Las marchas del movimiento a favor de la despenalización de la interrupción del embarazo cada vez polarizan más a la sociedad. No está en tela de discusión la causa del movimiento: está plenamente justificada la ira de las activistas que reclaman garantías para ejercer sus derechos sexuales y reproductivos. Tampoco es controvertible que en nuestro país y en el mundo vivimos una auténtica epidemia de violencia contra la mujer. En esta misma edición publicamos que en ocho meses, Hidalgo registró 6 mil 666 llamadas de emergencia relacionadas a delitos contra las mujeres, de un total de 178 mil recibidas en todo el país, según datos extraídos del análisis mensual de la Estrategia Nacional de Protección Integral a las Mujeres, Niñas, Niños, Adolescentes y Adultas Mayores. Más de 6 mil llamadas de auxilio de mujeres que se vieron obligadas a marcar pues en su hogar se encontraron de pronto amenazadas por sus propias parejas, en el mayor de los casos. Y todavía ni siquiera termina el año. Y si consideramos que hay una cantidad indeterminada de mujeres que no se atreve a denunciar, entonces podemos intuir de qué tamaño es el problema. Por eso nadie puede dudar de la legitimidad del movimiento. Pero… ¿por qué manifestarse destruyendo nuestro de por sí escaso y descuidado patrimonio histórico? El argumento frecuente es que los monumentos son piedras, objetos cuyo valor no puede compararse con la violencia y el atroz asesinato de mujeres. Y es cierto. Pero… ¿la violencia se combate destruyendo el patrimonio histórico? ¿No podría dirigir el movimiento sus baterías a las instituciones encargadas de combatir la violencia contra las mujeres y que no están haciendo su trabajo? De filón. No solo el ayuntamiento de Pachuca va a tener problemas con sus trabajadores a fin de año. Resulta que Mineral de la Reforma tampoco tiene dinero para pagar aguinaldos. Esto, porque tienen al menos ocho cuentas congeladas con cerca de 4 millones de pesos.

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