Voces del mar “Los pies izquierdos”

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izquierdos

Pachuca.-

Me importa un pito que los hombres
tengan el miembro como planta herbácea o
como tronco leñoso;
un abdomen de lavadero o de
panza chelera.

Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que despierten un
domingo
para ver a Chabelo
o hacer ejercicio.

Soy perfectamente capaz de soportar un mal chiste,
la corrupta melodía de un pedo, la confesión de un eructo
o los cuentos nocturnos narrados entre ronquidos.

¡Pero eso sí! –Y en eso soy irreductible–
no les perdono, bajo ningún
pretexto que no sepan bailar.
Si no saben bailar ¡pierden el tiempo conmigo!

Es esa y no otra la razón
de que me desenamorara de un gran lord.
Que me importaba su cabello bien peinado,
o su buen gusto en el vestir.
Un perfume caro,
o su gran decir.
Porque lo que hace un buen bailarín
es seducir el espacio, el tiempo y el cuerpo.
Más lo que hace un mal bailarín
es corromper el momento del encuentro.

Por lo tanto, ¿qué diferencia hay
entre un joven gallardo y un viejo don juan?
¿Qué mérito hay
en la figura hermosa de un David
que para poderlo admirar,
él no se puede agitar?

Más la virtud del que baila
es que no necesita hablar,
Exigir, mentir o encolerizar.

Bailar,
es por virtud misma
igual a amar.

Respuesta al fragmento de El espantapájaros de Oliverio Girondo.

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