ELSA ÁNGELES

Pachuca.- En San Felipe Orizatlán, municipio de la Huasteca hidalguense donde 60 por ciento de su población es hablante de lengua indígena, la gran mayoría solo cuenta con educación básica y 78 por ciento está en condiciones de pobreza; la violencia hacia las niñas y mujeres tiene diferentes rostros.
Aunque en México existen diversos estudios oficiales sobre la situación de desigualdad que viven las mujeres, para las investigadoras Silvia Mendoza Mendoza, doctora en antropología social, y Rosa Elena Durán González, doctora en ciencias de la educación, es indispensable contar con diagnósticos regionales y por grupos de edad que permitan tener datos más precisos como insumo de estrategias asertivas en las políticas públicas.

Por ello, las académicas de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) han realizado diagnósticos de las violencias hacia niñas y mujeres indígenas desde un enfoque intercultural en derechos humanos en tres municipios: Pachuca, Acaxochitlán y San Felipe Orizatlán.

Sus proyectos de investigación fueron posibles gracias a la vinculación con organismos oficiales como las instancias de la mujer municipales y la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI).

Para el equipo de investigadoras que participaron en el Diagnóstico de las violencias hacia las mujeres indígenas del municipio de San Felipe Orizatlán, esa problemática “debe ser abordada con estrategias asertivas generadas a través de mesas de discusión, reflexión y trabajo entre diferentes actores y ámbitos políticos, académicos y sociales”.

Solo por esa vía, manifestaron, será posible “construir un campo de acción social que ofrezca la oportunidad de contribuir a la formación de una cultura que incida en el freno de la violencia hacia la mujer y priorice una socialización en favor de la equidad de género”.

Recomendaciones

La violencia
en contra de la mujer

requiere profundos cambios a nivel estructural, mencionaron las entrevistadas, quienes añadieron que la atención y la prevención a través de intervenciones sociales son factibles en San Felipe Orizatlán.

Explicaron que,
en primer lugar, debe entenderse que ejercer violencia y tolerarla es un proceso de aprendizaje que inicia desde la infancia.

Los hombres aprenden
que su identidad de género está asociada al dominio efectivo que realizan sobre las mujeres y ellas asumen que su identidad de género se concentra en su rol de cuidadoras y el servicio de los otros.

La violencia con la que en muchos casos las niñas crecen se manifiesta desde sus papás hacia sus madres, del papá hacia ellas como hijas y de los hermanos hacia ellas; esto se vuelve a repetir en sus matrimonios a manera de un círculo vicioso

Espacios violentos

En el Diagnóstico de las violencias hacia las mujeres indígenas del municipio de San Felipe Orizatlán participó un equipo multidisciplinario de científicas y estudiantes de posgrado en ciencias sociales de la UAEH, además de traductoras de lengua original.

El trabajo de campo fue con grupos focales donde participaron un total de 165 mujeres divididas en cinco grupos de edad: niñas de preescolar, niñas de nivel primaria, adolescentes de secundaria, mujeres adultas y adultas mayores.

San Felipe Orizatlán tiene 128 localidades, de las cuales eligieron niñas y mujeres de Ahuatitla, Huitzitzilingo, Las Piedras, Talol y la cabecera municipal para las entrevistas.

El diagnóstico arrojó diversos resultados, entre ellos cabe destacar que en el caso de las niñas de preescolar detectaron que a pesar de su corta edad “alcanzan a distinguir algunos de sus derechos, principalmente aquellos relacionados con la violencia sexual, la familia y la escuela. Un aspecto que les preocupa es la violencia intrafamiliar propiciada por el alcoholismo de los hombres dentro de la familia”.

En el caso de las adolescentes, las expertas explicaron que “se encuentran ante nuevos desafíos sobre viejos escenarios, es decir, aún cuando las prácticas en sus comunidades siguen facilitando una reproducción patriarcal, ellas observan y reaccionan desde una mirada crítica cuestionando y, en algunos casos, enfrentando relaciones desiguales o expresiones de violencia”.

Por ejemplo, “reiteraban que tanto ellas como las mujeres adultas y los hombres necesitaban más información, capacitación y espacios para compartir y reflexionar”, según el diagnóstico que próximamente será publicado.

También detectaron prácticas que posicionan a las mujeres de todas las edades en situaciones de subordinación, como es el caso del embarazo temprano entre las adolescentes.

En cuanto a las mujeres adultas, “la situación se ve trastocada por violaciones a sus derechos de igualdad desde la infancia, con un trato desigual al interior de las familias entre hijas e hijos”, expone el diagnóstico.

“La violencia con la que en muchos casos las niñas crecen se manifiesta desde sus papás hacia sus madres, del papá hacia ellas como hijas y de los hermanos hacia ellas; esto se vuelve a repetir en sus matrimonios a manera de un círculo vicioso”, precisaron las expertas.

Por último, entre las adultas mayores encontraron que reconocen que las generaciones actuales tienen mayores posibilidades de acceder a la educación, a la salud y a los recursos de programas sociales.

Sin embargo, en términos de relaciones sociales dentro de las familias y las comunidades, tales cambios y recursos no se expresan en la transformación de los roles de género.

Encontraron que el cambio más evidente en las generaciones extremas tiene que ver con la salud y la atención de las enfermedades, pues las adultas mayores eran usuarias de conocimientos tradicionales que aplicaban para sí mismas y su descendencia.

Actualmente, la atención médica alópata es el recurso más socorrido en caso de enfermedad, eso como efecto de la masificación del servicio médico público, aunque son derechos que no están garantizados por deficiencias institucionales.

En términos generales, las investigadoras puntualizaron que la prevención y el tratamiento de problemas de alcoholismo y drogadicción “resulta urgente en las comunidades para poder mejorar el clima social”.

¿Quiénes son las investigadoras?

Silvia Mendoza Mendoza

Es doctora en antropología social y se desempeña como profesora e investigadora en el área académica de sociología y demografía de la UAEH.

Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores (SNI) nivel uno y es integrante del grupo de expertas regional sobre indicadores de ejercicio de derechos de las mujeres, convocado por la Comisión Interamericana de Mujeres de la Organización de los Estados Americanos (OEA).

Colabora en la elaboración y coordinación de la Cátedra UNESCO “Educación intercultural para la convivencia, la cohesión social y la reconciliación en un mundo globalizado”, que es realizada en el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades (ICSHu) de la UAEH.

Rosa Elena Durán González

Es doctora en ciencias de la educación por la máxima casa de estudios de la entidad, es candidata para ingresar al SNI y es profesora investigadora del área académica de ciencias de la educación.

Es integrante de la Cátedra UNESCO “Educación intercultural para la convivencia, la cohesión social y reconciliación en un mundo globalizado”.

Desde 2010 coordina la maestría en ciencias sociales, programa incorporado al padrón nacional de posgrados de calidad con dos refrendos ante Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

Es miembro activo de la Red Late, Red Temática Mexicana para el Desarrollo e Incorporación de Tecnología Educativa.

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