Judith Erika Moctezuma Montaño

Una de las principales manifestaciones de la violencia social es la violencia de género contra las mujeres, violencia que es definida como aquel acto violento que tiene por motivo profundo la pertenencia al sexo femenino. Ese tipo de violencia ocasiona además del sufrimiento inherente, un daño físico, psicológico y/o sexual para las mujeres. Inclusive, las amenazas de tales actos, la coacción o privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como privada. Las modalidades de ella la ley las define como las formas, manifestaciones o los ámbitos en los que se presenta la violencia contra las mujeres y los tipos, como las formas que reviste, siendo las primeras las que se refieren a la violencia en el ámbito familiar, laboral, docente, comunitario e institucional y las segundas a la violencia psicológica, física, patrimonial/económica, sexual, de pareja y de género, así como los tipos análogos.

La interpretación de la violencia contra las mujeres es la clave cultural; remite necesariamente al machismo como trasfondo ideológico sobre el que sostiene la sociedad patriarcal, se manifiesta a través del maltrato físico o el abuso verbal y está presente en casi todos los aspectos de la vida cotidiana de hombres y mujeres, de tal suerte que revelan un juego de poder: el deseo de los hombres por controlar a “sus” mujeres en todas las áreas de su vida, emocional, intelectual, sexual, laboral y política.

La violencia contra las mujeres es el mecanismo a través del cual se perpetúa la dominación del hombre sobre la mujer y la desigualdad de género.

Deviene de un castigo impuesto por ellos a todas aquellas que escapan a su control. La lucha por la igualdad, la salida masiva de las mujres al mercado de trabajo, su incorporación a la vida política y ciudadana, su ingreso tambien masivo a los más altos níveles de escolaridad, la ruptura del nexo de sexualidad-reproducción, el cada vez mayor control sobre su sexualidad y la fertilidad, su empoderamiento más allá de la esfera dómestica, su libertad de movimiento en un mundo que históricamente era solo para los hombres ha conducido a una sociedad más igualitaria entre mujeres y hombres, pero también, como ocurre con las transiciones, ha exarcebado las reacciones, ellos no solo han sido abandonados por ellas, sino que han perdido sus prerrogativas, ahora sus espacios están también ocupados por mujeres y lo resienten, reaccionan y castigan.

Impide el empoderamiento de las mujeres en las distintas esferas de convivencia constituyendo un obstáculo al pleno ejercicio de sus derechos. Una vida sin violencia es una prerrogativa fundamental y una condición indispensable para la construcción de una sociedad equitativa, sin embargo, continúa siendo un fenómeno de casos alarmantes, por su cantidad y brutalidad. Así, entonces, la violencia contra la mujer es:
*Una violación de derechos humanos y de las libertades fundamentales.

*Una limitante total o parcial hacia la mujer, al reconocimiento, goce y ejercicio de sus derechos y libertades.

*Una ofensa a la dignidad humana y una manifestación de las relaciones de poder históricamente desiguales entre hombres y mujeres.

Toda mujer tiene derecho:
*Al reconocimiento, goce, ejercicio y protección de todos los derechos humanos.

*A las libertades consagradas por los instrumentos regionales e internacionales sobre derechos humanos.

*A que se respete su vida; integridad física, psíquica y moral; libertad y seguridad personales.

*No ser sometida a torturas; dignidad inherente a su persona.

*A que se proteja a su familia.

*Igualdad de protección ante la ley.

*Acceso a la justicia contra actos que violen y violenten sus derechos.

Hoy estamos ante paradigmas que rompen esquemas y estructuras patriarcales que sostenían hace varias décadas que: “Nuestras abuelas, casi todas, sabían lo que era ser mujer. Era ser ama del hogar, encargada de los alimentos, de la descendencia, salvaguarda del bienestar familiar; la que nada decidía de dinero y nada opinaba sobre las altas labores intelectuales y las menos altas labores políticas. Su prestigio dependía del hombre al que se le asociaba: el marido, el padre, el amigo, el amante. Madre, esposa, hija, hermana, amante y… sabía su lugar”. Luego podían bromear entre ellas diciendo que los hombres eran niños y aunque evidentemente eran dueños del mundo, ellas en secreto eran dueñas de ellos; nuestras abuelas, casi todas, salvo sus excepciones, eran lo que un día llamaron el sexo débil.

A través de la historia, la violencia de género, como puede observarse, fue provocada por factores sociales y culturales que siempre consideraron a las mujeres como seres inferiores.

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