Por encima de la victoria electoral del 4 de junio en el Estado de México, corresponde a la tozuda oposición mexiquense haber obtenido la victoria política de desentrañar los bajos fondos, las coladeras y atarjeas de esa forma patrimonialista y chusca de ejercer el poder. También el indiscutible triunfo moral de haber puesto contra la pared al nefasto sistema de colusión que lo sostenía.
‎Bastaron unos cuantos días para destapar esas cañerías. El miedo, uno de los peores consejeros de cualquier gobierno, logró que los mexiquenses recurrieran a todo tipo de soluciones salvajes para frenar el triunfo. Como se ve, no lo lograron. No solo fueron derrotados, sino cosecharon el repudio de las mayorías nacionales, hartadas de tanta insolencia y estupidez.
‎El único hecho del cambio de gobierno valdrá la pena. En unas horas las ratas saldrán corriendo del naufragio, son las que balconearán todos los episodios de corrupción que aún no conocemos. Los delatores políticos que no fueron suficientemente avituallados son los mejores aliados de quienes llegan a tomar el timón.

Quienes llegan no pueden
ser peores que los que se van

Los nuevos cuadros de la administración mexiquense pronto demostrarán que no pueden, de ninguna manera, ser peores que los que se van, ni de los que querían llegar para arrasar con los saldos de lo que hubieran dejado los antecesores, la pandilla de Eruviel Ávila Villegas, el mandatario de una auténtica jaula de las locas.
Un gobierno dictatorial empoderado es capaz de todo. Afortunadamente, la oposición electoral sacó los trapos sucios al vecindario. Vimos tanto desastre, que aún no nos imaginábamos hasta donde podían haber llegado los nuevos próceres de Zacazonapan. Los niveles de corrupción, prevaricación, latrocinio y maridaje maquinado no tenían fondo.
Era todo un trayecto. Desde que los grandes narcos fueron autorizados, con pompa y circunstancia, a sentar sus reales en las casonas de Metepec, colonización conurbada a Toluca, las actividades delincuenciales de los toluquitas adquirieron mayor propulsión, una nueva fisonomía, más prepotente y rastacuera.

Hicieron del conflicto de intereses una bandera de orgullo

El enorme pozo de corrupción en que Alfredo del Mazo González, padre del suspirante atracomulca, convirtió la policía preventiva y ministerial, más los batallones de radio patrullas, con Ríos Galeana y la obsecuente procuraduría estatal, garantizó la contaminación de todo el sistema de protección a la rapiña, el robo, el secuestro y el homicidio. Una absoluta estela de atropellos a la ciudadanía.
Su correlato, la masacre de Tlatlaya, donde para cubrir las apariencias encubridoras de la ejecución extrajudicial ordenada por los entorchados, acusaron a decenas de soldados de tropa de ser los culpables y en el interior de las prisiones militares fueron vejados para que reconocieran sus culpas, acabó de sembrar el miedo y el horror en el lugar sin límites del salvajismo.
Hicieron del conflicto de intereses una bandera de orgullo. La colusión con las constructoras favoritas, el maridaje entre lo público y lo privado no es agravante para ellos. El incidente menor de la Casa Blanca de Las Lomas fue propalado, antes de conocerse, por el equipo de publirrelacionistas del Guamúchil Party, en una de las revistas del corazón más caras del mundo. Y luego se dijeron sorprendidos.

Hicieron crecer a sus favorita$: Higa, de Hinojosa, y la hispana OHL

La complicidad con inmobiliarias y constructoras, las concesiones otorgadas al nivel del escándalo consolidaron autorizaciones a 30 años para seguir recibiendo los financiamientos, producto de las alzas tarifarias a las carreteras, viaductos y puentes decididas a su arbitrio, sin otra condición que la lealtad absoluta. Ahí crecieron OHL e Higa. Ellos y su candidato Alfreditito son miembros de sus consejos de administración.
‎Las famosas adjudicaciones del nuevo aeropuerto intergaláctico que empezará a funcionar dentro de 50 años son negocios que no tienen porqué existir, aunque se haya comprobado la participación directa de las familias Del Mazo, Elías Ayub, Salinas de Gortari, Vázquez Raña, Hank y sus adláteres. Los bajos fondos tienen sótanos oscuros.
Las tropelías del fantasioso tren bala a Querétaro es ya información reservada, aunque todos sepamos a quiénes beneficiaba. Lo mismo que las concesiones de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes a la empresa Higa, OHL y a los corporativos hankistas de las nuevas vías desde Atracomulco y Zinacantepec hasta Atizapán y alrededores.

