CESAR L AYALA
Pachuca

¿Qué respuestas tiene la justicia frente a la violación marital?

Dado que el código penal Argentino no se refiere específicamente a la violación marital, deja lugar a diferentes interpretaciones por parte de juezas y jueces.

La doctrina jurídica tradicional estuvo muy condicionada por el concepto de débito conyugal (es decir, la obligatoriedad recíproca de complacer sexualmente al cónyuge). En los hechos, debido a los estereotipos culturales acerca de la sexualidad masculina y femenina, el débito conyugal está entendido como el derecho del marido a exigir sexo de la esposa, se consideraría insólito que una esposa pretendiera exigir sexo de su marido.

Aún hoy existen jueces que están apegados al criterio del débito conyugal y, por tanto, no reconocen la violación marital.

Otros, si bien no sostienen abiertamente ese criterio, lo reflejan de modo indirecto; por ejemplo, no dan cabida a la acción penal. Para esa negativa, alegan que es un delito muy difícil de probar, una intrusión en la intimidad de las parejas o que una condena (o simplemente un juicio por violación) haría imposible la “reconciliación” posterior. Otros, en cambio, en fallos más recientes, tienen una posición definida en defensa de los derechos de las mujeres a su integridad y libertad sexual.

Esa corriente jurídica, si bien tiene en cuenta las expectativas legítimas de reciprocidad sexual entre cónyuges o convivientes, sostiene que no pueden ser exigidas por la fuerza.

Al analizar la legislación latinoamericana, desde 1997 en México fue agregado un artículo especial sobre la violación marital en el código penal y fue reformado el artículo referente a las violaciones. Las formulaciones actuales expresan:
“Artículo 265: Al que por medio de violencia física o moral realice cópula con persona de cualquier sexo, se le impondrá prisión de ocho a 14 años. Para los efectos de ese artículo, se entiende por cópula, la introducción del miembro viril en el cuerpo de la víctima por vía vaginal, anal u oral, independientemente de su sexo.

“Se considerará también como violación y se sancionará con prisión de ocho a 14 años, al que introduzca por vía vaginal o anal cualquier elemento o instrumento distinto al miembro viril, por medio de violencia física o moral, sea cual fuere el sexo del ofendido.

“Artículo 265 bis: Si la víctima de la violación fuera la esposa o concubina, se impondrá la pena prevista en el artículo anterior. Este delito se perseguirá por querella de parte ofendida.”

Tener presente los derechos de las mujeres

Todas las mujeres tienen derecho a decidir sobre sus relaciones sexuales, usar anticonceptivos y decidir en paridad de condiciones con su pareja cuántos hijos tener y cuándo tenerlos. Esos derechos no se pierden al casarse o aceptar una relación de convivencia.

El acuerdo matrimonial o de convivencia implica goce y reciprocidad sexual, pero de ninguna manera constituye una “obligación” de conceder sexo por parte de la mujer ni un “derecho” del varón a exigirlo. Cuando las mujeres se casan o forman pareja, no se convierten en propiedad de sus maridos o compañeros, es decir, ellos no pueden utilizarlas sexualmente como si fueran de su propiedad.

Las mujeres no tienen la “culpa” de la violación marital. Cuando los maridos o convivientes violan a sus parejas, en general, no es porque ellas no “quieran” tener relaciones sexuales, sino porque no desean tenerlas en un clima de forzamiento, amenazas y degradación.

Las violaciones maritales no son un efecto de “desavenencias sexuales”. Si una pareja “no se lleva bien” en su vida sexual puede hablarlo, solicitar ayuda profesional
o puede optar por la separación o el divorcio.

De ninguna manera el “desacuerdo” autoriza a un marido o compañero a exigir sexo forzado. Situaciones bastante típicas son las violaciones o intentos de violaciones por parte de exmaridos o exnovios.

Algunas se desarrollan en el marco de una cita o encuentro previamente acordado y otras son sorpresivas al estilo de las violaciones de desconocidos en lugares públicos.

A veces van precedidas de un intento de seducción o reconciliación por parte del varón que, al no ser correspondido, da lugar a la conducta abusiva. A menudo los agresores encuentran argumentos para “justificar” sus actos. Algunas mujeres que pasaron por esa experiencia expresaron que para ellas fue absolutamente insólita, dado que los varones en cuestión no habían sido violentos con anterioridad. Otras, en cambio, dicen que, si bien la situación las tomó de sorpresa, ya habían detectado indicios o señales de las tendencias violentas de su pareja.

Esas violaciones tienen una evidente intención de represalia y dicha represalia una notoria connotación sexuada, dado que el agresor sabe o cree que el sometimiento sexual es lo más perturbador y humillante para su expareja.

Violación marital

Empezar a nombrarla y a reconocerla. Saber que vulnera derechos fundamentales a la integridad, libertad sexual y personal. Son los primeros pasos para no tolerarla. No hay razones. No hay excusas. No hay derecho.

Fuente
“Violencia marital”, folleto elaborado por el Centro de encuentros Cultura y Mujer (Cecym), este documento ha sido publicado con el apoyo de la Fundación Heinrich Böll de Alemania, Buenos Aires, 2002.

Comentarios