Peña Nieto fue a Canadá solo a ponernos en ridículo. En los discursos de conclusiones echó su cuarto a espadas –como si estuviera en un mitin arreglado por Eruviel con precaristas en Atlacomulco– y fustigó a los populistas, tachándolos de enemigos de cualquier patria. Envalentonado por tener 15 minutos de fama, ¡la volvió a cajetear!
Presionado y desconcertado por las preguntas de una periodista, englobó en su etiqueta a todos los oportunistas populistas que luchan por resolver los derechos de ancianos, mujeres y niños, sin importar el contexto, comparándolos con las promesas de Hitler y Mussolini, que causaron las grandes tragedias del siglo pasado. Todo un discurso de rancho.
Barack Obama respondió, sintiéndose aludido y encasquetándose un corsé que le queda demasiado guango, pues es el de John F Kennedy al visitar Berlín en la década de 1960, un lugar sujeto a múltiples sospechas de la Guerra Fría, rematando su perorata con un “yo soy berlinés”, que le ganó la simpatía de capitostes y comunistas.
“Yo soy populista”, dijo el hawaiano habilitado por los grandes trust financieros de Nueva York como inquilino de la Casa Blanca durante ocho años, los necesarios para recoger todo el tiradero que dejó George Bush jr con sus incursiones bélicas y mentiras de capirote. Hasta en esa encomienda falló.

El de Obama, un populismo de derecha

Peña Nieto es demasiado tierno para jugar en esas ligas del TLC de América del Norte. Jamás se dio cuenta de que, durante los días de las reuniones de jefes de estado en Canadá, sus homólogos se dedicaron a chorearlo y a agarrarlo de bajada –“yo soy docente”, le dijo Trudeau cuando el atracomulca lanzó su perorata antimagisterial–, como a un payaso de las cachetadas. Una verdadera lástima el chaparrito.
Cualquier persona que no hubiera sido formada en Toluca, con las manos imperitas del Grupo Atracomulco hubiera podido responder que existen populismos de izquierda y de derecha, así como populismos que no llevan a ningún lado. El caso de Obama se prestaba para eso y para más. El inquilino de la Casa Blanca se puso de a pechito.
El populismo al que se acoge Obama es el de derecha, que ha querido utilizar mañana, tarde y noche, como despropósito para desbarrancar la campaña de Hillary. Solo a él se le ha ocurrido prometer una ley en favor de los migrantes, vetar las disposiciones del Congreso en ese sentido, el desbloqueo cubano y el Obamacare, sin contar con el apoyo de las cámaras en manos de republicanos.
No puede hacer más, el presidente gabacho más acotado de casi todos los tiempos. Pero como no hay argumentos qué esgrimir, no hay tela qué cortar frente a sus dislates, Peña Nieto se queda impávido, regañado, como niño contrariado que no pudo burlar a sus docentes. Y de paso, nos avergüenza.

El populismo de Peña Nieto, no lleva a ningún lado

El populismo que ataca Peña Nieto ha de ser el viejo fantasma que lo persigue cuando algún hambriento o miserable pide justicia y el reclamo lo atribuye al padrinazgo de la izquierda, tan temida por todo su gabinete. Si algún tipo de populismo profesa él, es el que no lleva a ningún lado.
Los programas nacidos de los conceptos de la globalización, en boga hace dos décadas –Solidaridad, Prospera, o como se vayan a llamar mañana– han fracasado en dondequiera. No hay cómo defender al peñato si su obsesión es actuar bajo su cobijo, con un modelo de libre comercio, bajo el escrutinio de Estados Unidos. A lo mejor, por eso se queda catatónico ante la voz del amo.
Porque todos, incluidos los promotores de la globalización como “único modelo para el éxito de las naciones y trabajar por la democracia”, han aceptado desde hace más de una década que estaban equivocados, y han pedido perdón al mundo en todos los tonos.
En ese repertorio de benefactores arrepentidos se enlista a John Willamson, el principal impulsor de la idea. Jeffrey Sachs, gran halcón de “las políticas de choque”, Lawrence Summers, exsecretario del Tesoro de Clinton, rector de Harvard e ingeniero financiero de las grandes corporaciones.
Joseph Stanislaw, cabeza de playa de la privatización de todos los recursos petroleros; Alan Greenspan, excajero de la Reserva Federal del Imperio; Robert Rubin… y hasta el magnate George Soros, entre muchos otros, que tuvieron que admitir, ante todas las audiencias planetarias, que habían ‎fracasado.

