La violencia es hoy una moneda corriente en nuestra experiencia, en nuestro lenguaje y en nuestra percepción de la vida y la convivencia. Hace un par de días, la senadora por el Partido del Trabajo y exatleta de talla mundial, Ana Gabriela Guevara, sufrió un ataque físico que puso en peligro su vida. Los medios informaron y se dio gran despliegue a las acciones persecutorias y punitivas para los responsables. Las autoridades policiales de la Ciudad de México, como en contados casos, tuvieron pronta acción y respuesta.
Sin lugar a dudas este hecho es condenable pero también motivo de reflexión porque no en todos los casos, ni siempre, se condena y se difunde la gravedad de la violencia en que vivimos, particularmente las mujeres. De igual forma, este suceso lamentable y condenable debería mover a incorporar políticas públicas reales para garantizar la tranquilidad de tránsito y coexistencia de las mujeres en el país, en las ciudades, en el espacio público.
Parte de esta urgente demanda ciudadana ya se inició hace por lo menos un lustro en la región latinoamericana, impulsada por la Red Mujer y Hábitat de América Latina, dentro del programa Ciudades sin violencia hacia las mujeres, ciudades seguras para todas y todos, con el apoyo de la oficina regional del Fondo de Naciones Unidas para la Mujer (Unifem, hoy ONU Mujeres) para Brasil y Cono Sur. Fruto de esta iniciativa es el documento Construyendo ciudades seguras. Experiencias de redes de mujeres en América Latina (editado por Red Mujer y Hábitat de América Latina ONU Mujeres, 2011), y comprende ocho experiencias de redes de mujeres de Bogotá, Colombia; Rosario, Argentina, y Maule y Biobío, Chile.
Uno de los textos sobresalientes y de retomar en nuestro país y sus ciudades es el de Luz Marina Lurduy Ortegón: “Formulación de un índice de seguridad urbana para las mujeres”. La propuesta se funda en el señalamiento de que “la persistencia en nuestras sociedades de la violencia de género es un indicador significativo de tal déficit, que interpela desde la raíz el concepto mismo de democracia y plantea interrogantes a las organizaciones de mujeres acerca de sus estrategias para lograr las transformaciones buscadas.”
En ese sentido este índice plantea cuatro estrategias, tendientes a involucrar a las mujeres, a los responsables institucionales gubernamentales y a instancias culturales, principalmente, en el reconocimiento de que las mujeres se han posicionado en espacios públicos y de liderazgo, por lo que 1) se debe utilizar su capital social para incidir en política y en lo social, tanto a nivel local como distrital. Asimismo se plantea 2) activar alianzas y acuerdos que favorezcan el derribamiento de prácticas sociales y culturales que reproducen la violencia. 3) Se deben fortalecer mecanismo de coordinación y acción con actores institucionales, de gobierno, y del sector privado, en el objetivo de que la interacción social y pública convoca diversos y diferentes intereses. Esto lleva al último punto que plantea que 4) en el proceso se produce conocimiento sobre la violencia contra las mujeres y esto representa y es una aportación para el diseño de políticas públicas y la construcción de la cultura ciudadana.
El marco institucional para la construcción de este índice se basa en ejes de acción vitales y que representan el alcance y posibilidad de lograr la meta:
“Incidencia en procesos legislativos favorables a las mujeres.
*Fortalecimiento de organizaciones regionales y locales de mujeres.
*Participación política activa en instancias de toma de decisiones.
*Exigibilidad de los derechos a través de la movilización social.
*Incidencia en los procesos de paz, al hacer visible el impacto que tiene el conflicto armado colombiano en la vida de las mujeres” (p. 87)
Dentro de los puntos conceptuales a desarrollar contemplan tres subíndices que son acordes al objetivo:
*Subíndice de Violencias de género. Contenido: Tasas de homicidios a mujeres, de dictámenes sexológicos a mujeres, de lesiones interpersonales contra las mujeres, de violencia intrafamiliar contra las mujeres, de hurtos hacia las mujeres y tasa de inasistencia alimentaria.
*Subíndice de discriminación. Se trabaja con dos índices: el índice de igualdad de género, desagregado en índices de discriminación salarial, discriminación en acceso a la salud, global de participación en el mercado laboral/relativa; y el índice de potenciación de género (participación política y poder para la toma de decisiones, y participación económica y poder para la toma de decisiones).
*Subíndice de acceso a la justicia. Se refiere a impunidad social (no denuncia) e institucional de acuerdo con las tres etapas del proceso penal, y a la capacidad institucional para la recepción de denuncias (número de funcionarios o funcionarias encargadas de recibir y procesar denuncias).” (p.92-93)
Este artículo y documento representa un análisis de la seguridad/inseguridad de las ciudades desde la mirada de las redes feministas que, como plantea la introducción, respecto a “la metodología que introduce la crítica feminista marca la diferencia. Es distinto pensar el miedo como una experiencia social amplia que pensarlo desde las mujeres” (Teresa del Valle).
El Programa de Ciudades Seguras para las mujeres, se desarrolla desde 2006 en Argentina, Brasil, Colombia, Chile, El Salvador, Guatemala y Perú. En el libro se da cuenta de los principales logros de experiencias territoriales desarrolladas en Argentina, Colombia y Chile. Texto para retomar y repensar cómo recoger y aplicar experiencias y propuestas de mujeres organizadas y feministas sobre la seguridad/ inseguridad del espacio público.

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Doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM y especialista en estudios de la mujer por El Colegio de México. Periodista colaboradora en medios desde 1987. Defensora de lectores y articulista del diario Libre por Convicción Independiente de Hidalgo. Integrante del consejo editorial de la agencia de noticias Comunicación e Información de la Mujer AC. Docente universitaria desde 1995 en la UNAM. Profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo desde 2008. Integrante y cocoordinadora del grupo de investigación Género y Comunicación en la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación. Línea de investigación y publicaciones sobre periodismo, comunicación y género.