Y cuando desperté…

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Y cuando desperté, todito México estaba aquí, allá y en todas partes.
Aquí… Paseo por el Malecón de Mazatlán, son las siete de la mañana. Veo a la gente que hace fila en la casilla especial para votar. De verdad, sonríen, aprovechan alguna sombrita, disfrutan el Sol por un rato, pero repiten una firme convicción: Cambiar este país. Un día antes de ese primero de julio, el chofer charla conmigo del aeropuerto al centro histórico, comparte conmigo su análisis político de México, seguro de que coincido con él me confiesa por quién votará: “Pues quién más señora, quién más”. Luego, el mesero de La Mazatleca me platica convencido: “Ahora sí es la nuestra, se tiene que cambiar esta geografía de violencia. Votaré ya sabe por quien”. Estoy en Sinaloa porque se presentó la convocatoria del Premio Nacional de Periodismo, seré otra vez jurado, en la ceremonia recordamos aquel diciembre de 2017 y nuestra consigna: “No más periodistas asesinados”. Y hoy coincidimos, ojalá esta vez el nuevo presidente nos proteja, que la libertad de expresión esté garantizada, bienvenida la crítica constructiva y la subjetividad de buena fe. No más violencia contra el periodismo, juramos en la tierra de Javier Valdez.
Allá… Leo la crónica de un triunfo anunciado. Felicidad en tanta gente, preocupación en otra, enojo en algunos más. Los riesgos y las bondades de la democracia. Recuerdo esa infancia, mi mamá y mi papá votando siempre por la oposición de aquellos tiempos. Yo, la primera vez que voté lo hice tan convencida por Rosario Ibarra de Piedra. Y a partir de ese 1982, cada elección representaba una herida en el alma. No ganaba mi candidato y mi país estaba más y más moribundo. Cambio la desesperanza por la fuerza, en 1987 empiezo a escribir en publicaciones feministas, doy voz a las mujeres, de esa forma exijo un México más justo. No me quedo en el discurso, busco el ejemplo y lo sigo en la práctica. Quiero a un presidente que recuerde las necesidades de la población femenina, que se ponga los lentes de género, que no olvide las diferencias y las desigualdades entre mujeres y hombres, que sepa escuchar a las feministas. Y desde esta trinchera periodística estoy y seguiré despierta.
En todas partes… Me duele escuchar a una de las mujeres más crueles y represoras que ha intentado tantas veces hacerme daño, que celebra el triunfo del próximo presidente como si fuera suyo. Sí, la gente mala se alía por conveniencia, no puedo confiar que alguien injusto se ponga a celebrar que habrá justicia. En cuántas partes no pasará lo mismo. Repito como una oración un poema de Mario Benedetti: “No me ensucie las palabras, no les quite su sabor y límpiese bien la boca si dice revolución”. Por eso, no sé si el dinosaurio de ese maravilloso cuento cortito de Tito Monterroso sigue aquí al despertar, si solamente está herido, si está disfrazado, si de verdad se ha extinguido, pero apuesto para que mucha gente conmigo o junta a mí despertemos y estemos atentas a que se cumplan las promesas, que estemos atentas de lo que se ha logrado y señalar si algo sigue pendiente. Por eso, cuando desperté, todito México estaba ahí. Es julio de 2018 y lo que nos falta.

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