Samuel Juárez Romero

Tras la caída del imperio Mexica en manos de la monarquía española se inició una serie de excursiones de carácter religioso encabezadas por las órdenes mendicantes (frailes); quiénes obedecían directamente las indicaciones del rey de España y tenían el encargo de involucrarse con los nativos para propagar la doctrina de Jesucristo. Los primeros frailes en llegar a la Nueva España fueron la orden de San Francisco de Asís (1523), le siguieron los de Santo Domingo (1526) y posteriormente los de San Agustín (1533); más tarde la Compañía de Jesús (Jesuitas, 1572) y los Carmelitas (1585). El objetivo principal de estos religiosos fue impregnar el catolicismo en los nativos, para ello realizaron un minucioso trabajo de reconocimiento de idiomas, costumbres, hábitos, creencias, comida, herbolaria, medicina, entre otros aspectos; algunos de estos religiosos son: fray Toribio de Benavente (Motolinia), fray Bernardino de Sahagún, fray Pedro de Gante, fray Andrés de Olmos, fray Juan de Torquemada, fray Bartolomé de las Casas, solo por mencionar algunos. Así también, estos hombres se caracterizaron por edificar templos y conventos, los cuáles a lo largo del tiempo se han convertido en custodios del patrimonio religioso de la humanidad. En estos centros monásticos se inició el aprendizaje del idioma castellano a través de las lecturas de los dogmas cristianos. Paulatinamente la comunidad nativa fue adquiriendo las actividades que marcaba el calendario litúrgico católico, es decir, el periodo anual en el que se celebra la historia de la salvación hecha por Cristo y al que se distribuye en festividades y ciclos: adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua y tiempo ordinario.

Años más tarde también llegó a tierras americanas el clero secular, con el mismo objetivo de predicar el evangelio de Cristo pero con la particularidad de que dependían de un obispo y este a su vez del papa. En ese sentido, la figura del obispo aprobó la construcción de iglesias y la encomienda de su cuidado a un presbítero como principal. Fue así que hacia la segunda mitad del siglo XVI, siendo Martín Enríquez de Almanza, cuarto virrey de la Nueva España (1568-1580), y a razón de lo descrito en el catálogo de construcciones del estado de Hidalgo, en 1569 el clero secular se encargó de fundar y construir la parroquia de Tolcayuca bajo la advocación de San Juan Bautista. Cabe mencionar que a diferencia de otros santos católicos, a los cuales se les venera el día de su muerte, a San Juan Bautista se reverencia el día de su onomástico (24 de junio), por lo que es muy probable que esa advocación corresponda a la fecha en la que los religiosos llegaron al lugar o en la que se inició la construcción del templo. De acuerdo con el itinerario parroquial del arzobispado de México (Vera, Fortino Hipólito, 1880), alrededor de 1569 la feligresía de Tolcayuca estaba incorporada a la parroquia Tizayuca. Por otro lado, en el libro Monografía histórico-geográfico del municipio de Tizayuca se cita que en ese mismo año, el presbítero Pedro Felipe fue el titular de la parroquia del Divino Salvador y que atendía los curatos de Tecámac, Temascalapa y Tolcayuca, esta última carecía de techumbre.

De acuerdo con lo anterior, en el archivo parroquial de Tolcayuca se encuentra resguardado un documento que relata la visita pastoral del ilustrísimo señor doctor don Francisco de Aguiar y Seijas, XVI obispo de México, a la Parroquia de San Juan Bautista; ese acto tuvo lugar en el año de 1684. Así es relatado por el presbítero Pedro Chávez de Alvarado; ese último dio a conocer al obispo que en esa época el templo se encontraba en ruinas, por lo que con ayuda de la comunidad se realizó una reconstrucción, la cual inició con la colocación de mampostería que comprende la capilla mayor y que tiene siete varas de largo, seis de ancho y 13 de alto; seguidos de cuatro pilares con sus cornisas de piedra y cantera, formando cuatro arcos a la altura del techo; el cual, es de madera labrada y abarca todo hasta llegar al Sagrario. Paralela a la capilla mayor, se halla un colateral de tres cuerpos que llena todo el ancho de la frontera con el sagrario y que tiene 30 varas de largo, 11 de ancho y 12 de alto, 12 pilares externos (contrafuertes) y en el interior seis pilares que terminan en arcos colados; la barda es de cantera labrada (templo). En otro tendido, se encuentra el coro techado de madera y el campanario; en el presbiterio fue colocado un nicho con la escultura de San Juan Bautista. Asimismo, dio aviso de la existencia de un púlpito, telas y prendas bordadas de oro blanco, collarejo y joyas españolas. De igual forma, señaló la existencia de una pileta dorada, cruces muy curiosas de madera forradas en oro y manteles de seda y lino.

La información antes expuesta forma parte del patrimonio documental que custodia el archivo parroquial de Tolcayuca, y que a su vez, es un elemento característico que permitió que este archivo fuese declarado por el programa Memoria del Mundo de la UNESCO, como “Memoria del mundo de México” en el 2017.

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