En los albores del siglo XX, México vivió la década más violenta de su historia. Sangre y traiciones marcaron el rumbo de una joven nación que anhelaba un destino más democrático.

El papel heroico de los caudillos del movimiento ya está registrado en las páginas que abordan la Revolución Mexicana.

Pero aún hay una historia que contar, la de los hombres que conformaron la División del Noreste, uno de los cuatro pilares del Ejército constitucionalista. Aquí se entremezclan la historia política y militar con los retratos de quienes tomaron las armas y decidieron matar o morir por la consolidación del país.

Esa podría ser una síntesis del libro de Pedro Salmerón Sanginés, Los carrancistas, que viene a ser la historia nunca contada del victorioso Ejército del Noroeste.

El autor nació en Coatzacoalcos, Veracruz, en 1971, pero se crió en Celaya, Guanajuato, donde fue obrero durante tres años. Es licenciado, maestro y doctor en historia por la UNAM. Ha escrito una veintena de textos académicos y cinco libros sobre historia de México. Es profesor del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), futbolista aficionado y padre de dos niños.

Menciona que durante la etapa reyista del porfiriato en Coahuila, el principal operador político del gobernador Miguel Cárdenas (1894-1909) y del general Bernardo Reyes en el distrito de Monclova, fue don Venustiano Carranza, nacido en Cuatro Ciénegas en 1859. En esos años fue presidente municipal de su villa natal, diputado local, senador suplente, senador propietario, gobernador sustituto de Miguel Cárdenas de septiembre a noviembre de 1908 y, finalmente, en 1909 candidato al gobierno del estado.

Además de esa larga experiencia en la política local y de una propiedad medianamente próspera, don Venustiano tenía tras de sí una herencia decisiva y un grupo de amistades fundamentales.

El coronel Jesús Carranza, padre de Venustiano (1813-1899), luchó en las brutales guerras contra los comanches y las no menos sangrientas contiendas contra conservadores y franceses.

Salmerón hace breve apunte de la personalidad de don Venustiano.

“Cierto es que, una vez desatado el poder de su terquedad, no retrocedía hasta que los hechos le daban la razón o la culpa, pero también es cierto que después de esos estados de poseído, sabía ponderar las circunstancias.”

El 13 de agosto de 1914, la revolución se erguía triunfante sobre los restos del antiguo régimen, pero la victoria se empañaba por las diferencias personales y de proyecto que dividían a los vencedores. La más evidente era la que separaba al Ejército Constitucionalista del Ejército Libertador del Sur.

El Ejército Constitucionalista había llevado casi todo el peso de la lucha contra el gobierno de Victoriano Huerta, apoyado por el Ejército federal y las instituciones forjadas por el régimen porfiriano.

Salvo las fuerzas del Ejército Libertador del Sur, los revolucionarios de todo el país estaban incorporados de una u otra forma al Ejército Constitucionalista. Formalmente, era indiscutible el carácter de Venustiano Carranza como primer jefe y encargado del Poder Ejecutivo, que en marzo de 1913 se había otorgado o le habían otorgado los revolucionarios de Coahuila mediante el Plan de Guadalupe.

Sin embargo, en agosto de 1914 estaba más que claro que numerosos grupos habían aceptado la jefatura de Carranza únicamente mientras durara la lucha contra Huerta, y que, vencido ese gobierno, su mando y la misma existencia del Ejército Constitucionalista ya no tenían razón de ser.

Y así fue, hasta llegar al trágico epílogo al ser asesinado en Tlaxcalantongo.

Bajo el sello editorial Paidós, la primera edición impresa en México fue en enero de 2010.

Venustiano Carranza

Comentarios