Casi mes y medio después de la elección del 5 de junio, las instituciones electorales aún procesan la información y deslindan responsabilidades, en caso que las o los candidatos hayan cometido alguna falta u omisión. La novedad en ese proceso electoral es que, por ejemplo, el análisis de los recursos utilizados durante las campañas corre a cargo del Instituto Nacional Electoral (INE) y no está a cargo de su homólogo estatal, conforme a lo aprobado en la última reforma en la materia. Y en el caso de Hidalgo, los consejeros electorales ayer resolvieron que el candidato petista electo de Xochicoatlán Nabor Pérez Juárez rebasó sus topes de campaña, lo cual pone en riesgo la elección que ganó pues podría ser anulada. La unidad técnica de fiscalización explicó que el candidato petista reportó 52 mil 419 pesos, aunque omitió informar sobre 17 mil 920, lo que da un total de 70 mil 339, cuando el tope es de 68 mil 396. Al parecer los partidos y sus candidatos no estaban preparados del todo para participar en esas elecciones, o al menos no esperaban una revisión con tal nivel de acuciosidad. El problema es que están en juego algunas elecciones y eso puede desestabilizar la vida de ciertos municipios. En estos hipotéticos casos, tanto candidatos como partidos deben tener la suficiente sensibilidad para evitar actos de violencia en las demarcaciones en juego. Recordemos que ha habido casos en que conflictos poselectorales tienen un final trágico. Hoy, en 2016, ni al estado ni al país le convienen más problemas cuando la situación económica y social ya es de por sí compleja. Es esta la oportunidad para que los partidos demuestren, primero, su vocación social, y segundo, su compromiso con la sociedad. Los partidos deben evitar que lleguen improvisados a un cargo de elección popular y además, deben ser los primeros en vigilar el uso correcto del presupuesto que se les asignó. De filón. Otro nuevo atentado en Francia dejó a las y los habitantes de ese país en shock. Seguramente estarán preguntándose si esa será su nueva realidad: la del terrorismo, en la que el miedo a los demás es la constante.

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