La crisis de la inseguridad no da tregua. Si la semana pasada la opinión pública se conmocionó por el feminicidio de Fátima, la semana que comienza otro caso podría opacarlo y hacer que se nos olvide el atroz crimen cometido contra la niña de siete años. Así sucede en nuestro país, cuyas autoridades y sociedad no saben cómo romper con esa espiral de violencia sin fin. En Hidalgo las cosas, pese al discurso oficial, no están nada bien. Tan solo la semana que concluyó nos enteramos de tres posibles feminicidios, lo cual debería alarmarnos para tomar medidas urgentes, antes de que nos acostumbremos a ver ese tipo de crímenes de violencia feminicida. Ayer, fue reportado el más reciente de ellos. Sucedió en la mañana del domingo cuando fue hallado el cuerpo de una mujer sin vida en un afluente del río Tula. Con el hallazgo, suman tres casos en una sola semana, lo cual nos habla de que el territorio hidalguense no está libre de la epidemia de violencia feminicida y que las autoridades deben dejar atrás su cantaleta de que Hidalgo está entre los estados más seguros de la federación… Y otro síntoma de que las cosas no funcionan en materia de seguridad y justicia fue lo ocurrido ayer, en Zimapán, donde una turba intentó linchar a un joven sospechoso de robo. Por fortuna, el sujeto fue rescatado por agentes de la Guardia Nacional (GN), pero poco faltó para que la muchedumbre acabara con su vida. ¿Por qué suceden casos así? Porque la percepción general es que los sospechosos de cometer robo generalmente quedan libres. La impunidad campea y así es como responde la población francamente desesperada de ver cómo roban su patrimonio y no sucede nada. De filón. En la política no hay casualidades… ¿Y en la justicia también? Resulta francamente extraño que justo cuando se cumplió un año del homicidio del hijo de Gerardo Sosa, presidente del Patronato de la UAEH, justo ayer fue detenido el posible autor del crimen.

Comentarios