La violencia ha sido objeto de múltiples estudios en sus enfoques psicológicos, políticos, económicos, culturales, de género y periodísticos. Todos ellos buscan interpretar las causas profundas de esta anomía social que lastima nuestra condición humana y que estamos convencidos de que debieran de erradicarse por completo en todos los espacios sociales.

Por desfortuna, la violencia sigue empleándose como práctica recurrente para mantener a raya a los opositores y descalificar toda propuesta contraria al estatus quo. Es cierto que el estado, como figura administrativa, tiene el monopolio legítimo de la violencia y que fue cedido en las elecciones por la ciudadanía para salvaguarda de la población, las instituciones y mantener el orden social. Pero, cuando eso no sucede, entonces se configura la violencia de estado, que en la historia de este país ha generado pasajes lamentables y que son contrarios a la búsqueda de sociedades democráticas.

El uso legítimo de la violencia se ha confundido y el gobierno de Hidalgo lo emplea como método para exterminar la disidencia, inventar delitos y hacer uso faccioso de las instituciones con la intención de descartar la posibilidad de que aparezcan contrapesos para avanzar en un estado democrático y de libertades manifiestas.

La persecución de universitarios en los últimos años envía un mensaje de autoritarismo en ciernes y que tiene correas de transmisión entre lo local y lo federal y, eso, no es un buen augurio para contrarrestar décadas de abusos de gobiernos priistas. El discurso anticorrupción que se quiere asentar en la máxima casa de estudios en Hidalgo huele a venganza, opera mediante amarres políticos de los que siempre han gobernado y se caracteriza por la captura de las instituciones a través de micropoderes locales y complicidad de algunas instituciones federales. Las redes familiares, de filiación política y de interese económicos explican por qué el gobernador en turno focaliza a sus enemigos en este sector.

Encarcelar a liderazgos en época electoral, calumniarlos hasta el cansancio no son actos fortuitos, ya que de fondo está mantener el control del poder político en las pocas islas que existen de la moribunda hegemonía priista en el país. Por más que se empeñen en decir que prefieren ser tapetes de la 4T y que son fieles seguidores conversos de la 4T, ese discurso es camaleónico porque pegan con la izquierda y cobra con la derecha para desencarrilar el proyecto del presidente de la república. Al tiempo.

Otro tipo de violencia que lacera la libertad de expresión es la censura que se ejerce a los medios de comunicación, cuando no están alineados a las personas que representan micropoderes locales. Hace días en Mixquiahuala de Juárez, Hidalgo, fueron agredidas físicamente las instalaciones de un periódico local. Aun cuando no se esté de acuerdo con alguna línea editorial, las manifestaciones violentas contra ejercicio periodístico no deben consentirse, por el contrario, debe haber sanciones. El derecho de las audiencias permite a los usuarios de contenidos en materia de telecomunicaciones, radiodifusión y televisión contar con una serie principios esenciales para su defensa frente a posibles abusos de los medios; el derecho de réplica es la mejor forma de avanzar en el fortalecimiento ético de este gremio. En el ámbito de lo público nadie está exento a la crítica, y el papel de los medios es informar sobre ello a pesar de la amenaza o la extorsión.

La sociedad democrática a la que aspiramos no puede estar de lado de gobiernos autoritarios que corrompen a las instituciones para su beneficio, ni tampoco en la compra de medios de comunicación para sesgar la realidad. Por ello, la población debe tener la capacidad para distinguir las líneas editoriales y los intereses de los medios para ser críticos del contenido que ofrecen, esa será la única forma para sanear nuestros consumos en materia de comunicación y acrecentar nuestra cultura política.

Porque por falta de cultura política hemos elegido a mercachifles e improvisados de la política que no conocen el arte supremo de gobernar. Por ello, en estas elecciones municipales del 18 de octubre próximo elijamos a personas y no a colores partidistas, por el bien de nuestros municipios, pero sobre todo, por el bien de nuestros hijos.

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