Ogros patrimonialistas se encasquetaron indumentarias de narco

Nada que ver con aquellos políticos de chamarra y cachetes gruesos que asolaban la campiña traficando las tierras comunales para convertirlas a base de fraudes y asesinatos en fraccionamientos de lujo para las clases boyantes. Eran negocios de los políticos que ansiaban dejar de ser pobres políticos. ‎Hoy los embutes están en otras partes.
Ahora las marcas Versace, Oscar de la Renta, Ferragamo y Hugo Boss, más los exquisitos perfumes de Cartier, Balenciaga y Saint Laurent disfrazan a una casta que se entronizo en medio de un horrendo paraje semiurbano y se resistían a convivir con los desarrapados, excepto en campañas publicitarias.
Fueron los herederos ejemplares de la sociedad secreta de Las Siete Dalias, del fenomenal escándalo de la Casa del Risco de Isidro Fabela, ‎de las exhibiciones dantescas del rancho de San Catarino del extinto Carlos Hank, de los nuevos ogros patrimonialistas que se encasquetaron indumentarias de narco para estar más a tono con la moda y su paisaje.

Ignoraron todos los indicadores elementales de gobernabilidad

‎¿Colusión, maridaje, violación, prevaricación, conflicto de intereses? Para nada. Son palabras huecas. Nombres y tipificaciones de delitos que en Toluca se practican desde que los retoños nacen a la vida pública. Peña Nieto tuvo la suerte de ser arropado por sus mentores en el palacio de gobierno de allá y ser conducido en esas aguas tranquilas. Por eso no entiende, ni puede entender.
‎Sus actitudes han logrado desbocar la furia popular que arrasa cualquier símbolo de poder y desmelena a cualquier representante, sin recato. La gente llegó al nivel del hartazgo, y los fruncionarios mexiquenses llamaron a sus incondicionales a romperles la madre, desde su sitial de confort y de abundancia.
Ignoraron olímpicamente los indicadores elementales de gobernabilidad, devastaron la economía y atizaron la miseria. Cuando todo les aconsejaba que era mejor atender los graves asuntos del alimento y la seguridad, en lugar de los caros maquillajes, las encuestas, las lecturas de corridito en los teleprompters y el untado del gel en el copete, llegó el naufragio.

Tan fácil que hubiera sido robar menos, soltar el gasto público

Han sido cinco años de esgrima, de engañifas, de evasivas para disfrazar la incompetencia del titular del Poder Ejecutivo. De repente, el pueblo se da cuenta que ni reformas estructurales, ni rondas petroleras, ni inversiones extranjeras, ni crecimiento arriba de 2 por ciento del PIB, ni explotación petrolera, ni distribución, ni nada. Puro llenar sus bolsillos.
Tan fácil que hubiera sido robar menos, soltar el gasto público, convidar su bonanza, supervisar las obras, frenar el terrorismo fiscal, meter al manicomio a los más adelantados, responder con atingencia a los reclamos de la sociedad. Pero eso no está en su lenguaje. En sus entendederas sólo cabe compararse con los japoneses corporativos. Ellos son los nipones de Tejupilco.

El ogro patrimonialista ha sido llamado a cuentas por los olvidados

Ellos no tienen la menor idea de la explosión ni del manejo de la crisis. En su vida muelle no la han vivido. Eso no es para las castas privilegiadas, para los sucesores de Carlos Hank González, el ícono de sus sahumerios.
El ogro patrimonialista con casaca de narco y muecas de ignorante, hoy ha sido llamado a cuentas por los eternos olvidados. Todo sea para bien de México. Ya se necesitaba.
¿Usted qué haría?, pregunta el atracador descubierto que hace las maletas en Los Pinos.

Índice Flamígero. Como siempre ha sucedido, las elecciones mexicanas son una colección inagotable de trampas, fraudes, compra y coacción del voto, intervención directa de los gobiernos… y órganos electorales omisos.

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