El regreso de la afición a los estadios ya es una realidad plausible. El Kraken del Mazatlán FC abrazó entre sus tentáculos a la primera fracción de hinchas para ver al club debutante vencer a Juárez FC en un partido que rebasó las expectativas. Lo mismo ocurrió dos horas antes, cuando el Necaxa venció (por fin) a Tijuana bajo el cobijo de los fans por primera vez en más de siete meses.

Eso supone un respiro económico para los clubes y algunos negocios que se benefician del comercio que supone la fiesta futbolera. No obstante, esos dos ejercicios de descongelamiento, así como la reapertura del estadio Cuauhtémoc del Puebla la próxima semana, serán los primeros experimentos sanitarios del país sobre el comportamiento social en magnos eventos.

A estas alturas, todo el mundo ha podido constatar que el distanciamiento social es estructuralmente inviable en ciudades cuyos espacios públicos se ven rebasados por la alta densidad poblacional. Lo que queda es garantizar el resto de las medidas sanitarias: correcto lavado de manos, uso permanente de cubrebocas y autoconfinamiento en caso de presentar síntomas.

Contrario a las primeras aperturas, el resto de las entidades han optado por acciones más cautelosas. Mientras que los recintos de la Ciudad de México podrían no volver a abrir sus puertas este año, el estadio Hidalgo recibiría público hasta que la entidad pase a semáforo amarillo; situación similar se vive en Toluca, Monterrey y Guadalajara.

Como se ha dicho antes, mucho tendrá que ver la disciplina de los asistentes en el acato sobre las medidas del protocolo emitido por la Liga Mx, el cual, en el papel, parece cumplir con los estatutos mínimos para mitigar la propagación del coronavirus (Covid-19).

México cuenta con la experiencia casi premonitoria de lo que ocurre en Europa, donde ni siquiera Cristiano Ronaldo se ha salvado del contagio. En el viejo continente, el futbol con aficionados ha sido consecuencia de la situación epidemiológica de cada región; lo mismo que el repliegue en las aperturas, pues países como Francia y España ya enfrentan la temida segunda ola de contagios.

Los costos sociales, económicos, sanitarios y hasta mentales de la pandemia obligan a que la reapertura se base en la confianza en la ciudadanía, la cual deberá ser correspondida en las tribunas. De lo contrario, como ocurrió en el juego entre Atalanta y Valencia de marzo, estamos ante potenciales incubadoras del repunte invernal del Covid-19.

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