Alguna vez escuché al doctor Gertz Manero explicar del porqué y para qué de la inducida proliferación de las universidades privadas. Las “patito”, como a muchas se les conoce.

El boom de estas universidades se da en los momentos en que crece la exigencia por lugares para el nivel superior. Si de por sí el déficit de ofertas para este nivel se ha incrementado en razón del esfuerzo que la juventud ha realizado, y un mayor porcentaje aguanta carencias y vence dificultades, pero no deserta de la prepa. ¡Para mala suerte de los gobernantes! Esos gobernantes que nunca se alarmaron por el hecho de que ¡solo 3 por ciento de los que ingresan a la primaria logran encontrar un lugar en las universidades públicas¡ ¡Tres de cada 100! Y nadie decía nada.

Bueno, aquí es donde surge la diabólica idea de simular atender la demanda. Se otorgan a los cuates los permisos para abrir universidades privadas y lucrar con el destino de miles de jóvenes.

Los objetivos de esta “política educativa” se centraron en lo siguiente: quitar algo de presión social por la nula oferta educativa en este nivel. Simular que se preparan a los jóvenes en alguna competencia laboral. Mantener prisioneros a los muchachos dentro de un aula improvisada durante los cuatro años de mayor peligrosidad revolucionaria dentro de la vida de estos jóvenes, y si aparte, pagan, mucho mejor.

Al “egresar” de estas universidades “patito”, o ya formaron un hogar y su idea de lucha contra los malos gobiernos se desvaneció o alientan alguna esperanza de progreso pues ya son licenciados. Y con ello se mantiene el estatus de que los pocos que mandan y reparten, siguen siendo los mismos. Y los jodidos, también son por siempre ¡los mismos!
Al crearse más universidades y tecnológicos públicos, se cae en el error de no establecer las carreras pertinentes para el desarrollo de las diferentes regiones de México. Solo se piensa en la producción de profesionistas que está demandando el sector productivo dominante. O sea, peones para las grandes urbes y eso es mortal para cualquier nación.

Por eso hoy, a más de un cuarto de siglo de la apertura de estas universidades y tecnológicos públicos, las regiones están igual. Hablemos de la Huasteca, sigue sin médicos indígenas que puedan gustosos regresar a Texoloc o Nexpa o a los Tohuacos a cuidar la salud de sus hermanos. Tampoco hay en esta región de innegable vocación ganadera una escuela para médicos veterinarios. ¿Por qué?

La pertinencia de las profesiones y los profesionistas a producir en cada región solo la determina la voluntad política, el conocimiento de la zona y el amor a la patria de aquellos que tienen nuestro dinero y nuestro destino en sus manos. Si faltan muchos médicos para que atiendan a los mexicanos, por ejemplo, ¿por qué no eliminar a las carreras que forman peones de los hacedores de dinero y dar más espacios a los jóvenes que quieren ser médicos?

Lo digo y propongo, no por grillar o porque no tenga tema para escribir. Lo digo porque fue otra de las muchas batallas que dimos al interior de nuestra familia. Y hoy tenemos dos hijos médicos que le sirven a la patria. Pero pregúntenme cuánto sufrimos para lograrlo, pues el Estado mexicano siempre estuvo en contra nuestra. Eso es lo que se debe cambiar. ¡Urge!

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