La conclusión televisiva de “Juego de tronos” se ha transformado en una de las lagunas sociales más grandes que haya dejado un universo de la ficción, respecto a las expectativas culturales que satisfizo y cómo revolucionó la percepción de lo que ya había conseguido Peter Jackson, pero seguía perteneciendo al reino de la ingenuidad. Con George RR Martin eso pasó a segundo plano.

Hulu, compañía de streaming que durante 2019 lanzó “Into the dark”, con la sorpresiva participación de Gigi Guerrero en “Culture shock” y Nacho Vigalondo en “Pooka!”, los mejores episodios de la serie, de forma un tanto inesperada, decidió voltear hacia una de las series literarias que en su momento cambiaron la dinámica de los superhéroes e hizo historia por su novedad: Wildcards.

Surgida de un juego de rol entre escritores, Melinda M Snodgrass, Roger Zelazny, George RR Martin, y toda una camada de creadores de fantasía y ciencia ficción, Martin se negó a dejar en lo efímero las creaciones surgidas durante semanas y de ese modo decidió editar una serie de relatos que convocó y dejó en manos de diferentes productores para con ello crear tres antologías de lo que se convertiría en el primer compendio de superhéroes, afuera del mundo de los cómics y de forma literaria.

El experimento se convirtió en todo un éxito y de ella se desprendieron historias tan ambiciosas que, creada en la década de 1980, deja ver hacia dónde iban a marchar Marvel, DC y otras producciones cinematográficas, ya que buena parte de los personajes logrados por los escritores se asoman en la producción de casi todo lo que hubo después de las primeras ediciones de Wildcards.

La premisa es tan elaborada que apenas se puede creer haya funcionado. En una Tierra paralela a la que conocemos, Jetboy, un héroe de la segunda Guerra Mundial enviado a detener una célula fascista que amenazó con esparcir un arma biológica a cambio de una recompensa, consigue destruir a los fascistas, pero no evita la detonación del arma.

El resultado es una generación de humanos que manifestó cinco efectos ante el contacto con el virus desatado: muerte para la inmensa mayoría, la transformación en seres grotescos mezcla de animales, mutaciones o recomposición de la evolución, denominados Guasones; el nacimiento de los Ases, seres con súper poderes; las sotas, transformaciones con capacidades bobas que no son de utilidad ni siquiera para sus portadores, así como los nat o norm, inmunes al agente patógeno.

Eso que comenzó como un ejercicio de registro para impedir que el olvido se llevara las sesiones de los escritores, se transformó en una de las series más longevas de la literatura y con más tomos publicados: 27 a la fecha.

Algunos de los protagonistas de los relatos rayan en el antihéroe por antonomasia, así como orígenes fuera de serie. Croyd Crenson, quien aparece desde el primer tomo y prácticamente participa en todos desde que surgió, se conoce como el durmiente y casi se le llama el maldito. Único en el amplio sentido de la palabra, su cuerpo reacciona ante el contagio como si tuviera malaria y siempre se está reinfectando. Puede ser una sota, un guasón, un as, pero nunca tiene los mismos poderes ni el mismo cuerpo y siempre debe dormir, además de controlar su adicción a las anfetaminas.

Existe también, Fortunato, un proxeneta que después de participar en una sesión de yoga tántrica con una de sus prostitutas, despierta una sección de su cerebro que vuelve real todos los saberes del misticismo oriental y se transforma en una especie de mago que controla la realidad, gracias al combustible de la energía sexual, pero es increíblemente poderoso.

Amante de las estructuras corales, con Wildcards, Martin presentó el primer esbozo de la inmensa cantidad de participantes que en otro momento decorarán “Juego de tronos”, pero en lugar de las claves de lo fantástico, se verán desde una fantasía de superhéroes bastante colorida y exótica.

Sin pensar en la grandilocuencia de Nietzsche ni Wagner, cuando en su momento hubo necesidad de un compositor que redondease el Superman de Stanley Donen, se recurrió al mismo creador que vistió a la Guerra de las galaxias con sus acordes que hoy todos conocen: John Williams.

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