La violencia hacia las mujeres sigue siendo un tema actual, y ésta también se ve en las alumnas y académicas universitarias. No debe callarse y debe denunciarse. Voy a contar una historia que puede ser en cualquier universidad, pues si no es en la mayoría, sí en un gran porcentaje de ellas se dan estos casos.
En un doctorado a una alumna se le asigna un comité tutorial, en éste hay un director de tesis y dos asesores. La alumna acude a asesorías y el profesor le indica que no tiene tiempo de estar atendiéndola, pues su tiempo es muy importante, ya que él es un investigador muy prestigiado, así que le da libros para que los lea y acabe la tesis lo más rápido posible. Debido a que hay presentaciones de los avances de investigación al comité, él tiene que reunirse con ella para analizar su investigación, al ver el trabajo, el profesor “prestigiado” le dice furioso que no tiene capacidades, que cómo llegó a ese doctorado, que la reprobará pues la universidad no tiene espacio para este tipo de alumnas. Ella se angustia, pues es madre soltera y depende de la beca, así que le suplica que no la repruebe, que está dispuesta a trabajar y hacer lo que él le indique. El “prestigiado” profesor al verla llorar, en lugar de parar la violencia, se ríe de ella y la humilla aún más.
Aquí me detengo, una universidad contrata a un profesor para enseñar a los estudiantes. Cuando eres maestro de nivel superior esperarías que los alumnos y alumnas lleguen con todas las habilidades y conocimientos que amerita ser universitario. Sin embargo, si somos conscientes de la realidad de la educación en México, sabemos que a nivel básico los estudiantes terminan con muchas deficiencias académicas, y lo mismo a nivel medio, ¿quién es responsable?, ¿el estudiante?, ¿la escuela?, ¿el gobierno?, ¿o los tres? Por lo mismo, considero que los profesores debemos estar conscientes de esta realidad nacional, por tanto, lo que podemos hacer es exigir al estudiante y ayudarlo a superar estas deficiencias, pero no con humillación, creo que esto no ayuda y sí perjudica.
Acaba de ser el Día del Maestro y en este festejo me pregunto, ¿los maestros estamos siendo críticos con nuestra labor?, ¿estamos cumpliendo con nuestro deber profesional? Hay que reconocer que es un mundo más complejo, donde los alumnos ya no tienen, en muchas ocasiones, respeto por la autoridad; el celular y las redes se convierten en algo tan valioso que no lo quieren dejar en ningún momento; ya no quieren leer libros, solo copiar del Internet; quieren acabar la clase rápido y vivir una vida con tanta premura, pero con poca profundidad, y con un gran número de amigos cibernéticos. Sé que ser profesor en esta época no es fácil, pero no podemos claudicar en tratar de enseñar valores positivos para la vida y el desempeño de la profesión –este país lo necesita–, debemos hacer que los alumnos vean más allá de las redes sociales, lograr que sean críticos y que tengan deseos de investigar y saber más de su profesión; creo que ésta es nuestra labor, la cual aunque a veces erremos, pues me ha pasado, debemos retomar el camino y dejar a un lado los prejuicios, la violencia y el maltrato a los estudiantes, pues esa no es nuestra labor.
Regresando con la historia, el profesor “prestigioso” sabe que lo que hace no es correcto, por tanto le dice a la alumna: “ni se te ocurra quejarte, pues nadie te hará caso, todos en el departamento son mis amigos, nadie te escuchará; ah, y la profesora esa que habla de violencia de género ni te le acerques, está loca y desacreditada”. Esta situación hace a la alumna estar en depresión, sin ganas de estudiar y desconfiando de ella misma, pues todo lo que hace está mal y con la angustia de qué pasará si le quitan la beca, así que con todo esto intenta seguir trabajando y resignándose a que cada revisión será humillada y violentada. Sin embargo, su tristeza y angustia es tal que acaba buscando a la maestra que estudia violencia de género, cuando le cuenta la historia le pregunta: ¿me cree maestra, usted me cree?, ¿él tiene mucho poder, cree que me lo puedan quitar como asesor? Estas preguntas dejan ver que la violencia hacia ella no es tan diferente que la que se observa en una mujer casada o con pareja, y aunque es otra dimensión, es claro que la base de la violencia es la misma: el hombre le intenta bajar la autoestima a la mujer, desvaloriza al máximo su persona y le inculca el miedo para que no pida ayuda.
La profesora estudiosa de la violencia de género trata de ayudarla institucionalmente, y lo primero que se encuentra es que las autoridades no le dan la importancia adecuada a la violencia ejercida en la alumna, por tanto, lo que intentan es cambiar la dinámica de trabajo entre ella y el “prestigiado” profesor, para ello hablan con ambos, el profesor dice que cambiará –esto me recuerda a las conciliaciones que intenta el Ministerio Público con las mujeres y esposos, que aunque ya están prohibidas, siguen ocurriendo–. El “prestigiado” profesor después de que fue escuchado por las autoridades, quienes le creyeron, aunado al apoyo de sus compañeros, se sentía muy fortalecido, así que se atrevió a violentarla públicamente durante la presentación de su investigación. Este exceso de confianza y demostración de cinismo hizo ver a las autoridades que tenían que entrar a resolver el caso. Para alguien que trabaja violencia de género era claro que él no iba a cambiar y que la violencia no solo no terminaría, sino que podía ser mayor, que fue lo que sucedió.
Ahora ella inicia un proceso donde tiene que demostrar la violencia ejercida para que la institución pueda tomar las acciones correspondientes contra el “prestigiado” maestro; ante estas acciones de la alumna, los profesores apoyan al “prestigiado” investigador y piden a las autoridades el castigo a ella por difamarlo… (primera parte de la historia).
Como puede verse, las mujeres violentadas, en cualquier esfera, debemos de pasar por diversos procesos para poder ser escuchadas, comprendidas y ayudadas. La lucha por la no violencia sigue siendo muy complicada en un mundo donde existen diversas leyes de protección hacia las mujeres, sin embargo, llegar a estas leyes sigue siendo un desafio y no todas llegan al final del camino.

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