La línea es la traza que deja un punto al moverse, por lo tanto, la existencia de línea siempre está vinculada con el punto. Para que el punto se mueva es necesario crear tensión, así se moverá en la dirección que marcará el lugar donde se posicionará para dejar presente la línea, a modo de estela.
De Kandinsky, 2003. Punto y línea sobre el plano

Tú vida, mi vida, su vida, nuestra vida podría estar representada en una línea de momentos motivados por tensiones, direcciones varias, desplazamientos de un punto amarillo cuya estela da cuenta de tus pasos. Sugiero que atiendas la metáfora de Celso García, el cineasta mexicano que se fijó en el trabajo de las cuadrillas de hombres (principalmente) que trazan la guía central de los caminos pavimentados que conectan sueños, a veces pesadillas, de ciudad con ciudad.
La delgada línea amarilla (México, 2015) es reivindicación del trabajo en un país donde tenerlo involucra un trámite colmado de abusos, desgastes y malas remuneraciones, a veces ser invisible ante el paso fugaz de los beneficiarios de tus servicios por los que jamás preguntarán por su autor o responsable.
Puede que solo el ejercicio ocioso durante un viaje en carretera te haga recordar que la línea amarilla no está ahí por generación espontánea. Sin el ánimo de menospreciar al oficio, apelo al lugar común: “alguien tiene que hacer el trabajo sucio”. Y es sucio, reiteró, no por indigno, sino por las circunstancias de fondo que tú, querido empleado o querida empleada mexicana, entenderás bien cuando recuerdes las más de una injusticia perpetrada al sudor de tu frente.
Aquí, en un quehacer tan poco reconocido en el mar de trabajos que nadie quisiera desempeñar, hay una provocación más ambiciosa que la sola idea de documentar la manera en que las cuadrilllas desplazan un punto amarillo para trazar una línea sobre el pavimento caliente de los caminos de lo que parece ser el árido y desolado norte de México, es la oportunidad de conocer más del entramado universo de sus personajes, cada uno es una botellita encorchada en el mar abierto, esperanzada en que el azar de las olas la lleve a la costa donde algún distraído tropiece con ella y se interese en el mensaje interno.
Ninguno es igual, no se parecen ni un poco, la única y por demás significativa coincidencia duerme en la pintura que se aferra al camino, de donde no saldrá, donde permanecerá al servicio de la indiferencia como un fantasma condenado al olvido, como ocurre en México con todas las causas vencidas por la opresión.
Alguien dijo que La delgada línea amarilla es otra comedia mexicana, no te líes en esta predisposición, es posible que te arranque más lágrimas de nostalgia y proyección que carcajadas con factura.

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