“Define el éxito en tus propios términos, consíguelo por tus propias reglas y construye una vida de la que estés orgullosa”

Anne Sweeney

Con asombro y tristeza se observa hoy en día como nosotros, denominados “seres humanos”, estamos terminando con el planeta, nuestro mundo llamado Tierra;  los días transcurren no se sabe si con rapidez o lentitud pero, precisamente en este 2019 en una de las cuatro estaciones del año que es la primavera se tiene la contaminación ambiental en muy alto nivel, ese efecto es realmente preocupante, ¿Por qué se está presentando ese fenómeno? ¿Qué o cuáles son las causas que lo originan? ¿Qué tanta responsabilidad tiene el ser humano? ¿Hasta dónde vamos a llegar? ¿Qué pasará con todo el ser viviente que habita el planeta? Todo ese fenómeno que estamos viviendo con la contaminación es verdaderamente preocupante, porque tal parece que no hacemos conciencia de la importancia que se tiene para cuidar nuestro mundo.

En este siglo XXI, por descuido o por ignorancia, ya iniciamos otra posición con respecto a las consecuencias de ese descuido. Diferentes estudios revelan que en poco tiempo la Tierra se encontrará en una situación de crisis ambiental, no se necesita esperar para darse cuenta que dicha crisis ya la tenemos presente, muchas especies de animales han desaparecido y otras más están a punto de extinguirse, la erosión de la tierra comienza a expandirse, las playas y ríos están llenos de basura, los bosques se incendian con más frecuencia, la tala de árboles aumenta y por consiguiente el aire cada vez está más contaminado. Se considera necesario analizar con seriedad ese problema que aumenta a gran velocidad cada día.

Con respecto a ese fenómeno ambiental que está ocurriendo en el mundo, el día de hoy se habla de una gran mujer ejemplar que en un momento y tiempo determinado dedicó su vida al cuidado de nuestra madre tierra. Trabajó como bióloga, ecologista, luchó por los derechos de su país y el empoderamiento de las mujeres africanas, ella es Wangari Muta Maathai, nació el primero de abril de 1940 en una aldea de Kenia, ubicada al este de África. Su familia formaba parte de uno de los grupos étnicos más numerosos de ese lugar; desde muy pequeña, Wangari ayudaba a su madre en el campo, disfrutaba su tiempo con la naturaleza plantando semillas y cuidando de las cosechas. Gozaba completamente en el campo, tanto que al llegar la noche esperaba con ansías que nuevamente amaneciera para regresar a su lugar favorito.

Wangari, niña inteligente con sueños de superación, deseaba estudiar pero las necesidades de su hogar eran prioridad en ese momento. A los ocho años entró a la escuela Ihithe junto a sus hermanos. Tiempo después tuvo la oportunidad de estudiar la primaria en un internado católico de Santa Cecilia en Nyeri durante cuatro años, aprendiendo el inglés. “El colonialismo estaba llegando a su fin en el África oriental y los políticos luchaban por dar educación a sus jóvenes promesas; fue cuando John F Kennedy firmó un programa para que estudiantes africanos estudiasen allí. Maathai fue una de los 300 elegidos” (Valdés). Gracias a esa oportunidad estudió la licenciatura en ciencias biológicas en Mount St Scholastica College, en Atchison, Kansas. En 1964 se graduó con la especialidad en química y el idioma alemán. “Mientras más aprendía, más se daba cuenta de que le encantaba la gente de Kenia, deseando que fueran felices y libres. Mientras más aprendía, más recordaba su casa en África” (Rijsdijk). Para Wangari no había sueños imposibles, continuó estudiando, ahora en Alemania, en la Universidad de Múnich para finalmente obtener el grado de doctora en anatomía veterinaria en 1970. Primera mujer africana con un título de tal importancia. Asimismo, fue la primera mujer jefa de departamento de la misma área en 1975. Dos años después se dedicó a la docencia en la Universidad de Nairobi, momento también que comenzaba a introducirse en el movimiento activista en pro de los derechos de las mujeres.

En 1981 la nombraron directora del Consejo Nacional de Mujeres de Kenia, asociación encargada de defender y ayudar al empoderamiento de las mujeres kenianas y nunca dejó su amor por la naturaleza, notando grandes cambios en aquellos ríos y paisajes que alguna vez cuando niña visitaba con frecuencia y no eran los mismos. Conversó con las mujeres sobre la sequía en los ríos, la falta de recursos alimentarios y lo difícil que era trasladarse en busca de agua o leña. “Su conclusión fue clara: muchos de los problemas de Kenia, y por tanto de sus mujeres, radicaban en la degradación medioambiental. Sus dos luchas se unieron” (López, 2016). Las propuestas de solución de Wangari fueron colaborar por la preservación del medio ambiente, eso podría ayudar al desarrollo sostenible y a la mejora económica de la sociedad keniana. Así fue como fundó el Movimiento Cinturón Verde en 1977. “Alentó a las mujeres a ir al bosque y recolectar semillas de árboles oriundos de la zona para después crear invernaderos, trabajo por el cual las mujeres recibían un estipendio. Posteriormente, esas semillas se utilizaban para plantar árboles” (López, 2016). A través del trabajo de esas mujeres se ayudó a la lucha contra la erosión del suelo, la deforestación y sequías. El movimiento no tardó en expandirse y ser conocido por miles de personas y asociaciones relacionadas al mismo cuidado ambiental. “Fueron años convulsos donde Wangari Muta Maathai luchó en pro de la democracia y los derechos humanos y en contra de la especulación de la tierra y la destrucción de los bosques” (López, 2016). Esa gran mujer amante de la naturaleza, de la justicia e igualdad social, luchó contra la corrupción; proceso nada fácil que la llevaron a ser vigilada y detenida en varias ocasiones.

“Wangari consiguió ser representante en el Parlamento en 2002, fue ayudante del Ministro de Medio Ambiente y Recursos Naturales en 2003-2007 bajo el gobierno del presidente Mwai Kibaki”. Finalmente, el éxito de sus proyectos llegaría a ser galardonado en 2004, recibiendo así el Premio Nobel de la Paz por “su contribución al desarrollo sostenible, a la democracia y a la paz”. Su trabajo se esparció alrededor del mundo principalmente en su continente, África, donde se plantaron miles de árboles. La lucha y constancia hacia lo que amaba le permitieron aportar grandes cambios al mundo y el 25 de septiembre de 2011 Wangari Maathai falleció, dejando un gran legado; actualmente existen 400 millones de árboles plantados en África y más de 3 mil viveros trabajados por 35 mil mujeres. “El movimiento Cinturón Verde sigue trabajando por todo el continente africano y sus ideas se expanden por todo el planeta” (López, 2016).

“Con ese método práctico de plantar árboles, las mujeres se han dado cuenta de que tienen elección real de poder preservar el medio ambiente o destruirlo. Esas experiencias contribuyen al desarrollo de su autoestima y les da un poder mayor sobre sus vidas”

Wangari Muta Maathai

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