Bárbara Biglia, investigadora que generosamente me permitió hacer una estancia en la Universidad Rovira I Virgili, ha producido materiales muy completos en torno al tema de las violencias en las universidades, uno de sus textos es la memoria de las actividades catalanas de la investigación titulada: “Violencias sexuales en la universidad: reconocer, acompañar y repensar estrategias de respuesta”.

A su juicio, en toda universidad como institución educativa hay dificultades para visibilizar ciertas actitudes como el acoso sexual, y en ocasiones se producen altos niveles de coacción cuando las personas intentan hacerlas visibles e, incluso, puede calificarse como extremadamente complejo identificar el acoso sexual.

Reconoce que, si bien, algunas universidades han diseñado protocolos lo han hecho, pero como guía para dar una primera respuesta a la violencia sexual y no hay un proceso más claro y más efectivo ante los casos que pueden presentarse en esas instituciones de educación superior. Los protocolos que ella logra ubicar los analiza, los descifra, critica y advierte vacíos, así como limitaciones, reconoce y recupera aciertos, enumera los existentes e identifica los elementos que los conforman. Descubre una coincidencia constante: los protocolos son textos que se reconocen a sí mismos como herramienta disuasoria y al mismo tiempo preventiva y de respuesta ante posibles casos.

Luego de analizarlos y diagnosticarlos, Bárbara Biglia propone una categoría básica que puede orientar, precisar y ubicar: violencias sexuales. Considera que ese término “representan una forma de control hacia mujeres, personas LGTB y niños/as y parten de una relación no consensuada, donde hay una negación explícita ante la expresión clara de una persona –casi siempre hombre– de sus deseos sexuales hacia otra –casi siempre una mujer–, dicha negación jamás debe entenderse nunca como un consentimiento”. Propone que para empezar a trabajar y sensibilizar sobre el tema se debe partir de cuatro ejes básicos:
1. Entender el complejo fenómeno de las violencias sexuales.

2. Mejorar las habilidades para reconocer casos de violencia sexual en el contexto universitario.

3. Aprender competencias básicas para una primera actuación en situaciones de violencias sexuales.

4. Repensar estrategias para hacer frente a las violencias sexuales en el contexto universitario.

Insiste que un primer paso debe hacer visible la problemática a través de un diagnóstico y luego realizar entrevistas a profundidad para personalizar los contenidos de documentos y talleres relacionados al tema. Su apuesta más fuerte es a los cursos de sensibilización, poner el foco más en el proceso que en los resultados y tener un grupo con perspectiva feminista.

Pero, coincido con Bárbara Biglia, el paso más importante es reconocer que “los protocolos deben ser parte de políticas más amplias en las que la universidad asuma una responsabilidad clara y proporcione los recursos necesarios (humanos, materiales y económicos) para una implementación adecuada de las mismas”.

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