Querido lector, en esta ocasión hablaré sobre uno de los exponentes de cine más importante del siglo XX, Andrey Trakovski. Este director ruso que pasó toda su vida luchando para poder hacer cine, puesto que fue perseguido constantemente por su gobierno durante la época de la Unión Soviética.
Este hombre quien con una filmografía muy pequeña la pudo realizar en 25 años (La infancia de Ivan, Andréi Rubliov, El espejo, Solaris, Stalker, Nostalgia, El sacrificio, Tiempo de viaje) se volvió un mártir y un referente primordial para todo aquel que se llame a sí mismo cinéfilo y sobre todo para aquel que tenga la ambición de ser artista. Murió joven de cáncer de pulmón o tal vez murió joven y del cáncer que significa ser un genio en un contexto hostil. Recordemos que la humanidad puede ser cruel.
Tarkovski, famoso por esa narración lenta en sus películas, secuencias larguísimas y surrealistas, quien usó la dilatación del tiempo con el objetivo de descubrir en una imagen una gran verdad. (La verdad es que cada vez que veo una de sus películas descubro la gran verdad pero cuando quiero ponerla en palabras me hago bolas y luego se me olvida. Por lo tanto tengo que volverla a ver y descubro otra cosa que tampoco puedo escribir pero sí experimentar).
Para entender su lenguaje poético, considerando que este es el gran problema del espectador, el querer “entender desde un punto de vista lógico su cine”; es necesario saber que la experiencia que ofrece este director es una experiencia metafísica y mucho más cercana a la forma en la que se nos manifiestan los pensamientos. El origen y el desarrollo del pensamiento están sujetos a leyes propias y algunas veces requieren formas de expresión bien diferentes de aquellas de la especulación lógica. Ese es el secreto para que el espectador entienda el significado de las anécdotas e imágenes del buen Tarkovski.
A ver querido lector, te reto a que vigiles tu pensamiento y te des cuenta cuántos pensamientos tienes en un minuto, cómo brincas de pensamientos, deseos, imágenes, emociones, recuerdos y cuál es “la secuencia lógica” de todas esas manifestaciones. Seguramente no será así, pero sí hay un tema, una palabra o una sensación que generó todas esas imágenes. Esas imágenes están relacionadas con ese tema desde las múltiples visiones que tiene un ser humano según su experiencia de vida. Esas manifestaciones del pensamiento que no nos atrevemos a decir en la cotidianidad Tarkovski las hizo acción y las hizo poesía. Se atrevió a hablar del pensamiento como nadie lo había hecho hasta entonces, por eso fue perseguido.
En su libro Esculpir en el tiempo, Andrey defiende su postura de esta forma: “Con las concatenaciones poéticas se amplía nuestro espacio emocional y el espectador se hace más participativo: se hace partícipe del proceso del descubrimiento de la vida, sin apoyo alguno de conclusiones ya hechas a partir de la trama o de los inevitables señalamientos del autor. [… ] Las complejidades del pensamiento y las visiones poéticas del mundo no tienen que ser insertadas en el armazón de lo ostensiblemente obvio. La lógica normal, la lógica de la secuencia lineal, es tan incómoda como la prueba de un teorema geométrico. Como método es incomparable menos fructífero artísticamente que las posibilidades ofrecidas por el encadenamiento asociativo, el cual permite una valoración tanto afectiva como racional. Y que erróneo es que el cine haga tan poco uso de este último método que tiene tanto que ofrecer, ya que posee un poder interno concentrado en la imagen y que se transmite al público en forma de sentimientos que crean tensión como respuesta directa a la lógica narrativa del autor”.
Esta forma de pensamiento y esta forma narrativa, generó polémica en el público, que le enviaba cartas haciendo comentarios sobre su cine. En el libro antes mencionado cita algunos de esos comentarios: “Un ingeniero de mecánico de Kalinin estaba terriblemente indignado: ‘hace media hora salí de ver El espejo. ¡Es demasiado!…¡Camarada director!, ¿la ha visto usted? Creo que hay algo enfermizo ahí…Le deseo mucho éxito en su carrera, ¡pero no haga películas de esas!’”
Otro comentario importante de resaltar, publicado en el mismo libro, es: “un obrero de Leningrado que estudiaba en la escuela nocturna, me escribió: ‘Le escribo a causa de El espejo, una película de la que ni siquiera podría hablar, porque la estoy viviendo’”.
Y aquí se reafirma su tesis, sus películas son para vivirse y si se le ocurre ver una de ellas con algún psicotrópico encima, deprimido o harto de la vida… tenga cuidado, porque más que entender la anécdota de la película o los símbolos que integran su universo se encontrará con los conceptos existencialistas. Encontrará sus propios pensamientos y sus fantasmas: la angustia, la náusea y la peste. Le deseo que cuando vea una película de este genio…no le divierta cual es la costumbre al ver una película comercial, espero que como el buen Virgilio lo introduzca y lo guíe por su propio infierno para que pueda encontrar a su Beatriz.
–Estoy haciendo una metáfora con La divina comedia, nomás aclaro–

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