Violencia y amor romántico

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icshu
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Hace unos años, un colectivo en el que participé cuando vivía en Barcelona hizo una campaña –en clave de guerrilla de comunicación– contra el amor romántico. Fabricaron unas etiquetas iguales a las que se colocan en las cajetillas de cigarros con el mensaje: “Fumar mata”, el cual cambiaron por “El amor romántico mata”. Pero ¿por qué las feministas estaban en contra del amor romántico? –se preguntaron muchas personas en ese momento.
El amor romántico es una parte muy importante de lo que Bourdieu denomina “dominación masculina”, la cual se vale de la violencia simbólica para perpetuarse. Es decir, que hay constantes mensajes y simbolismos –que se traducen en prácticas sociales– que hacen que los propios dominados colaboren con el dominador para mantener la estructura de dominación. Y el amor romántico es uno de esos grandes entramados de violencia simbólica.
Las mujeres hemos sido educadas desde muy pequeñas para vivir –como Penélope– esperando eternamente. Se nos ha enseñado que estar confinadas en una torre vale la pena porque, al final, aparecerá un príncipe azul que nos rescatará y “viviremos felices y comeremos perdices”. Todos esos “inocentes” cuentos y películas de Disney no hacen sino normalizar una violencia hacia las mujeres y hacernos creer que el amor romántico es bueno.
Sin embargo, ese tipo de amor, en el que las mujeres no son agentes sino objetos de deseo, es nocivo para la salud mental. Fomenta la violencia psicológica y hace comunes prácticas como los celos, la ridiculización, la burla o el chantaje. Crecemos pensando que si un hombre nos cela es porque nos ama. Eso es lo que hace el amor romántico: socavar nuestra autoestima. Muchos de los casos de violencia extrema han empezado como una “hermosa historia de amor”. Las mujeres han cortado todos sus lazos con el mundo exterior y realmente han creído que estaban experimentando amor verdadero. Desgraciadamente, algunos de esos casos han tenido finales horrorosos. Así es que: quizá no todas las personas que fuman morirán de cáncer; tampoco todas las personas que entablan relaciones de amor romántico terminarán muertas. Pero muchos de los feminicidios que se dan en el ámbito de la pareja, están relacionados con la violencia simbólica que procede del ideal del amor romántico. Por tanto, sí es algo que debemos prevenir –especialmente entre la gente joven– como debe prevenirse el cáncer.
Además, el amor romántico nos aleja de otras mujeres. Toda vez que nos pone a competir para quedarnos con el príncipe azul, ser las elegidas del príncipe azul. Esa falta de conexión y lazos afectivos entre mujeres es otro componente más que ayuda a perpetuar la dominación masculina. Eso se cura con sororidad –según las feministas–. Por eso, Maléfica es una película feminista. Es la reinterpretación de La bella durmiente, que vivía en la absoluta inconciencia esperando la promesa de que el amor romántico la salvaría. Y lo que la salva es un amor puro, un amor sórico, un pacto mujeril maravilloso. Ese tipo de películas subvierten el amor romántico y la violencia simbólica, pues ofrecen otro tipo de prácticas distintas a las que se perpetúan en la estructura de dominación masculina. Eso es lo que buscamos para las niñas y los niños –en aras de acabar con la dominación masculina: otros modelos de ser hombre y ser mujer, así como otras formas más libres de amar.

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