A partir del 13 de enero es posible visitar en Pachuca una réplica de la Capilla Sixtina, cuyo original está en el Palacio Apostólico de la Ciudad del Vaticano, en Roma. Se trata de uno de los mayores símbolos del arte del Renacimiento; algunos frescos son autoría del gran Miguel Ángel Buonarroti.

Los temas pintados al interior del edificio y que son en realidad los que dan fama universal al recinto, muestran algunos temas que también fueron pintados pocas décadas después –en este caso por manos anónimas– en la pequeña iglesia de Santa María Xoxoteco en Metzquititlán, en la Sierra Baja hidalguense, ubicada a unos 90 kilómetros al norte de Pachuca. Esta, al igual que la capilla romana, está totalmente decorada con pinturas al fresco que muestran los principales dogmas del cristianismo, pero adaptados a la realidad del recién conquistado y colonizado continente americano. Los temas que comparten la capilla romana y la serrana son el juicio final, el génesis y el diluvio universal.

Santa María Xoxoteco fue en el siglo XVI visita del convento de los Santos Reyes de Metztitlán, la principal fundación agustina en la Sierra hidalguense, construida entre 1536 y 1560. La pequeña iglesia de Xoxoteco, que en su origen fue una capilla abierta –esto se sabe por la anchura de su puerta original–, pasó desapercibida durante siglos, pues nada la distinguía especialmente de los cientos de pequeñas iglesias dieciseisenas diseminadas en nuestro país; empezó a cobrar fama cuando en 1976 el sacerdote en turno mandó retirar la capa de cal de los muros y “empezaron a salir diablos”. El arquitecto Benito Artigas difundió la noticia y organizó a los vecinos para su protección y posterior restauración. También se encargó de darla a conocer a través de varias notas periodísticas.

Pero Xoxoteco no está sola, pues la capilla abierta del convento de Actopan –también agustino del siglo XVI– muestra prácticamente el mismo programa iconográfico. En el muro testero de ambas capillas se pintó el juicio final, así como escenas del génesis y del apocalipsis. Lo que hace diametralmente diferente a las capillas hidalguenses de la europea es que incorporan dos temas inéditos: los pecados que cometía el mundo indígena y los castigos infernales correspondientes a dichos pecados, con imágenes escalofriantes a todo color.

El enorme valor histórico de Xoxoteco radica no solo en sus aproximadamente 470 años de antigüedad –con base en el ropaje de los personajes pintados se puede datar entre 1540 y 1550–, sino en la originalidad de sus murales, pues los pecados representados son los que cometía el pueblo indígena en ese momento, por lo que su valor testimonial es extraordinario. Estos pecados eran principalmente la embriaguez con pulque, la idolatría, la lujuria y probablemente la ira.

La correspondencia entre pecados y los castigos infernales es evidente, pues los mismos demonios que incitan a cometer los pecados aparecen después propinando tremendos castigos en el infierno de Xoxoteco, tanto a españoles como a indígenas.

Con gran parecido a las imágenes de bebedores de pulque del Códice Mendocino, la representación en Xoxoteco del pecado de embriaguez consistió en pintar una pareja de indígenas que beben pulque, asistidos por un criado que les acerca una jícara con el néctar de los dioses, pero atrás de la pareja un trío de demonios cornudos los incita a beber.

El pecado de idolatría consistía en la adoración a escondidas de los frailes, de los antiguos númenes. Esto representó un golpe moral a los agustinos que se habían esmerado tanto por erradicar el culto pagano durante las primeras décadas, encontrando que su labor no había tenido éxito total. Se representó la idolatría plasmando imágenes donde indígenas de apariencia muy primitiva llevan ofrendas a una pirámide presidida por un ídolo; junto a ellas, un indígena de piel más blanca y vestido de algodón –lo que indica que ya fue bautizado– reverencia junto con un encomendero el monograma de Cristo.

¿Cómo representar visualmente los pecados de la carne sin ofender la capilla? Se pintaron dos hombres y dos mujeres (españoles e indígenas) que parecen dialogar, todos ricamente ataviados de acuerdo con su origen étnico, pero tras ellas (solo ellas), dos demonios parecen mal aconsejarlas. Era común en esa época –y lo siguió siendo mucho después– considerar a la mujer como objeto del mal que incita al hombre a pecar.

Si quieres saber más sobre la Capilla Sixtina de la Sierra hidalguense, te invito además de visitarla, a leer El infierno en la pintura mural agustina del siglo XVI, Actopan y Xoxoteco en el estado de Hidalgo de quien esto escribe, editado por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) en 2008.

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