó en modelos in vitro. El estudiante detalló que en esa investigación utilizaron métodos cromatográficos, a través de los cuales separaron los componentes del veneno para que estos posteriormente sean administrados sobre líneas celulares tumorales.

“Nos centramos en ver cómo reaccionaba en cierto tiempo el desarrollo de estas células tumorales, en comparación con un grupo control y un grupo con un tratamiento convencional de quimioterapia oral, y analizábamos los efectos en parámetros como el crecimiento y proliferación celular.”

Demetrio Rodríguez indicó que también estudiaron la composición global de los venenos para conocer características como la cantidad y proporción de aninoácidos o proteínas que contenía.

Posteriormente, analizaron los efectos de las proteínas del veneno para saber si provocaban efectos sobre la muerte celular con fenómenos de apoptosis o necrosis y llevaron a cabo estudios para reconocer las vías celulares a través de las cuales algunas proteínas de interés podrían ejercer acciones.

El estudiante compartió que aunque la idea nació hace 10 años, fue durante 2013 cuando empezó a observar los primeros resultados luego de la experimentación. Demetrio Rodríguez aseguró que al ser un proyecto emergente, dichos resultados son los primeros pasos para consolidar la investigación.

A finales del año pasado, el proyecto Caracterización e identificación de elementos modulares de la respuesta tumoral presentes en venenos provenientes de especies de género centruroides con predominio en el centro occidente de México en un modelo de cáncer mamario fue galardonado con el Premio Estatal de Innovación, Ciencia y Tecnología Jalisco 2018, en la categoría de investigación temprana.

Fortaleciendo el camino científico

Actualmente, Demetrio Rodríguez tiene 23 años, pero recuerda que cuando cursaba la secundaria en una de sus clases de biología se habló sobre los venenos de animales, y aunque la clase no fue la mejor, como confesó el estudiante, sirvió para sembrar la duda acerca de los efectos de esas toxinas.

El joven investigador relató que en aquellas épocas perdió a quien consideraba su segunda madre, víctima del cáncer de mama. Influenciado por la pérdida y convencido de querer hacer algo contra esa enfermedad, Demetrio Rodríguez recordó la clase sobre venenos: si eran útiles para destruir tejido, por qué no estudiar su uso contra el crecimiento celular sin control, se cuestionó.

Por iniciativa propia, el tapatío empezó a buscar expertos que conocieran sobre el uso de venenos en la salud. Pese a ser un estudiante de secundaria, en ese entonces Demetrio logró contactar a especialistas del CUCS y de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quienes poco a poco lo orientaron para aterrizar la idea de investigar toxinas.

“Los venenos animales, en especial el del alacrán, se me hacen muy interesantes porque aún desconocemos mucho de ellos, son especies que datan del periodo Silúrico, de hace 400 millones de años, son animales con mucha información que aportar.”

Aunque esa investigación apenas es incipiente, Demetrio Rodríguez aseguró que ese tipo de estudios pueden profundizarse y fortalecerse para, en un futuro, desarrollar protocolos de experimentación en otro tipo de modelos, y en un largo plazo generar algún tratamiento que utilice las propiedades del veneno de alacrán para detener el avance de distintas enfermedades.F

Aunque la idea nació hace 10 años, fue durante 2013 cuando empezó a observar los primeros resultados luego de la experimentación, por lo que estos son los primeros pasos para consolidar la investigación

El proyecto abordó un estudio in vitro en células tumorosas de cáncer de mama, aquellas con mutaciones en los genes BRCA1 y BRCA2, implicadas en el combate al crecimiento incontrolado de células

“Lo que hicimos fue buscar venenos de alacranes presentes en el occidente de México, conocer sus características, entender las proteínas que los componen y probar los efectos de estas en líneas celulares tumorales humanas”

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