Siguen a pie juntillas una globalización ya fracasada

Las actas de defunción ‎de la desastrada economía global fueron conocidas a tiempo por todos los países sujetos a la zona de influencia estadunidense. Usted y yo hemos comentado, desde hace años, que los más sensatos abandonaron a tiempo las tutelas del FMI y del Banco Mundial y salvaron activos condenados al desastre.
Los más ilusos siguieron aplicando las recetas a pie juntillas, como si se tratara de un artículo de fe y acabaron como nosotros, en la quiebra moral, económica y financiera. Ejemplos escandalosos sobran, pero con el nuestro, todos tomaron decisiones valientes y oportunas, vacunándose de inmediato.
Ideólogos de talla mundial, como Paul Krugman, el Nobel Joseph Stieglitz y William Finnegan ya habían alertado sobre el hecho de que el modelo neoliberal global no solo iba a empobrecer al mundo, sino que también amenazaban convertir a los Estados Unidos en una Banana Republic, con déficits en todos los sectores.

Ejecutan ciegamente el desmantelamiento del Estado

‎Los mexiquenses de la tolucopachucracia solo pueden poner cara de azoro si alguien se atreve a enmendarles la plana. Ellos van derecho al abismo, y no se quitan.
‎Pero entre los financieros de la tolucopachucracia, antiguos mozos de egresados de Chicago, la obediencia a los organismos que tienen como principal objetivo la desregulación y el desmantelamiento del Estado, requieren de ejecución ciega, sin miramiento alguno.
La implementación a ultranza de la teoría “de la libre elección”, sobre bases monetaristas y de ofertismo fiscal para los poderosos, esgrimidas desde mediados de la década de 1960 del siglo pasado por el teorizante de cabecera de los Chicago Boys, el nefasto Milton Friedman,‎ es el primer mandamiento de la Ley de Dios.

EPN, “está perdido y no sabe qué camino” lo trajo aquí

‎Sin embargo, el mandatario Chespeñita –como lo motejaron en las redes sociales– andaba entre Trudeau y Obama como chiquitillo que ha perdido sus canicas y no sabe quién se las robó.
‎Parece que todavía ha de seguir cantando aquélla del jarocho Víctor Manuel Mato Argumedo: “Estoy perdido y no sé qué camino me trajo hasta aquí”‎. Lo malo es que en ese desaguisado, en esa confusión mental del gobernante, nos pasa a atropellar a todos.
¡Hasta cuándo, por Dios!

Índice Flamígero: Para don Miguel Ramírez –quien me escribe desde Torreón, Coahuila– el atracomulca mayor es “el Rey Midas, pero al revés: Y cuando terminó de entender lo que había escuchado se dio cuenta que su discurso estaba hecho añicos. Ya no podría seguir utilizándolo como espantapájaros porque no se asustaría con él ni un colibrí recién nacido. Tendría que buscar algo diferente para distraer a sus gobernados y que no se le siguiera criticando por su falta de preparación, su corrupción todo terreno, sus innumerables conflictos de interés, su falta de sensibilidad, su narcisismo extremo, sus reformas que son rechazadas por diversa gente y muchos otros defectos que forman su personalidad. Empacó sus maletas y abandonó Canadá para dirigirse a la Cumbre de la Alianza del Pacífico. No la tiene nada fácil este funcionario. Es tan dañino que ya se le considera la antítesis del Rey Midas.” +++ Sobre las amenazas de Oso…rio Chong al movimiento magisterial y de cómo con ello se le escapó la candidatura presidencial de lo poco que Peña Nieto ha dejado del PRI, le platico mañana.
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