“Cuando cierro mis ojos”, es un documental que trata del testimonio de un hombre y una mujer que están encarcelados, su principal delito es tener como lengua materna una lengua indígena y no dominar la española; al carecer de un traductor durante su proceso han sido inculpados sin entender ni dimensionar la razón de proceso penal.

El documental fue proyectado en un espacio universitario con cabida para más de cien personas; sin embargo, los y las asistentes quizá abarcamos una quinta parte del espacio. La poca afluencia al cine club es común, quizá porque los materiales carecen de la publicidad que atropella nuestras vista y oídos, tal vez porque los protagonistas de los documentales no son personas populares y multipremiadas en los festivales de cine, o quizá porque se asume que las cosas gratuitas son de mala calidad.

Esto último parece razonable bajo la lógica de mercado que privilegia la ganancia, así se generan campañas publicitarias que nos convencen que la calidad de los productos se dimensiona en su costo monetario. Entonces las cosas, servicios y productos gratuitos se asumen como sinónimo de mala calidad. No es el caso, pues el documental “Cuando cierro los ojos” tiene una calidad artística extraordinaria, que desde ese arte presenta un tema duro, descarnado, y más común de lo que quisiéramos en nuestra sociedad mexicana.

Según el informe de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) en México hasta el año 2018, en las cárceles mexicanas había un total de 7010 personas indígenas, de los cuales 234 son mujeres. La mayor parte de ellas y ellos han enfrentado su proceso penal sin un perito traductor, ello hace probable que tengan cargos que no corresponden a su delito. La enseñanza del documental es que en el sistema judicial mexicano es fácil inculpar a las personas por delitos no cometidos, y resulta muy sencillo enjuiciar a personas que históricamente han sido discriminados por ser: indígenas, monolingües, analfabetas, pobres e invisibles.

Para ejemplificar lo dicho, el pasado fin de semana, en el mercado local de Huachinango, Puebla, funcionarios agredieron primero a una mujer indígena despojándola de sus productos de venta, luego su esposo entró en su defensa para inmediatamente ser tirado y pateado por los mismos. La pareja indígena realizaba comercio ambulante al igual que otros vendedores, solo que ellos tienen la marca étnica que los expone a ser discriminados por quienes se asumen superiores. Quizá esos funcionarios tienen un título universitario, pero carecen de conciencia social y principios de respeto a las personas, porque tal vez no se dieron la oportunidad de enriquecer sus mentes con otras actividades culturales públicas y gratuitas.

“Cuando cierro los ojos” fue un documental que pudo ser visto en el espacio universitario gracias al esfuerzo de estudiantes que han organizado un cine club, ellos y ellas asumen su responsabilidad social y con acciones concretas van más allá de sus obligaciones escolares para comprometerse por el bien común. Muchas gracias por su trabajo y compromiso de mover conciencias.

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